Juanjo Cáceres
A punto de cumplir un año del inicio del confinamiento, parece mucho mayor el tiempo transcurrido desde entonces. Lo recordaba el lunes, con motivo del 8M. Las actividades del 8 de marzo de 2020 se desarrollaron sin apenas percepción por parte de gran parte de la población de que un grave riesgo sanitario se cernía sobre nosotros y unos días más tarde todos nos veíamos confinados en nuestros domicilios, con los hospitales llenos y con la movilidad muy reducida. Lo que vino después, como se dice habitualmente, es historia, una historia atravesada por varios traumas de los que no hemos siquiera empezado a recuperarnos.
Un año después de todo aquello hemos comprobado las elevadas capacidades científicas y técnicas alcanzadas por la humanidad, que en un tiempo récord ha puesto sobre la mesa diferentes vacunas, ha empezado a producirlas y avanza, no sin dificultades, en un proceso de inmunización masiva. No son pocos los que lamentan los retrasos o el incumplimiento de unos calendarios de vacunación demasiado optimistas, sin tener en cuenta que nuestra capacidad de innovación científica no va acompañada de una misma capacidad de ejecución productiva. tras décadas de expansión de los servicios y de encogimiento de los sectores industriales. No obstante, la velocidad está siendo realmente de crucero y los que todavía exigen más y más, creo que no son del todo conscientes de hasta que punto han brillado realmente nuestras capacidades de innovación para dar con una respuesta inmunológica a la Covid-19. Sigue leyendo