Julio Embid
Erase un jabalí que vivía sano y hermoso en la Sierra de Pardos. El jabalí crecía en mitad del bosque más tranquilo que una rueda de repuesto sin más preocupación que evitar en otoño acercarse a los caminos donde venían los domingos por la mañana los cazadores de Zaragoza a echar la mañana. Este jabalí recorría tranquilamente de 7 a 17 la sierra entera, de Cubel a Olvés alimentándose de raíces y moras, de insectos y de trigo salvaje, pero lo que más le gustaban en el mundo eran las manzanas golden. Se pirraba por las manzanas y cuanto más amarillas mejor. Sin embargo no podía comerlas del árbol directamente y sus pezuñicas no le dejaban trepar por el árbol. Tenía que esperar que se cayeran del árbol o de algún remolque y esperar a que no hubiera ningún humano cerca para poder comerlas.