El sistema educativo en la encrucijada

David Rodriguez Albert

Esta primavera estamos viviendo las movilizaciones educativas más importantes de nuestra historia reciente, especialmente en Catalunya y en el País Valencià. Más allá de las razones concretas y de las negociaciones específicas que están teniendo lugar, el malestar del personal educativo tiene motivaciones muy profundas que me gustaría analizar en este artículo, partiendo del caso catalán, que probablemente sea en buena medida extrapolable a otros territorios del Estado.

En los últimos años, se ha producido un fuerte aumento del número de alumnos identificados con necesidades específicas de apoyo educativo (NESE) en Catalunya. Las cifras oficiales muestran que se ha pasado de alrededor de 156.000 alumnos en 2019-2020 a más de 330.000 en 2024-2025, lo que supone un crecimiento superior al 100% en apenas cinco años. Este incremento no se explica únicamente por un aumento de trastornos o discapacidades. De hecho, la mayor parte del alumnado NESE actual corresponde a situaciones de vulnerabilidad socioeconómica. Aproximadamente, el 85% de los casos identificados pertenecen a esta categoría, mientras que una proporción mucho menor está relacionada con trastornos del desarrollo, discapacidades o necesidades educativas especiales de carácter clínico.

Estos datos ponen de manifiesto que el sistema educativo se ha tensionado de manera notable, y más en un contexto de recortes en el presupuesto público que venimos arrastrando desde hace casi dos décadas. En Catalunya, el gobierno ultraliberal de Artur Mas fue especialmente agresivo en su ataque contra los servicios públicos, pero otras fuerzas políticas, en mayor o menor medida, han ejecutado medidas austericidas en diferentes comunidades autónomas. Por consiguiente, se han limitado enormemente los recursos justo en el momento en que resulta más urgente y necesario atender a la diversidad creciente en nuestras aulas.

De hecho, son dos caras de una misma moneda. El estallido de los mercados financieros y la gran crisis que eclosionó en el 2008 contribuyó a incrementar de manera progresiva la pobreza infantil y las desigualdades sociales. Esto no generó directamente más trastornos, pero sí aumentó el número de alumnos con necesidades derivadas de situaciones económicas y familiares vulnerables. A su vez, la pandemia de la COVID-19 actuó como acelerador de problemas ya existentes, e incrementó las dificultades emocionales, los problemas de salud mental, los retrasos en el aprendizaje y una mayor visibilización de necesidades que antes podían pasar desapercibidas.

Siempre hay docentes o sindicatos cuya principal proclama se queda en el salario, pero esto no refleja el motivo central del malestar acumulado durante años de inacción en las políticas educativas. Algunos gobiernos han intentado desviar la atención de los verdaderos problemas en las aulas, predicando los mantras de la innovación y las competencias como elementos mágicos que iban a llevarnos a una especie de paraíso en resultados educativos. Pero nada más lejos de una realidad en la que el profesorado se encuentra desbordado por una situación insostenible. La falta de recursos y el aumento de la complejidad en las aulas van acompañados de una enorme ineficacia burocrática, y todo ello provoca una sobrecarga de trabajo que genera ansiedad, frustración y desmotivación creciente. El profesorado tan solo quiere ejercer con una cierta dignidad y atender al conjunto del alumnado como se merece. 

Hemos de evitar y combatir los discursos injustos y simplistas de algunas supuestas autoridades universitarias que claman porque dicen recibir a jóvenes cada vez peor preparados, responsabilizando de ello a la presunta inoperancia de las docentes. Muchos de ellos no denuncian, sin embargo, el aumento de las desigualdades y de las necesidades educativas especiales, ni los recortes presupuestarios que, por cierto, algunos de estos voceros han auspiciado desde algunas de sus cátedras.

Más allá de cómo finalicen las movilizaciones de este curso, la situación es crítica desde un punto de vista estructural, y requiere de una dotación de recursos muy superior a la actual y en consonancia con la media de la Unión Europea. La tarea es de largo recorrido, afecta a otras parcelas de nuestro frágil Estado del Bienestar, y la solución pasa necesariamente por algo que tantas veces propone la izquierda, pero que siempre se queda bastante a medias: una reforma fiscal progresiva que aumente sustancialmente la recaudación y permita a nuestros jóvenes ser educados de manera digna, en coherencia con lo que debería ser una democracia socialmente avanzada.

