No darás falso testimonio ni mentirás

Senyor G

El otro día no sé dónde leí o escuché que es difícil saber qué es la verdad, pero sí qué es la mentira. Al final todo es cuestión de acuerdos empezando por las definiciones. También me es fácil leer todo lo que nos mienten nuestros enemigos. Nosotros somos la Unión Europea y nuestros aliados económicos y militares. Es una cosa que preocupa a nuestro ministro de exteriores europeo sobre todo por el impacto de las mentiras de los otros por eso es de exteriores. Si le preocupasen las mentiras propias sería del interior.

Aquí siempre nos dijeron la verdad, no hubo fake news ni mentiras nunca. A nosotros nuestros gobernantes y aristocracia económica siempre nos han dicho la verdad. Siempre, la mentira y el engaño nos viene de fuera, menos de nuestros aliados. El siempre y el nunca siempre acaban siendo fáciles de ver que son un engaño, solo nos hace falta un contraejemplo. Sigue leyendo

Hawkman go home!!

Julio Embid

La semana pasada en una entrevista sobre superhéroes para un periódico me preguntaron por qué los héroes y villanos actúan en la actualidad como los movimientos políticos actuales. Comenté que la historia de los superhéroes de cómics y películas es la historia de los EEUU y que, aunque en la actualidad tengan una influencia global y cualquier niño desde Buenos Aires hasta Maluenda sepa quién es Clark Kent, estos personaje forman un panteón propio, la mitología estadounidense. Así, si los primeros superhéroes de éxito, Supermán y el Capitán América luchaban contra los nazis (e incluso abofeteaban) a Adolf Hitler, con los años pasaron a luchar contra el comunismo, contra el islamismo y en la actualidad contra el iliberalismo reaccionario. Forman parte de la industria cultural más importante del mundo y por eso casi siempre navegan con el viento a favor. Contracultura es aquello que no les gusta a tus padres, esto ya no lo es.

Ayer fui al cine a ver la nueva película de superhéroes de este mes, “Black Adam” protagonizada por el actor ultramusculado Dwayne Johnson y desde luego, tras un caldero de palomitas y un bote de refresco, tengo que reconocer que me lo pasé bien y disfruté las dos horas. Sin embargo, sin ser digna de alabanza en premios y crítica profesional, tengo que reconocer que pude extraer dos conclusiones políticas que quisiera compartir con ustedes. Sigue leyendo

El mal perder

Carlos Hidalgo

En el momento en el que escribo estas líneas, Luiz Ignacio Lula da Silva aventaja por poco más de un punto a Jair Mesías Bolsonaro. El problema está en que Bolsonaro lleva un tiempo afirmando que no reconocerá ningún resultado que no sea una victoria suya, lo cual trae muy malos presagios a todo al mundo, recordando a lo que ocurrió en los Estados Unidos cuando Trump instigó a un montón de paletos armados a asaltar la sede de la soberanía popular. Que la policía brasileña haya impedido activamente el voto en zonas favorables a Lula, hace que los presagios sean más oscuros todavía.

El pasado militar de Bolsonaro hace que automáticamente se suponga que los militares le apoyarán. Lo cual no tiene por qué ser necesariamente cierto, ya que Bolsonaro, en estos cuatro años, ha nombrado a militares para las tareas más ingratas, en las que se han quemado con escasos honores. Así que es posible que los militares estén un poco hartos de su excamarada. Sigue leyendo

Dando tumbos

Arthur Mulligan

El larguísimo episodio que nos martiriza desde Cataluña con sus negociaciones, sus duelos, sus acercamientos, sus reencuentros, sus naderías, sus peticiones de fondo y sus amenazas es agotador y desde luego propongo no entregar un solo euro, y que se arreglen con lo que les corresponde.

Eric Hobsbawm afirmaba que “la historia era la materia prima de la que se nutren las ideas nacionalistas, étnicas y fundamentalistas, del mismo modo que los adormideras son el elemento que sirve de base a la adicción a la heroína”.

