México 2026

Verónica Ugarte

Querida Claudia,

Tenemos de nuevo la tensión en el aire. La sentimos en todo momento porque conocemos a los vecinos, tal vez de una manera mucho más profunda, productiva y dolorosa que nadie puede imaginar. Si tienes tiempo para perder leyendo a los intelectuales europeos, confirmarás que nadie puede ser más osado al realizar un ensayo, un atrevimiento de explicación de lo que ocurre en América (el continente), desde una perspectiva europea.

Ya empecé a no querer saber nada de periodismo cuando en la televisión catalana entraron en errores comunes al abordar la Doctrina Monroe. La misma que los internacionalistas están hartos de oír mencionar, y mucho menos de querer explicar.

Luego han venido las sesudas explicaciones de por qué ahora Venezuela, y cuáles son los siguientes en la lista de un loco megalómano. Un arribista en varios sentidos al que, de momento, has logrado frenar en varios frentes, porque eres mucho más cerebral y fría que todos tus predecesores, muchos de los cuales más de una vez se inclinaron ante el ocupante de turno del Salón Oval.

Has exigido a Trump muestras de cooperación dando cuentas de cómo, cuándo y por dónde los narcos llevan a México armas de gran calibre. Exiges también saber qué sucede con el fentanilo cuando pasa a EEUU. ¿Dónde están los laboratorios? ¿Qué pasa con los compradores? No has recibido respuestas claras y sabes bien que no las recibirás.

Te has negado frontalmente a la cooperación que te han propuesto a través del Secretario de Estado para que el ejército de EEUU pise suelo mexicano con la excusa de arrestar clanes, y desmantelarlos. No habla solo una estadista, sino una mujer que sabe que la Constitución mexicana lo prohíbe, y que de hacerlo, tu Gobierno caería irremediablemente, para gozo de la derecha mexicana.

Una derecha como debe ser, católica, racista, poderosa en lo monetario y despreocupada en lo moral. He estado leyendo los diarios mexicanos, todo el arcoíris de ideas, videncias, amenazas, ignorancia. Pero nada de esos textos van hacia ti. Van hacia el lector que sigue enfadado después de seis años de López Obrador, y que, una vez más, solo ve su propia parcela de vida y mira con envidia la vida en Texas, NY, Chicago.

Para poder escribirte, una vez más he tirado de biblioteca y filmoteca. Tres meses antes de morir, Cortázar recordó que todo se mueve por dinero, y cuando EEUU habla de re instaurar la democracia, miente automáticamente. Solo les importa tener gobiernos que protejan sus intereses, y la Sra. Kirkpatrick y su Doctrina eran en esos años, la mayor hipocresía republicana que se podía escuchar cuando defendía el papel de la Contra, en Nicaragua.

Trump al menos es honesto en este punto. Claramente dice que quiere la cabeza de quienes han osado faltar al respeto a su amado país. No disfraza nada. Y a cara descubierta el tablón lo tienes más difícil, porque sabes, recordando nuestra Historia, que todo y nada puede suceder.

De momento, los Demócratas tratan de hacer entrar en razón a algunos miembros del Gabinete estadounidense. Un movimiento en contra de México se pagaría muy cargo. Años de reconciliación diplomática se irían a la basura. Y lo más importante: es un bocado demasiado grande. ¿Qué sucedería después?

Por otra parte, he leído con atención las críticas por el envío de petróleo a Cuba. Desconocer el lazo histórico y afectivo que une a ambos países es un fallo. Suponer que no tomarías medidas para poner de nuevo al país en el centro de las políticas con Cuba, volver a ser el hermano mayor que siempre riñó a Sudamérica en foros internacionales por su apoyo al inhumano bloqueo que sufre la isla. Te han dado más piezas de las que pensaban y sin darse cuenta.

Pero ahora mismo todo está en el aire, una vez más. En el Siglo XIX ese país sufrió varias invasiones. Perdió la mitad de su territorio. Durante la Revolución, EEUU ordenó elecciones; defenestró al traidor Victoriano Huerta (es que no se ha inventado nada en cuanto a injerencias, violentas o no), y cuando el General Cárdenas nacionalizó el petróleo, nos salvó la Segunda Guerra Mundial de las garras de Europa y EEUU.

