Homenaje a mi madre

Melinda  
  
Sentía una pena, una tristeza que me llegaba como un ruido de fondo, monótono, de origen desconocido. Pero pronto se me reveló como añoranza de mi madre, como un  duelo por su pérdida. La echaba de menos. Me di cuenta, con crudeza, de lo que la muerte es capaz de arrebatarnos.
  
Al tiempo, podía experimentar a mi madre como vida dentro de mi, como parte de mi misma. Con ella aprendí a sentirme cercana a los demás, a necesitarlos, a sentir ternura y amor infinito, a desear que me cuiden y a cuidar a otros.
  
Sin embargo, una tristeza sorda me invadía  por su ausencia en aquel preciso momento y un deseo grande de que pudiera estar a mi lado, que me arropara con su mirada benevolente y de plena satisfacción conmigo, de poder mostrarle a mi hijo, a quien apenas conoció… 

Entonces, a pesar de que la lleve dentro, me oprime una punzada de dolor al reconocer a la muerte como la nada, la no existencia, la ausencia total de un ser tan querido, que te dio la vida y compartió la suya contigo, y que, queriéndote, te enseñó a querer y a ser quien eres.

El cuento de nunca acabar

Millán Gómez

De aplazamiento en aplazamiento hasta colmar la paciencia de la opinión pública, los medios de comunicación y todo ser viviente. El siempre cercano y nunca culminado fallo del Tribunal Constitucional a cuenta del Estatut de Catalunya ha sufrido un nuevo atraso y, a día de hoy, es imposible conocer cuándo conoceremos si lo que decidió el Parlament de Catalunya, el Congreso de los Diputados, el Senado y el electorado catalán es legal o no. Ya han pasado más de tres años desde su aprobación en la cámara catalana y, desde entonces, no sabemos absolutamente nada. Normal que luego la opinión pública critique la excesiva lentitud burocrática de la Justicia. Lo cómico es que siempre hay quien se sorprende. ¡Ni que no hubiera motivos!

Lo deseable es que la resolución se conozca antes de las elecciones catalanas previstas para final de año. Sería contraproducente que la sentencia se diera a conocer poco antes o incluso después de los comicios autonómicos interfiriendo en el debate electoral y en la agenda política. Si una campaña electoral es un aldabonazo para mirar al futuro no sería lógico que algo aprobado por la mayoría social catalana hace casi cuatro años se convierta en motivo de disputa en pleno 2010. Tiene su punto irónico que si el Estatut de 2006 se gestó, según la clase política catalana, para actualizar su norma institucional básica y adecuarla a los tiempos que corren, a no ser que el TC se apure un poco, la resolución llegará cuando ya se necesite promulgar otro.

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¡A las barricadas!

H2S3

Cada día que pasa estamos un poquito más cerca de traspasar el punto de no retorno de nuestra democracia. Si piensan que peco de catastrofista, sepan que muchos de los que me conocen desdeñan mi optimismo congénito.

En los últimos treinta y cinco años, entre todos, hemos dado un salto de gigante en tiempo récord del desarrollismo incipiente al top ten de las economías mundiales. Lo hicimos a partir de una transición modélica a escala internacional, no sólo por la ausencia de sangre aparte de la provocada por ETA y algún otro grupo extremista, sino por sus resultados. La dictadura nacional-católica dio paso en un tiempo récord a una democracia, frágil pero moderna, capaz de integrarse sin complejos en la UE, la OTAN y demás escenarios internacionales.

Cabe sintetizar las muchas virtudes de nuestro querido país en la ausencia prácticamente total de incidentes de gravedad a resultas del intensísimo a la par que saludable mestizaje registrado por nuestra sociedad en los últimos quince años. Nadie planificó la “invasión” inmigrante que nos llevó del 3% de extranjeros al actual 12%, y aún así fuimos capaces de encajarla y aprovechar lo mejor de la misma. Otra cosa es que no estemos haciendo los deberes de cara a la segunda y tercera generación.

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El credo de Montilla

Barañain 

En un artículo publicado en El País hace ahora algo más de tres años, Josep Ramoneda utilizaba la metáfora de una “sopa fría” para referirse a la imagen que proyectaba  el Gobierno tripartito catalán, el “Govern d’Entesa”,  sobre la ciudadanía. Contaba Ramoneda que en un encuentro que acababa de tener con el presidente Montilla la tardanza en empezar la cena había enfriado la sopa que les esperaba en la mesa. Eso le daba pie a reconocer  que tras una etapa -la del primer gobierno de la izquierda catalana, presidido por Maragall-, de la que salieron todos un tanto escaldados, por la agitación vivida, “bien se agradecía una sopa fría”, aún advirtiendo de que tarde o temprano haría falta algo más caliente.