Cuidado con los fans

Carlos Hidalgo

Desde que Pedro Sánchez volvió a la secretaría general del PSOE, tras la crisis del partido que desembocó en su dimisión, una gestora y unas primarias en las que se impuso nuevamente, sus equipos han atravesado varias fases. Primero compuso una ejecutiva y un gobierno compuesto por sus fans incondicionales en las primarias; gente que, en su mayoría, estaba en los márgenes del partido o en segunda línea y que tras la resurrección política de Sánchez tuvieron la oportunidad de desempeñar cargos de responsabilidad. El paso del tiempo, los roces entre ellos y las exigencias de ejercer el gobierno hicieron que Sánchez fuera relegando a muchos de los que llegaron con él al poder y que reclutara a gente que no se había posicionado tan ciegamente con él. Y al final, muchos de los “primeros pedristas” han terminado de irse, ya fuera por pérdida de confianza o por estar involucrados en alguno de los casos que acosan hoy al PSOE, especialmente el roto que han hecho a la credibilidad de los socialistas José Luis Ábalos y Santos Cerdán, ambos habiendo ejercido la máxima responsabilidad orgánica del PSOE por detrás de su secretario general: la secretaría de organización.

Leire Díez es de los pedristas “pata negra”. Aunque se define como periodista, es imposible encontrar nada que haya publicado en las hemerotecas. Pero sí que se vendía como tal. Y vaya que si se vendía. Leire era una presencia permanente en cualquier acto del Partido Socialista de Euskadi y el de Cantabria, siempre ofreciéndose a hacer cosas, siempre presentándose como experta en comunicación e increíblemente activa en redes. Cuando Patxi López fue Lehendakari, Leire se había ofrecido día sí y día también al PSE para hacer “acciones en redes” y crear cuentas falsas desde las que atacar al PNV, acciones que la responsable de comunicación de entonces rechazó con buen criterio, pues siempre suelen detectarse.

Sea como fuere, el PSOE de entonces atendía con amabilidad las peticiones de Díez pero trataba de no otorgarle excesiva responsabilidad, excepto cuando fue responsable de comunicación del PSOE de Cantabria en uno de sus peores momentos.

Todo esto cambió en los tiempos de la Gestora. Díez era parte del conocido como “equipo Sugus” o “equipo B” de la candidatura de Sánchez, dedicado a insultar y a señalar con el dedo a otros compañeros de partido, ya fuera con sus nombres verdaderos o con cuentas falsas. Curiosamente, en ese equipo estaba también René Perle, que sería luego la asistente de Ábalos, incluso cuando este fue expulsado del grupo socialista y suspendido de militancia.

A Díez se le recompensó con tareas en el equipo de redes del PSOE, hasta que este equipo se profesionalizó con la llegada de una excelente periodista proveniente de Mediaset. Y luego con cargos en diferentes empresas públicas, siendo el último de ellos en Correos, cuando es cesada con la llegada del incorruptible Pedro Saura, que ya había sufrido (y denunciado) los modos y tretas de Koldo, Ábalos y Cerdán cuando estaba en el Ministerio de Fomento.

Leire se ve obligada a reinventarse, como decimos todos ahora cuando nos quedamos en el paro. Así que parece que, usando su condición de persona de inconmovible lealtad, acude a Santos Cerdán con la idea de organizar un contraataque ante la ofensiva que los socialistas percibían con determinadas acciones judiciales, especialmente la lamentable instrucción del Juez Peinado del llamado “caso Begoña”.

Santos Cerdán, demostrando poco criterio y posiblemente el nivel de agobio que sentía por las riñas de un presidente que se quejaba de que no se le defendía lo suficiente, acepta la propuesta y es cuando se pone en marcha toda la esperpéntica operación de la cual nos vamos enterando estos días.

Cuando este caso salió, mientras que el PSOE se defendía diciendo que Díez era una fantasiosa, al estilo del llamado “Pequeño Nicolás”, yo expresé mis temores de que este caso se pareciera más al llamado “Caso Carromero”, en el que un fontanero de Nuevas Generaciones del PP fue mandado a Cuba en misión de rescate de un opositor al que acabó matando en un accidente de automóvil.