Todo eso ya lo sabes. Como sabes que tienes mucho en contra, mucho a favor. Europa te ha dejado sola, como de costumbre, porque la NATO no puede fracturarse. Has estado informando cada día de cuántos narcos han caído, cuánta droga ha sido confiscada. Has llegado a subir el salario mínimo, el nivel de vida, la seguridad. Sigues inaugurando escuelas y Universidades, concentrando fuerzas en abrir oportunidades para los más oprimidos históricamente. Sin embargo, te exigen que soluciones en seis años lo que nadie ha hecho en 80.

No puedo pedirte nada puesto que me exilié hace años. Solo puedo admirarte y no tener esperanzas. Eso no sirve en política. Sirven los hechos, las decisiones. Y el dinero. Este 2026 no será solo el Mundial para México. Aumentan los retos.

¿Quién sabe de Relaciones Internacionales en el PP?

Carlos Hidalgo

Obviamente esta es una pregunta retórica. En las filas del PP hay mucha gente talentosa, entre ella académicos, diplomáticos, eurodiputados y una pléyade de jóvenes asesores y asesoras que, gracias a las becas de FAES, han estudiado a fondo la materia, no sólo en España, sino también en sitios como la universidad de Georgetown.

Por eso sorprende mucho su incoherencia y su mutismo ante los acontecimientos recientes. Primero, su silencio acerca de las intenciones hostiles de los Estados Unidos hacia Groenlandia y Dinamarca, que no sólo son socios de la OTAN, sino nuestros socios también en la UE. Nada acerca de ello ha salido reflejado en las notas de prensa que el PP envía diariamente, que son del orden de entre cinco y ocho.

¿No tienen opinión acerca de que la OTAN pueda saltar por los aires? ¿Les parece bien que nos amenace si no damos carta blanca a los abusos de sus Big Tech? ¿No tienen nada que decir acerca de que el presidente estadounidense no descarte intervenir en nuestros países si no le gustan los resultados electorales? No han dicho nada acerca de esto y, sinceramente, podrían hacerlo con su programa electoral en la mano y sin salirse un milímetro de su tradición ideológica democratacristiana, ni tampoco de las declaraciones anteriores de sus líderes o de lo expuesto en las publicaciones de FAES, su “Think Tank”.

Con respecto a Venezuela, aparte de saludar que Maduro fuese destronado, poco han hecho, aparte de intentar culpar al Gobierno de la situación. Lo cual también es un poco extraño. Este Gobierno, como los anteriores, ha apoyado siempre la democratización de Venezuela ha dado asilo a los ciudadanos y ciudadanas que han huido del país y no ha reconocido la última farsa electoral bolivariana, reconociendo como ganador de las elecciones al opositor Edmundo González, al que además nuestro país contribuyó a sacar del país y garantizar su seguridad.

El siempre dicharachero Miguel Tellado aprovechó para acusar al gobierno de España de ser culpable de la continuidad del régimen y de apoyar a la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, cuando precisamente quien se ha encargado de ascenderla a la presidencia y de reconocerla en su puesto ha sido el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. De hecho, el mismo Trump aprovechó para despreciar a la líder de la oposición, María Corina Machado, afirmando que no dispone “ni del apoyo ni del respeto de su pueblo”.

Solo después de verificar que Trump realmente había dicho esto, desde Génova se atrevieron a decir tímidamente que el derecho internacional debe ser respetado y que el régimen bolivariano no es legítimo; algo en lo que está de acuerdo con los partidos del gobierno. Y no pasa nada. Se puede estar de acuerdo en ello.

Entiendo que la política de relaciones internacionales del PP se basa en el llamado “realismo político”, del que Henry Kissinger fue un dedicado practicante (y teórico), pero es que ni siquiera hemos visto declaraciones de sus responsables que sigan esa doctrina. Y tampoco es que Trump gobierne de acuerdo a las doctrinas del fallecido Secretario de Estado de Nixon, sino que se basa en un primitivo concepto transaccional, más propio de regímenes primitivos (ni siquiera medievales) que del que hasta ahora había sido considerado el país líder del “mundo libre”.