El pasado es imprescindible para los nacionalismos; el pasado legitima, y cuando no hay uno que resulte adecuado siempre es posible inventarlo. Sigue leyendo

Reformas o barbarie

Juanjo Cáceres

Según datos del Ministerio de Trabajo, en los nueve primeros meses del año se han realizado 5.250.437 contratos indefinidos, lo que representa una variación positiva de 3.792.357 respecto a 2021 o, en cifras relativas, un incremento del 260%. Del mismo modo, los 8.921.567 contratos temporales registrados en el mismo periodo, representan una reducción respecto al ejercicio anterior del 27,65% o, lo que es lo mismo, en casi 3,5 millones de contratos temporales nuevos.

El hecho de que en 2021 se dejasen notar con mucha más fuerza los efectos de la pandemia sobre la contratación o el que la reforma laboral haya convertido en una categoría relevante a los fijos discontinuos, no desdibuja el cambio profundo que ha sufrido la estructura del trabajo en España tras esa reforma, cuyas cifras seguirán impactándonos durante lo que resta de año, dados sus potentes efectos sobre el mercado laboral. Tampoco lo hace el freno a la contratación que se ha observado en el históricamente peor trimestre para el empleo, en la medida en que el paro se ha situado en cifras en porcentajes que oscilan entre un 9 y un 12% inferiores respecto al mismo mes del año 2021. Sigue leyendo

¿Mujer tenía que ser?

Carlos Hidalgo

Ayer juró el cargo la nueva Primera Ministra de Italia, Giorgia Meloni. La primera mujer en ocupar el cargo, pero no la primera persona de ultraderecha que lo detenta. Sea como sea, la elección de Meloni deja a España como el único de los cuatro grandes países de la Unión Europea (Alemania, Francia, Italia y nosotros) en el que ninguna mujer ha encabezado el gobierno. ¿Cómo es posible esto?

La cosa puede explicarse, a grandes rasgos, por dos motivos: uno malo y uno bueno. El bueno es que España ha demostrado ser muchísimo más estable que el resto de los países, por lo que la rotación de candidatos es mucho menor. Aquí sólo se ha derribado una vez al Gobierno por moción de censura, por lo general los grupos parlamentarios son disciplinados y, además, nuestro sistema electoral evita una excesiva fragmentación, pero sin castigar al pluralismo. Por ese motivo, las candidaturas duran más y los gobiernos tienden a ser más estables. Eso, aunque positivo, no deja de hacer que el posible ascenso de una mujer a la candidatura a la Presidencia del Gobierno sea un camino, no sólo trabajoso, sino desesperadamente lento. Sigue leyendo

Poca policía (local), mucha diversión (eventual)

Senyor G

En contra de ciertos tópicos yo también echo de menos más Guardia Urbana por mis barrios. No de cualquier modo, sino paseando y enterándose de las cosas que pasan a pie de calle. No como mucho desde un coche o solo cuando el problema ya está creado. No por temas de seguridad, sino por el incómodo incivismo, aquellos deberían ser más cosa de los mossos, creo, y esto de la Urbana. No voy ahora a dedicarme a hacer balanzas policiales entre barrios metropolitanos y ciertas ciudades y comarcas. No lo haré.

Insisto, no creo que haya una seguridad desbordada en mi ciudad, y me imagino que tampoco en Madrid. No sé,  los 80 fueron duros en esta ciudad y en todo el país. La Modelo está cerca de aquí y aún tenemos la imagen de El Vaquilla detenido en el suelo escapando de allí y todo lo que esa imagen representaba. De los últimos años lo que noto es un pasotismo por el de al lado, y la indiferencia a pie de calle. Llámalo pasar del civismo, o de la convivencia. Pintadas gratuitas en las paredes, bolsas de basura, botellas y latas en las papeleras en vez de en el contenedor que toca; latas por el suelo, muebles en la calle cualquier día y no el habilitado para ello. Cansado de esto y de las motos (mal) aparcadas en las aceras, o directamente delante de paradas de bus, meadas y cagadas de perros (quiero creer) en la fachada de comunidades sin perros, o en los parques, donde al final hay que estabular a los niños y niñas en vez de a las perras y perros. Y porros, algunos de mis conciudadanos huelen a porro y algunas calles y parques también. ¿Podemos hablar de problema de salud pública con pipis y cacas de perro y porro? Perreros y porreros, y a veces son los mismos. No hay parques ya para infantes y jóvenes. Sigue leyendo