Leer las transcripciones de las grabaciones que le hicieron a Díez provoca muchísima vergüenza. Primero, porque a la interesada ni se le pasa por la cabeza que alguien la pudiera grabar, cuando resulta que casi todo el mundo lo hizo. Y luego sus bravatas, sus promesas y sus insinuaciones, pretendiendo pasar por sutil, no revelan a una persona que esté ni remotamente preparada para desempeñar la misión que ella pretendía cumplir, sea esta la que fuere. Si era como periodista de investigación que pretende escribir un libro, como ella defiende, es bastante poco profesional que sea ella la grabada en lugar de quien porta la grabadora y la libreta. Si es como agente secreta que desempeña una misión para defender a su partido, demuestra una bochornosa falta de prudencia y de sutileza a la hora de tratar con sus contactos.

Este caso es la enésima demostración de que los buenos fans no son necesariamente buenos colaboradores. Más bien lo contrario.

En la refriega

Juanjo Cáceres

“Existe la posibilidad de que todo quede en nada”, se dice a sí mismo Pedro mientras revisa la prensa matinal en el bar Cortinas, un lugar inmejorable para desayunar y no inferior a una biblioteca como punto de acceso y consulta de las principales cabeceras de la tan añorada prensa en papel.

Tras revisar los titulares y algunos artículos de los apartados nacionales de “El País”, apura su café con leche y sale a la calle a la búsqueda de un taxi, que no tarda mucho en detenerse frente a él. “Al Congreso de los Diputados”, indica al taxista, que dos segundos después pone en marcha su taxímetro, a fin de conseguir el mayor ingreso posible de esta carrera.

Llegado a su destino, accede a un viejo edificio situado a poco más de 50 metros de donde le ha dejado el vehículo y abre una puerta situada en la tercera planta, a la que ha accedido tras subir, sin esfuerzo alguno, por una estrecha escalera. Nada más entrar comprueba que tres personas trabajan incesantemente en la preparación de la sesión de hoy: Félix, colaborador, amigo y confidente; Carlos, de profesión economista, y Óscar, colega y compañero de fatigas.

  • Empecemos – sugiere Pedro nada más entrar. – A ver cómo se nos da hoy esta partida de mus.
  • ¡Yo voy con Pedro! – señala Félix situándose frente a él.

Carlos y Óscar forman así la otra pareja. Antes de sentarse, Félix enciende el televisor, desde donde empieza a oírse la tertulia de “Al rojo vivo”. Una tertulia que en ese momento profundiza, reitera y, sobre todo, da vueltas en círculos a los hechos conocidos la semana anterior sobre la investigación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y sobre el registro de la sede del PSOE por la UDEF.

  • ¡No sé si el Perro se va a librar de esta! – asegura Pedro mientras escucha a Ferreras hacer como que se echa las manos a la cabeza ante todo lo acontecido.
  • Yo creo que el Perro tendría que dar la batalla – confirma Óscar, mientras lanza una seña cerrando los ojos.
  • Mus – dice Pedro.
  • El problema no es él, sino el PSOE. También soy mus – afirma Óscar.
  • ¡Mus! – añade Félix.
  • Pues yo corto el mus y envido a grande – afirma con vehemencia Carlos. – Es sorprendente todo esto, teniendo en cuenta el buen estado de nuestra economía y los buenos datos de nuestra recaudación tributaria, que ha reducido nuestra deuda soberana a la mínima expresión. Órdago a grande.

Sin que ningún otro de los jugadores ejerza el turno de réplica, Carlos domina todos los lances y sitúa a su equipo por delante con un buen botín de puntos.

  • Has estado algo frío en esta ronda, Pedro – señala Félix, con gesto de cierta preocupación. – Te noto demasiado pensativo.
  • La reflexión de Carlos se ha quedado dando vueltas en mi cabeza, Félix, por lo paradójico que es vivir en el mejor de los tiempos y a la vez en el peor de los tiempos. Las palabras de Dickens vienen una y otra vez a mí, atrapado como me siento en una época en la que seguimos allí, pero que tal vez ya no es la nuestra.
  • Todos hemos pensado eso alguna vez pero queda mucha tela que cortar todavía y mucho que repartir – asegura Óscar. – Por cierto, ¿repartes, Carlos?
  • ¡Voy! – responde.

Y las cartas caen de nuevo sobre ese viejo tapete que tantas veces les ha unido anteriormente, estableciendo entre ellos un vínculo estrecho y solidario.