¿A qué esperan en el PP para buscar dentro de sus filas a alguien que sepa de lo que habla? Talento no les falta, pero parece que sí en lo relativo a la gestión de sus recursos humanos.

Jugando al Risk todos los días

Julio Embid

En 1957, el director de cine francés Albert Lamorisse diseñó un juego de mesa para jugar en familia, vagamente inspirado en las campañas napoleónicas. En un tablero con el mapa del mundo, se movían tropas y se conquistaban territorios tirando dados. El juego permitía crear alianzas, abstraer campañas militares y aceptar que el éxito o el fracaso dependían tanto de la posición inicial como de las probabilidades matemáticas. Lo llamó La Conquête du Monde (La conquista del mundo) y vendió sus derechos a la juguetera estadounidense Parker Brothers, que cambiaría el título por el nombre con el que se conocería en todo el mundo: Risk.

El pasado 3 de enero, en una operación más propia del Call of Duty que del Risk (porque no hubo ejércitos implicados, sino 150 aviones y un puñado de helicópteros), Estados Unidos bombardeó instalaciones militares venezolanas en Caracas y La Guaira. Los Delta Force mataron a los escoltas y al personal de la vivienda donde se encontraban el entonces presidente Nicolás Maduro y su mujer, lo detuvieron y lo trasladaron en helicóptero a un portaaviones frente a la costa y, después, a territorio estadounidense para ser juzgado por narcotráfico. El Ministerio del Interior venezolano, dirigido por el oscuro Diosdado Cabello, ha declarado que murieron un centenar de personas —“mártires de la revolución”, los llama pretenciosamente el Gobierno de Cuba— entre militares venezolanos, militares cubanos y civiles.

Trump salió bailando y proclamando que ahora en Venezuela manda él. Que, cuando se haya reestablecido el flujo de especia en Dune, los Harkonnen organizarán elecciones democráticas o algo parecido. Que María Corina Machado, como buena señora bien de derechas, es una señora bien, pero que aquí no pinta nada. Y que ya han pactado con la otrora vicepresidenta Delcy Rodríguez que se quede al mando para que la transición —de empresas petroleras chinas a empresas petroleras norteamericanas— se haga de buen grado. Como nadie le tose a Trump, todo le ha salido perfecto.

Ahora ha recordado las partidas al Risk y se ha dado cuenta de que, si controla toda América del Norte, cobraría cinco ejércitos por turno, o algo así. De ahí que Estados Unidos deba “adquirir” Groenlandia. Entiendo que para cobrar esos cinco ejércitos (le faltarían Canadá y México, pero eso es poca cosa). Y amenazan al Gobierno de Dinamarca: o venden Groenlandia o simplemente la tomarán por la fuerza. Si nadie le tose a Trump, todo le habrá salido perfecto.

Está claro que lo de Groenlandia nos afectará a los españoles mucho más que lo de Venezuela por un motivo sencillo: una acción hostil de un miembro de la OTAN contra otro miembro de la OTAN dentro de territorio OTAN sería el final de la Alianza. Y quizá el final de la UE, dividida entre partidarios del apaciguamiento y partidarios del enfrentamiento con Trump. Habrá Chamberlains y Daladiers, pero también Churchills y De Gaulles. Y en ese enfrentamiento interno no sé si la UE podrá resistir. Y tal vez, después de Groenlandia, vengan las Islas Canarias, porque total: están en el Atlántico, tienen muchos hoteles y Trump también tiene hoteles. Mientras tanto, en Rusia y en China quedarían legitimados para invadir a los vecinos que consideren, porque, total, nadie les va a toser.

Solo espero que el próximo presidente del Gobierno español no haya tenido relaciones en el pasado con el narcotráfico ni existan pruebas gráficas suyas en el barco de un narco. Simplemente para evitar que la CIA o los Delta Force pasen a detenerlo tras asesinar a todo el personal de La Moncloa. Para mí, como asesor político, la vida de los asesores políticos importa.

