La cutrez

Carlos Hidalgo

Cuando se habla de delitos de corrupción muchas veces se piensa en inteligentes tramas de cientos de millones de euros que van a parar a los bolsillos de unos pocos. Pero la mayor parte de las veces los casos de corrupción se dividen en dos clases: temas involuntarios, como concesiones dadas a dedo por políticos ignorantes y con prisa que no entienden los reparos de la Intervención, o en casos deliberados, en los que los corruptos cobran por intermediar, por dejarse querer y a veces por comprometerse a solucionar un problema que no solucionan.

El llamado Caso Mediador no es de los involuntarios. Es de una trama organizada para cobrar comisiones por intermediación por supuestos favores políticos. Pero es cutre, ordinaria y salchichera de principio a fin. Los implicados hasta ahora cobraban cantidades que nunca llegaban a las seis cifras y se vendían fácilmente por comidas de lujo, fiestas terriblemente chabacanas, cajas de puros, quesos, drogas y prostitutas gratis. Cutre, sórdido y lamentable. Sigue leyendo

El wokismo, un delirio legal

Arthur Mulligan

 

Con la aprobación de las últimas leyes del Ministerio de Igualdad el desembarco del movimiento woke se ha hecho más visible si cabe, emitiendo luz propia desde el BOE para despertarnos con su sueño dogmático, sueño ligero habría que decir, porque ya ha comenzado a causar problemas prácticos y amenazas en ciernes de predecibles consecuencias. Pero ¿qué es el movimiento woke? En su formulación más breve, es un movimiento con bases americanas que parece estar afectando a sistemas inicialmente libres como la educación universitaria, o el ámbito personal tanto de anónimos como de personalidades públicas por medio de la censura de opiniones y contenidos, limitando tanto la libertad de expresión como el flujo de ideas dentro de las democracias.

Sentó sus bases al otro lado del Atlántico y luego llegó a Europa; no importamos un debate específico de los Estados Unidos sino una moda ideológica que primero establece un paradigma cultural a partir del cual se tiende a silenciar las opiniones que consideramos inoportunas o inmorales. La novedad respecto a la cultura de cancelación tal y como la conocemos ahora es que se hace en nombre de una supuesta idea del bien, de alejar las voces discrepantes, silenciarlas y pasar una factura por errores que a lo mejor se cometieron en el pasado y que sobre todo tienen poco que ver con la intención de la persona cancelada. Evidentemente no es lo mismo cancelar a una persona por una agresión sexual, cosa que está ampliamente justificada y ante la que la ley actuaría, que cancelar por un comentario erróneo, mal interpretado o sacado de contexto. Sigue leyendo

El año ucraniano

Juanjo Cáceres

Cualquiera que ha estado en combate sabe de los nervios previos a la batalla. Esa interminable espera, que desemboca en un choque a vida o muerte, pone siempre a prueba la templanza de los guerreros, sea cual sea el enemigo que se encuentre enfrente. En Ucrania lo saben perfectamente, un año después de un conflicto que, presuntamente, casi nadie esperaba. Una guerra que además se está alargando mucho más allá de lo previsto por los agoreros que acompañan cualquier guerra, según los cuales “la guerra no puede durar”. Más teniendo en cuenta que en este caso se habían producido “las sanciones más duras de la historia” contra Rusia y se daba por hecha la derrota efectiva de Putin desde las primeras semanas del conflicto, gracias a la resistencia del país ucraniano. Todo esto sucedió, no obstante, después de otra serie de pronósticos fallidos, según los cuales Rusia no atacaría y en caso de hacerlo, sería un paseo militar.

Un año completo ha pasado y lo único que ha quedado demostrado es también lo habitual en cualquier tipo de conflicto: que estamos instalados de lleno en la propaganda bélica y que no está nada claro cómo vamos a salir de la guerra. Según algunos no tenemos de qué preocuparnos, porque el final de la guerra es una cuestión prácticamente administrativa, dado el agotamiento económico y militar de Rusia, y los rusos ya están que no pueden más. Pero otros alertaron hace algunas semanas de que vienen meses difíciles, con una gran ofensiva en ciernes, que está haciendo reclamar a los ucranianos tanta ayuda militar y tan rápidamente como sea posible. Seguramente, también, porque la moral y las fuerzas de los ucranianos están como están. Y también hay voces que apuntan que Putin está dispuesto a todo con tal de alzarse con una victoria o una paz ventajosa. Sigue leyendo

El ego como política

Carlos Hidalgo

La política es extraña y a veces cruel. En cierta manera se parece al fútbol, cuando uno llega a primera división es una estrella y no hay nadie mejor. Pero cuando te vas de ella, siempre es entre abucheos del público. A veces, con el paso del tiempo, se te recupera, se te hacen homenajes y se recuerdan tus grandes jugadas. También hay quien iba para figura y se queda por el camino. En algunos casos merecidamente, debido a la mala cabeza del aspirante a estrella y en otros inexplicablemente, o porque simplemente hay figuras mayores, que no dejan que uno que luzca y cuya sombra tapa al resto.

