Capital sin fronteras frente a Estados con fronteras

Magallanes

En el último tercio del siglo XX se fueron desmontando todos los controles que los estados tenían para impedir el movimiento internacional de fondos monetarios hasta entonces nacionales. Al igual que desmontar barreras arancelarias de productos beneficiaría a los consumidores, se supuso que impedir que el capital en manos  privadas nacionales pudiese obtener mejores rentabilidades en mercados extranjeros era también una forma de atraso. Si se impedía que el capital se invirtiese en las inversiones más rentables, se retrasaba la acumulación de capital y, por tanto, el crecimiento económico. No se pensaba que había una contradicción entre la existencia de estados con fronteras y un casi único capital sin fronteras. Con  un rígido control de capitales el estado nacional puede decidir cuál es el nivel de imposición fiscal y como se distribuye entre las clases sociales. Es un asunto que deben decidir los ciudadanos al ejercer su voto. La falta de controles lleva a que el capital nacional se lleve a los países cuyos ciudadanos han votado por un sistema fiscal en que las tasas del capital sean mínimas. Por tanto, en aquellos paises en que los ciudadanos han votado por una mayor imposición a las rentas del capital, se pone en marcha una lenta huida de capital hacia los primeros paises, desvirtuando la voluntad ciudadana. No digamos si, además, existen paraísos fiscales donde la imposición a las rentas de capital es inexistente. Entonces la  huida del capital pasa de lenta a  rápida.  Incluso, últimamente estamos viendo que los ciudadanos con grandes fortunas están cambiando de nacionalidad con total desfachatez para evitar impuestos a su capital.

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