Más allá de Venezuela: petróleo, dólares y China

David Rodríguez Albert

Si alguien creía que la fase imperialista de la historia estaba superada, los Estados Unidos de América vuelven a demostrarnos que para ellos sigue bien vigente. Con toda la impunidad y prepotencia que le caracterizan, Donald Trump ha lanzado una agresión contra Caracas que ha causado decenas de muertos y ha secuestrado al presidente Maduro. Organismos internacionales como la ONU, gobiernos de países como España y grupos por la defensa de los derechos humanos han criticado la violación de la legislación internacional y del principio de no intervención, pero la Casa Blanca ha vuelto a demostrar que el derecho internacional no tiene efecto si no existe quien lo garantice y si se impone el primitivo pero efectivo principio de la ley del más fuerte.

El pretexto inicial del narcoterrorismo se ha demostrado completamente falso y sin fundamento desde el primer momento. Aparte de la ausencia total de pruebas y del esperpento organizado en Nueva York, cabe volver a recordar la doble moral estadounidense a este respecto. Hace solamente un mes, Trump concedió un indulto presidencial completo al expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández, liberándolo de una condena federal en Estados Unidos por narcotráfico de 45 años de prisión. Este indulto fue anunciado en plena campaña electoral hondureña, con Washington respaldando públicamente al candidato conservador Nasry Asfura, aliado de Hernández.

Por si había alguna duda de que el narcoterrorismo ha sido una excusa, el autócrata Trump ha expresado de manera contundente que su objetivo es el control de un recurso estratégico como el petróleo. En el imperialismo gobernado por la extrema derecha ya no es necesario plantear justificaciones o engaños del tipo “extender la democracia”, “detener el terrorismo” o “poseer armas de destrucción masiva”. Estos subterfugios ya han sido superados, y en su lugar se instala un discurso claro, contundente y chulesco, más propio de organizaciones criminales y, por ende, más en concordancia con los rasgos distintivos del nuevo gobierno de los Estados Unidos.

Pero profundicemos un poco más en el objetivo real de la administración norteamericana. Recordemos que Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo y apuntemos también que el comercio internacional del mismo se realiza mayoritariamente en dólares, fruto del acuerdo de los Estados Unidos con Arabia Saudí en 1974. Así nacía el sistema basado en los petrodólares: la Casa Blanca ofrece protección militar y apoyo político a algunas dictaduras exportadoras del crudo, y los excedentes obtenidos por el comercio se invierten en bancos y deuda estadounidense. Este mecanismo permite reforzar la hegemonía financiera de Washington, financia sus enormes déficits públicos y permite el control político sobre naciones dependientes del dólar. En este contexto, los intentos de Maduro por diversificar mercados o usar otras monedas para el intercambio han representado una amenaza inadmisible para Donald Trump.

A todo esto hemos de añadir el agravante de que Venezuela ha pretendido la desdolarización del comercio del petróleo precisamente aumentando las exportaciones a China en yuanes. Obviamente, el ejecutivo estadounidense no puede permitir el crecimiento de la influencia del gigante asiático sobre su patio trasero, y más cuando Pekín está incrementando su presencia en América Latina mediante inversiones, acuerdos energéticos y financiación de infraestructuras. Así pues, la agresión a Venezuela ha trascendido cualquier consideración ideológica y se ha centrado en el frío terreno del cálculo económico, situando como elementos clave el control de los recursos energéticos, su comercialización en dólares y la disputa contra la creciente pujanza de China.

Durante estos días estamos comprobando que el imperialismo de la administración Trump no va a limitarse a Venezuela, apuntando a diversos frentes del tablero geopolítico mundial. El control del hemisferio americano comporta recurrentes amenazas a países como Cuba, Colombia, México o Canadá. Todo ello sin olvidar otros frentes, como Groenlandia (que centra el debate mediático actual) o Irán (que lo centraba hace unos meses). Los movimientos futuros de la Casa Blanca son impredecibles, pero la grave amenaza que representa el mandatario estadounidense para el mundo entero es más que evidente.

Marruecos: elecciones 2026

Sergio Patón

Curiosamente y no sé dónde ni cómo en un especial de temas importantes de cara al 2026 se hablaba de que habría elecciones este año en Marruecos. No sé cuándo fue pero fue antes de “lo de Venezuela”.