A punto de culminar la legislatura en esa Comunidad, una reflexión muy recurrente entre los socialistas catalanes ha sido la de achacar en parte la desafección ciudadana hacia la política, concretada en la abstención electoral, a un exceso de “política fría”. Retomando aquella metáfora de Ramoneda, el vicesecretario del PSC Miquel Iceta alertaba sobre aquellas causas que han alejado a gentes diversas de la participación política  y sobre la necesidad de darles nuevos y suficientes motivos para la participación activa: “…para ello la sopa no sólo debe estar caliente sino que debe mejorar su sabor y adaptarse a nuevos gustos. Porque, en efecto, los problemas de las sopas no son sólo los relativos a la temperatura a la que se consumen. A veces les falta sal, en otras ocasiones les sobra. A veces echa uno de menos algunos tropezones, crujientes picatostes o el placer de degustar texturas distintas en lugar de consumir purés de sabor indeterminado.”  Y es que, constataba Iceta, los partidos políticos tienden a veces al puré indeterminado. “Intentando gustar a todo el mundo, producen en algunos momentos mezclas insípidas y uniformes en las que es difícil encontrar el gusto de lo auténtico y lo diverso (…) Ese puré uniformador de la política hueca ha desorientado también a veces a la izquierda, pues cuando la izquierda se limita a una mera gestión administrativa, abandona la tarea de gobernar en el sentido profundo de la expresión y se aleja de la energía que la alimenta: utopía, debate y participación. Esos son los ingredientes de una política caliente”.

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Sexo y sexos

Alberto Penadés

 Creo que a todos nos parece socialmente correcto afirmar que las mujeres y los hombres son iguales respecto al deseo sexual; y posiblemente sería bueno que fuera cierto. Sin embargo, en la medida en que hay datos, los datos dicen que existen diferencias bastante apreciables. Para bien o para mal.

 No estoy seguro de si estas diferencias son preocupantes en sí mismas, si revelan que la libertad sexual es muy imperfecta, o por el contrario son parte inevitable de la felicidad e infelicidad del mundo. Sí que tienen algunas consecuencias prácticas que resultan controvertidas, como la afición de muchos hombres a pagar por el sexo, algo de lo que hemos discutido a veces en este blog.

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El mundo al revés

Millán Gómez

El período de falta de libertades y persecución al disidente conocido como franquismo tiene a su primer acusado ante la Justicia. Y no, no se va a sentar ni Franco ni Carrero Blanco ni Fraga ni ningún otro dirigente franquista. No. El primero será el magistrado de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, prueba irrefutable de que en este país algo funciona mal. Garzón, otrora modelo profesional para la derecha española, se sentará en el banquillo de los acusados por un presunto de delito de prevaricación por declararse competente para investigar los crímenes cometidos durante la dictadura. Al magistrado se le acusa de prevaricar, es decir, dictar una resolución a sabiendas de que es injusta.

Una acusación formada por símbolos democráticos del calibre del sindicato ultraderechista Manos Limpias, Falange Española de las JONS, etc. conseguirán su tan ansiada foto: por fin verán a Garzón sentarse en el banquillo de los acusados. Todo un triunfo propagandístico para ellos y una derrota en toda regla de la democracia española y de la dignidad de una sociedad moderna. El rencor hacia Garzón por compañeros suyos de profesión y el odio que le profesan ciertos dirigentes de la derecha española por destapar el conocido como caso Gürtel, la mayor trama de corrupción política en la joven democracia española, han servido de materia prima para crear una bola de nieve que ha ido aumentando hasta conseguir su objetivo. Que Garzón sea condenado o no es importante pero no decisivo, el fin básico era conseguir esa instantánea para mayor gloria de los nostálgicos que siguen pululando por nuestras calles sin mayor problema. Estos residuos cobran protagonismo sentando un precedente preocupante para nuestra convivencia. Han ganado.

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Contorsiones mayas

Sicilia 

El cómputo del tiempo maya usaba dos calendarios, “tzolkin” y “haab”, uno religioso y otro civil. Uno para medir el tiempo de los dioses y otro para medir el tiempo de los hombres. Al ser años de distinta duración (uno de 260 días y otro de 365) ambos calendarios se ajustaban como una rueda dentada girando dentro de la otra, con la propiedad de que ambos calendarios coincidían exactamente cada 52 años.

Normalmente en los fines de ciclo se sucedían hechos notables. A lo largo de la historia humana conjunciones planetarias o alineaciones astronómicas han estado asociadas a la observación de prodigios. A la mente humana le gusta encontrar causas porque no nos sentimos cómodos con lo inexplicable.

En torno al Partido Popular se está viviendo en estos días su particular conjunción entre los dos conteos. En el calendario mítico-religioso reviven el advenimiento aznaral  hace 20 años; en el calendario civil, el de las criaturas humanas, demasiado humanas, se vive el día 2 después del levantamiento del sumario de la operación Gürtel. La coincidencia de dos ciclos produce, también aquí, hechos maravillosos.