El Mundial de la vergüenza

David Rodríguez

 En el año 2010 mucha gente en Doha se echó a la calle para celebrar la designación de Catar como sede del Mundial futbolístico del presente año. Esta elección no estuvo exenta de polémica, pues no se trataba de un país con una gran tradición en el deporte Rey, pero se impuso a otras posibles candidaturas por la influencia de los petrodólares, que además habían de servir para tratar de lavar la imagen de un emirato con palpables problemas en cuanto a la defensa de los derechos humanos.

El 20 de noviembre comienza a rodar el balón, y la controversia se ha hecho mayor cuando se ha sabido que miles de trabajadores inmigrantes han muerto en Catar a consecuencia de las obras de construcción de los estadios, con condiciones infrahumanas en cuanto a jornadas y temperaturas, y con una enorme opacidad en cuanto a las cifras concretas de víctimas mortales, que una investigación de The Guardian cifra al menos en 6.500[1]. Sigue leyendo

Borrell y las broncas

Carlos Hidalgo

Desde siempre, Josep Borrell se ha caracterizado por dos cosas: su enorme inteligencia y su no menos enrome arrogancia. Como toda persona brillante, el político catalán ha pecado y peca en demasiadas ocasiones de una impaciencia notable con quienes no cree capaces de seguir sus razonamientos y unos modos que rayan con la abierta grosería. En la prensa es temido porque puede tomarse a mal hasta un simple “buenos días, señor Borrell”. A la vez, como es sabido, esa mezcla de brillantez y arrogancia le pueden llevar a desconexiones puntuales con el mundo real, que provocan cosas tan, en apariencia contradictorias, como que le estafen en un chiringuito financiero, como de hecho ocurrió.

Dicen en la familia Solana Madariaga, que algún personaje importante ha dado al mundo, que la gente así es buena para el prójimo, pero mala para el próximo. Esto es; que puedes evitar una guerra nuclear, pero que a la vez eres el pariente más detestado en las cenas de Navidad. Y me da que esa descripción puede encajar bastante bien al jefe de la diplomacia y de la política europea de Defensa. Sigue leyendo

El volcán de la economía

Arthur Mulligan

Hay conceptos, como populismo, cuya utilidad o validez como categoría de análisis para describir ciertos fenómenos políticos no siempre es evidente, debido a la multiplicidad y diversidad de definiciones contradictorias que se han utilizado para dilucidar su significado. Así ocurre también con el liberalismo. La libertad, al igual que la democracia, tiene una potencia moral tal que nadie quiere renunciar a ella como elemento central de su ideología. Muchos se dicen o son considerados liberales y sin embargo hay desacuerdos profundos entre ellos respecto de temas fundamentales, como, por ejemplo, los márgenes y fronteras de tolerancia o cuánta libertad individual es preciso sacrificar por el hecho de ser parte de una comunidad.

Isaiah Berlin afirma que los historiadores han documentado al menos 200 maneras de usar el término. Ahora bien, como dice él, esta confusión conceptual es muy equívoca, porque «la libertad es libertad, no es igualdad, equidad, justicia, felicidad humana o una conciencia tranquila». Decía más cosas, muchas más, al igual que los que se definen como progresistas y establecen una línea divisoria entre liberales progresistas y liberales conservadores y así en cuantas cuestiones políticas o sociales se aborden desde un punto de vista que no quiere renunciar – tanto a derecha e izquierda – al peso virtuoso que incorporan. Sigue leyendo