  • ¡Gracias, Carlos! – contesta Óscar mientras las recoge con rapidez. – Ahora era yo el que pensaba en tus palabras y la verdad es que creo que hemos perdido un poco el rumbo. Entre pantallas, engaños, medias verdades y dar vueltas a las cosas sin parar, acabamos haciendo un drama de todo, nos perdemos en hechos que no han sido probados y, entretanto, olvidamos lo bien que estamos. Yo creo que justamente es eso lo que muchos quieren. ¡Hay que saber reaccionar! ¡Hay que ser más valiente! ¡Hay que salir ahí y decir de una vez las cosas por su nombre y contestar a tanta desvergüenza! De momento soy mus.
  • Yo tengo compañero – manifiesta Félix. – Y estoy de acuerdo contigo, Óscar, en que, si además de que la prensa te pone fino, ofreces la otra mejilla, lo más probable es que acabes con la cara como un tomate. Pero si devuelves el golpe, todo deriva en una reyerta interminable y nos convertimos en espectadores permanentes de una pelea infinita.
  • ¡Mus! – anuncia Carlos.
  • Pues yo voy a envidar a grande – adelanta Pedro – y te voy a decir, Félix, que creo que tu conclusión es muy pertinente. Al final el escenario que se acaba dibujando no solo construye lo que vemos, sino también lo que pensamos y como percibimos la realidad.
  • Una realidad económica magnífica, marcada por el superávit, pero completamente relegada a un tercer plano – insiste Carlos. – Las veo y 15 más.
  • ¡Madre mía, pues no voy a ir, Carlos! – responde Pedro. – Entre las cartas que llevo y el mal cuerpo que se me está poniendo entre la lectura de la mañana y las voces de los tertulianos, me entran ganas de tirar la toalla.
  • ¡No te rindas, Pedro! – exclama Félix.
  • ¡La rendición siempre es una debilidad! – sentencia Óscar.
  • La vida es como la economía, Pedro. Aunque vayas perdiendo, siempre hay un indicador sobre el que impulsarte de nuevo – expone Carlos.

Los tres observan con atención a Pedro, quien se mantiene con la cabeza baja y la mirada concentrada en las cartas.

  • ¿Sabéis que os digo?  Que tenéis razón, así que se acabó. ¡Órdago a chica! – grita Pedro.
  • ¡Lo veo! ¡Lo veo! – responde Carlos. A continuación dobla su mano para mostrar tres ases. – ¡Cómo te he pillado, Pedro!
  • No amigo, has caído tú —revela Pedro sorprendentemente. Y con una leve sonrisa y una lentitud exasperante deja deslizarse una a una sus cartas sobre la mesa, exhibiendo así nada menos que cuatro ases.
  • ¡En fin! ¡Como habéis caído! Siempre os pasa igual. ¡Hago como que flojeo un poco y ya pensáis que me tenéis, cuando en realidad mi única duda era si ganaros a Chica o a Pares!
  • Vaya liante. ¡Eres el mejor, Pedro! – celebra Félix.
  • ¡Cómo has picado, Carlos! ¡Así va el país! ¡Y luego dices que todo va bien! – lamenta Óscar.
  • Pues mira, Óscar, el caso es que sí, que la partida es como el país – responde Carlos. – Un mal dato o movimiento no justifica necesariamente cuestionar el estado general de la misma.
  • ¡Pero si vamos perdiendo con claridad! – grita Óscar.

Es entonces cuando Pedro decide intervenir de nuevo, sin poner esfuerzo alguno en disimular su enorme satisfacción.

  • El mus nos enseña, Óscar, que a veces cuando vas ganando, parece que vas perdiendo, y cuando vas perdiendo, parece que vas ganando. Lo importante es que resistir en medio de la vorágine no se convierta en un acto desesperado, sino en un acto verdaderamente identitario. Hay que hacer de la resistencia una característica propia y también hay que esperar el momento más adecuado para hacer de la fuerza que nace de ese espíritu de resistencia un auténtico ariete. Es por ello por lo que absolutamente todo el mundo, antes de que llegue su final, puede acabar encontrando su gran oportunidad. ¡Venga! ¡Reparte Félix, que seguro que todos esos que están en el edificio de aquí al lado dando voces no se lo pasan tan bien como nosotros!

Y una enorme carcajada resuena por toda la estancia.