Curiosamente cuando llevo tiempo dándole vueltas sobre mi desconocimiento sobre el sistema político y especialmente electoral de ese país, y eso qué como lector asiduo de este blog se me supone cierto interés y más cuando compartimos tantas cosas empezando por la cercanía.

  • Distancia Lisboa –  Madrid: 502,50 km. Ruta de conducción: 627,84 km
  • Distancia Rabat – Madrid: 763,82 km. Ruta de conducción: 964,41 km
  • Distancia Paris – Madrid: 1.052,76 km. Ruta de conducción: 1.266,81 km

No sé sí debería medir desde Barcelona, pero curiosamente los datos le iban bien a mi tesis, esto debe ser nuestro petróleo, las distancias. No sé. 

Más curiosamente debatiendo en Tiempo de Juego de la Cadena COPE, esa cadena, sobre una foto del presidente de la FIFA, Infantino I el Justo, durante la Copa de África los periodistas, aunque deportivos periodistas, y otros comentaristas no tenían claro si el jefe del estado de Marruecos era el rey Mohammed VI o Hassan II o vete a saber quién. Esta sí que me la sabía, Mohammed VI, pero no sé qué decir de que en mi programa de referencia deportivo (futbolístico vamos) no lo tuviesen claro y que puedo pensar cuando afrontan otros temas vinculados a la probabilidad meteorológica sobre los que también opinan con facilidad y gracia algunos de ellos.

Tenía claro que era Mohammed VI como aficionado a las noticias de sociedad (prensa rosa) pues a uno le llegan cosas sobre el rey de Marruecos y sus amistades, que por lo visto está más lejos de Rabat o Casablanca que de París. Y claro cosas del padre y alguna cosa de opositores y bidones en su momento, y “la captura” y eliminación de opositores como Ben Barka en Francia sabía. Creo que Ben Barka era de la Unión de Fuerzas Socialistas, diría que es un partido ahora mismo con implantación electoral, pero no sé qué significa esto que digo. Las cosas de la Marcha Verde y “lo del Sáhara” y lo de pasarse por el forro lo que diga la ONU cada vez con más gracia, salero y dirección clara y afortunada al respecto.

Esta curiosidad se me inició leyendo El Periódico de Catalunya en las últimas elecciones que hubo allí, ya que sólo le dedicaron una noticia con los resultados. Diría que no eran los definitivos, y que no hubo seguimiento previo de la campaña, programas y esas cosas como por ejemplo sí que pasa con Francia y con Portugal. Sobre todo con la primera. Me pareció muy curioso cuando leí la noticia no haber tenido un seguimiento similar a estos dos países o al de otros países. ¿Hubo verificadores internacionales? ¿Reconoció los resultados la Unión Europea? ¿Qué partido o coalición de ellos obtuvo el gobierno? ¿Con qué programa y hasta dónde pueden llegar?  Busqué algún mapa de esos de organizaciones que dan nota a las democracias, peor color que nosotros, pero mejor que otros países. Desde entonces tenía pensado investigar el sistema electoral de Marruecos y cuatro conceptos del peso de su parlamento y homologación.

Estos días, a raíz de otros inmigrantes, tengo la nueva duda de cómo debemos considerar a los vecinos marroquíes que tenemos en nuestro país, si como emigrantes económicos o como exiliados, o eso dependerá de lo comprensivo que tengamos que ser con su sistema político atendiendo a “las necesidades” del “bloque occidental”. Y me acuerdo de la película “En construcción”.

Así que me pongo cómo deberes, ir dándome respuesta a algunas de estas preguntas y dudas que tengo sobre la política interna y la democracia marroquí. Aunque igual con suerte algunos de los comentaristas de este blog aportan luz y no sé si taquígrafos.

BSO: https://open.spotify.com/playlist/59DY66kmhaZgKJfODqPqUu?si=18f7616e471d4a95

Se vende régimen Maduro

Carlos Hidalgo

Desde el principio se nos había advertido por la gente que conoce más a fondo a la Administración de Trump que realmente no tiene un programa político, sino que en su segundo mandato iba a debilitar los controles y contrapesos democráticos y ejercer el poder como un mafioso de Queens, su barrio natal en Nueva York.

