Carlos Hidalgo
Pasó lo que tenía que pasar. Susana Díaz fue a las primarias sobreestimando sus fuerzas y perdió. No hablo de 2017, hablo del domingo pasado, cuando la todavía secretaria general de los socialistas andaluces se presentó para renovar su candidatura a la presidencia de la Junta de Andalucía y perdió frente al alcalde de Sevilla, Juan Espadas.
No será porque no se lo hubieran advertido. Después de querer colocar a Pedro Sánchez como líder interino para frenar a Eduardo Madina, después de forzar la dimisión de Sánchez con una maniobra de aparato que partió en dos al PSOE y lo sumió en su crisis más grande desde la democracia, después de hacer una mala campaña para ser la secretaria general y perder humillantemente frente a Sánchez, después de una campaña aún peor para la Junta de Andalucía, donde perdió frente a un anodino Moreno Bonilla, Susana Díaz aún estaba convencida de su infalibilidad y de la de los miembros más obtusos e incompetentes de su equipo. Sigue leyendo