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Un dantólogo peruano: in memoriam

Frans van den Broek

 Hace unas semanas recibí la noticia de la muerte en Lima del psicólogo peruano Leopoldo Chiappo, a la edad de 85 años. La recibí con tristeza, pues aunque no lo veía hacía algo así como diez años, le tenía mucho cariño, el que se profesa a un amigo, pero sobre todo el que se tiene por alguien a quien se ha considerado en algún momento de la vida nuestro maestro. No uso esta palabra con ligereza, y soy consciente de las asociaciones negativas que se han adherido a la misma, pero no tengo otra, ni creo que deba tenerla. La palabra tiene una larga tradición, por supuesto, y parece presente de una forma u otra en todas las culturas, quizá porque designa una función universal, cuyo ejercicio tiene diferentes niveles de compromiso y profundidad. Me viene a la memoria la representación que Platón se hace de la enseñanza en la carta séptima, donde compara la transmisión del conocimiento a la ignición de una candela por otra, al encendido de un fuego interior en el alumno por parte del maestro, que luego arderá por sí mismo. No exagero al afirmar que don Leopoldo Chiappo tuvo esa función para mí, de una manera más modesta tal vez, menos dramática que en las páginas de Platón, pero no menos importante en mi experiencia del mundo y de la vida. Son muy pocos a quienes puedo llamar de esta manera y entre ellos es, sin duda, el doctor Chiappo quien dejó una impronta más profunda y perdurable. Nadie se hace maestro de otro sólo por transmitir conocimiento, por abrirnos las puertas de su erudición o de su especialización, sino por aquella totalidad inasible que llamamos carácter o personalidad, por su cariño y respeto hacia nosotros, por el calor de su espíritu o la agudeza de su ejemplo y también por las circunstancias que lo hicieron presente en nuestras vidas en el momento justo y con el mensaje adecuado.

 El doctor Chiappo –así lo llamé siempre, a pesar de su insistencia en que lo tuteara- había sido mi profesor en la universidad peruana donde estudié biología y filosofía. La universidad es sobre todo conocida por su excelente facultad de medicina, pero siempre contó con un buen programa de ciencias y, por un tiempo, hasta con un pequeñísimo departamento de filosofía, en el que todavía pude estudiar. En aquellos años todos los estudiantes debían pasar por dos torturantes años de Estudios Generales, cuatro semestres en los que se daban todas las ciencias básicas, desde matemáticas hasta físico-química, pero la universidad había sido fundada al comienzo de los años sesenta –como escisión de la universidad de San Marcos- con un decidido espíritu humanista, aquel que le atribuye a la educación una tarea de formación ciudadana, no sólo profesional, de modo que todos debíamos estudiar también tres asignaturas de sociología, dos de literatura, una de psicología e incluso una de filosofía. Quien lo deseara, además, y si le quedaba tiempo, podía también tomar algunas de las asignaturas libres de letras que se daban en la facultad de ciencias y filosofía. Tras aprobar estos dos años, uno pasaba a los estudios facultativos propiamente hablando, organizados según el modelo americano, lo que permitía mucha libertad al alumno para escoger sus asignaturas. Cuento todo esto porque fue debido a este espíritu humanista y a esta organización, bastante moderna para su tiempo –hablo de finales de los años setenta y comienzos de los ochenta-, por lo que pude conocer de modo más íntimo al doctor Chiappo. Porque él era doctor en psicología y filosofía, no en biología o en medicina, y de seguro que en el clima actual de pragmatismo y entronque empresarial, hubiera tenido poca o nula oportunidad de tenerle de profesor.

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Un sumario caótico

Aitor Riveiro

Si hubiera que definir con una palabra el sumario del caso Gürtel esta sería, sin lugar a dudas, caos.

Caos, porque el juez instructor del caso en Madrid, Antonio Pedreira, ha dado no menos de cinco fechas distintas para levantar el secreto sobre los 241 tomos pendientes que, finalmente, conocimos ayer.

Caos porque varias horas después de que estuviera habilitado el sistema informático las partes no podían acceder a la documentación.

Y caos porque un sumario de más de 40.000 folios entregado de la manera en que se hizo ayer es algo impropio de un país como España.

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Los enanos de Rajoy

Lobisón 

En las elecciones que previsiblemente se realizarán en 2012, una de las variables decisivas será la credibilidad de Rodríguez Zapatero, que a su vez dependerá de que sea o no perceptible para entonces la recuperación económica y de que el gobierno haya conseguido ofrecer una imagen de eficacia y coherencia, superando la tendencia de los últimos meses a sonar como una orquesta desafinada en la que además no se escucha a algunas de las secciones. Pero la otra variable será la credibilidad de Mariano Rajoy como candidato de oposición.

Lo menos que se puede decir es que esta última no está asegurada. A Rajoy se le acumulan las desgracias, en la línea de la expresión popular: si Rajoy pusiera un circo le crecerían los enanos. La última mala noticia para él es un posible regreso a la política activa de Álvarez Cascos como candidato del PP por Asturias, que probablemente no se atreverá a intentar impedir. El problema es que Cascos es un peso pesado de la vieja guardia aznarista, y si ganara las elecciones se convertiría en otro contrapoder dentro del PP, junto a Esperanza Aguirre.

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