Trump no tiene doctrina de relaciones internacionales, sino que lo basa todo en transacciones: tú me das algo o me regalas algo y yo te protejo… de mí mismo. Por eso no tiene ningún problema en detener a Nicolás Maduro por traficante de drogas y a la vez indultar a otros traficantes de drogas o delincuentes que le han hecho llegar regalos o donaciones. Y, la verdad, su política doméstica se basa en los mismos principios.

En cualquier caso, mientras Trump trata de desviar la atención acerca de su relación con el pederasta Epstein, se ha embarcado en una guerra contra las drogas sin amparo por el derecho internacional, ni autorización por el Congreso de su país, como manda la Constitución estadounidense. La espectacular detención de Maduro, en la que Trump tenía una pantalla con redes sociales delante, en su improvisada sala de crisis en su club de golf en Florida, la detención, decíamos, iba a ser el momento Bin Laden de Trump, en el que acabaría con una amenaza contra su país, detendría a un villano y, según afirma, provocar un cambio de régimen.

Por lo que sabemos, según la narración de Trump y lo que han declarado a los medios, mientras casi centenar y medio de aeronaves se encargaban de bombardear las defensas antiaéreas de Caracas, dos helicópteros de asalto con miembros de la Delta Force aterrizaron en una base militar en la que Maduro pernoctaba, asaltaron la residencia en la que se encontraba, evitaron que huyera a un búnker o sala del pánico, les metieron a su esposa y a él en un helicóptero y se lo llevaron a un buque de la Armada y finalmente le trasladaron a una prisión neoyorquina, donde se encuentra ahora.

Aunque los bombardeos han causado unas 80 muertes, entre militares venezolanos y vecinos caraqueños, ni el ministro de defensa venezolano, ni los estadounidenses han dejado claro cuántas de esas bajas corresponden a la guardia presidencial de Maduro.

Tampoco ha habido un cambio de régimen. A Maduro le ha sucedido su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, que ya ha jurado el cargo y que, según parece, al Gobierno de Estados Unidos les parece más aceptable que la oposición democrática, que además aportó pruebas de haber ganado las últimas elecciones. Según Trump, María Corina Machado, la líder de la oposición, no tiene “ni el respeto, ni el apoyo de su pueblo”. El sistema represivo del régimen bolivariano sigue intacto y algunos de los elementos más violentos y radicales de este, como Diosdado Cabello, siguen en sus puestos.

Como bien indicaba el New York Times al narrar lo ocurrido, el gobierno de Trump considera más aceptable a Delcy Rodríguez, que fue la artífice de pasar de un sistema económico “comunista y corrupto a otro de libre mercado igualmente corrupto”. Trump, que afirma que los Estados Unidos se harán cargo de la administración venezolana, no tiene a nadie en el terreno para poder hacerlo y cree firmemente en que puede controlar a distancia Venezuela mediante instrucciones y amenazas.

Por otro lado, sabemos que la operación fue planificada por la CIA, que tiene “fuentes de alto nivel” en el régimen chavista y la ausencia de imágenes y de pruebas de que los Delta hubieran hecho frente a ningún tipo de resistencia armada en tierra al capturar a Maduro es un poco sospechosa. Da igual que los cargos chavistas salgan ahora envolviéndose en la bandera y blandiendo el sable de Bolívar.

Uno podría preguntarse si esta operación tan “limpia” es una transacción más. El chavismo vende a Maduro a cambio de su permanencia y los Estados Unidos consiguen que China deje de comprar petróleo en Venezuela.

La oposición seguirá en el exilio y en la cárcel, nadie se acordará de las 80 personas fallecidas y la vida del pueblo venezolano que no ha podido huir de su país no va a mejorar sustancialmente.

Y sí, es muy preocupante que Trump se salga con la suya, porque lo que ha hecho para quedarse con Venezuela lo puede hacer igualmente para tomar Groenlandia, por efecto, o para subvertir el resultado electoral en países donde no le guste lo votado. Es un desastre que el orden internacional creado después de la Segunda Guerra Mundial y que fue inspirado por los propios EEUU, que trajeron al mundo la etapa más larga de expansión de la democracia y pusieron normas al ejercicio del poder de todos los países, salte ahora por los aires a manos del peor gobierno que han tenido desde que los británicos abandonaran su territorio.