El precio del poder

Aitor Riveiro

La semana pasada, Federico Jiménez Losantos argumentaba en su programa matutino el porqué de su apoyo a Rosa Díez y UPyD, frente a la campaña que mantiene desde hace ya muchos meses contra el PP de Mariano Rajoy. Todo venía a cuento de un artículo de un periodista de El Confidencial, Federico Quevedo, en el que acusaba a Losantos y a la Cope de no defender el ideario que se le supone a una radio católica, apostólica y romana.

En concreto, Quevedo acusaba a Losantos de apoyar a un partido, UPyD, que defiende la asignatura de Educación para la Ciudadanía, el aborto, el derecho a una muerte digna, el divorcio… En fin, todo lo que un católico no debería defender si sigue los mandatos de su Iglesia. (Aquí y aquí)

El periodista de la Cope, por su parte, contestó, como no podía ser de otra manera, al de El Confidencial. En su programa matutino se despachó a gusto contra el “chico de los recados de Soraya”, como le describió, para asegurar que el ideario del PP en cuanto a eutanasia, aborto y demás no difería tanto del de UPyD pero que éstos, al contrario que aquéllos, presentan el mismo discurso de defensa de la unidad de la nación española en todo el país lo que, en su opinión, era lo más importante.

Esta pequeña pelea de parvulario entre periodistas no tiene más trascendencia, pero sí me ha hecho recordar algo sobre lo que siempre he reflexionado y que nunca he llegado a tener muy claro. Resumo en una pregunta: ¿un partido político debe amoldarse a la sociedad -o a lo que supuestamente quiere la sociedad- o debe intentar convencer de su ideología a los votantes?

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