Eso se puede llevar mejor o peor. En política se suele llevar muy mal. Hay quien se cree imprescindible, necesario, más listo que el resto y la frustración se acumula al ver que otros más astutos, menos talentosos o más afortunados ostentan los puestos a los que uno se cree destinado. Y esto es especialmente doloroso cuando cree que merece mucha atención y no cree recibirla. La transición fue uno de esos momentos en los que muchos que se veían predestinados a altos destinos se vieron de repente relegados. Y dejó a un gran número de perdedores. Entre las personas del régimen y entre los de los partidos democráticos. José María de Areilza, Pablo Castellano, Rodolfo Llopis, Alonso Puerta o Ramón Tamames, entre otros. Con añadidos posteriores, como José Luis Corcuera o Joaquín Leguina. Sigue leyendo

Un año de la invasión rusa

LBNL

Los combates continúan en el Este ucraniano pero, contra lo que suele pasar, los medios de comunicación siguen informando tanto de las novedades en el frente – últimamente pocas – como de las intensas maniobras diplomáticas, que no cesan pero que, de momento, no apuntan hacia la paz sino todo lo contrario. Me fascina escuchar los llamamientos a una solución diplomática de algunos de nuestros destacados convecinos, en España y otros lares. Dejando de lado su adscripción ideológica – generalmente tanto de izquierda profunda como de derecha extrema – no parecen reparar en que Putin y sus adláteres niegan completamente cualquier “solución diplomática” que no incluya la anexión rusa de al menos cuatro regiones ucranianas. ¿A santo de qué? Porque son suyas, lo han sido siempre y deben seguir siéndolo, con independencia de que más de la mitad de sus pobladores – ruso-parlantes la inmensa mayoría – no quiera pasar a formar parte de Rusia y esté dispuesta a combatir para impedirlo. Ucrania se mantiene también en una posición maximalista: nada que negociar hasta que no recupere todo su territorio. Pero es obviamente injusto, además de falaz, equiparar al que quiere arrebatar territorio por la fuerza con el que se resiste a que se lo quiten. La equidistancia se explica en gran medida, a mi entender, por prejuicios de partida. Para los izquierdistas “profundos” Rusia viene a ser la heredera de la Unión Soviética, que ayudó a la República, y sus los países vecinos siempre han sido parte de su imperio o zona de influencia por lo que la invasión no es en realidad tal. La derecha extrema es mucho más aguda y tiene claro que Putin es la encarnación de los valores morales más rancios – homofobia, religiosidad mezclada con el poder, autoritarismo, represión de todo lo que molesta a las “personas de bien” – y encima ayuda activamente a sus compañeros ideológicos allende sus fronteras. Lamento que sea así, pero en esto me parece mucho más coherente Abascal que Iglesias, por ejemplo. Sigue leyendo

¿En la costa a costa de quién?

Senyor G

Con mis rudimentarios conocimientos de economía, sé que medimos la riqueza de las naciones por una cosa llamada Producto Interior Bruto, que viene a ser lo que se compra y se vende en un país. Es la única manera de poner valor, darle precio. Pero claro todo es relativo, si mis padres o mis vecinos cuidan de mi hijo un par de horas no creo valor económico, en cambio si contrato a una persona o a una empresa una sola hora, ahí ya aumento el PIB pero mis necesidades son menos cubiertas. Aumenta el PIB a mi costa y el resto de beneficios no podemos valorarlos, ni falta que hace.

La semana pasada nos volvimos a encontrar con una nueva propuesta de un grupo de expertos de Foment del Treball Nacional o Fomento de Trabajo Nacional, para reabrir el tema de la ampliación del aeropuerto de El Prat. No sé si tenían hablado salir a la palestra aliados con las propuestas del PSC para cerrar el acuerdo presupuestario con ERC en la Generalitat de Catalunya o cada uno va con sus propuestas por su lado como los revolucionarios de Pancho Villa. En cualquier caso siguen como Paco Martínez Soria en Don Erre que Erre. Sigue leyendo

¿Recuerdan ustedes a Pablo Casado?

Carlos Hidalgo

Cuando terminó el reinado del faraón Akenatón, sobre el 1335 antes de Cristo, los faraones siguientes se encargaron de borrarle de todos los registros. Su gran crimen, por lo que parece, fue decretar el fin del politeísmo del antiguo Egipto y establecer el culto a un único dios, llamado Atón. El caso es que su tumba se ocultó, se borraron sus registros y no se le volvió a mencionar, por lo que fue tardíamente descubierto por los historiadores y arqueólogos. Y su sarcófago definitivo, casi anónimo, se ha descubierto hace poco.

Ayer hizo un año del descuartizamiento público de Pablo Casado por parte de su propio partido y El País ha publicado una excelente reconstrucción de los hechos hecha por parte de Javier Casqueiro. En ella se puede ver cómo los que ahora han son Feijóoistas de toda la vida aplaudían fervorosamente a Casado cuando este denunciaba la vinculación del hermano de Ayuso con los contratos millonarios de mascarillas. Sigue leyendo

Frankenstein se humaniza

Arthur Mulligan

Por fin en el PSOE se han dado cuenta de que Pedro Sánchez es antipático para la mayoría de españoles y han decidido sacarlo a pasear entre amigos y compañeros del partido. Antes intentaron la maniobra inversa con el acarreo de una cincuentena de personas dotadas con el inconfundible paquete genético del partido, quienes preguntaron al presidente en Moncloa cuanto querían sus asesores, pero no funcionó por falta de realismo; ahora juega a la petanca, visita librerías y comparte un café con dos jóvenes en Parla: “Mirad, mañana aprobamos en el Gobierno (de la gente) una subida del SMI. Por cierto, qué grande es Parla, nunca lo hubiese imaginado”.

Como un actor pésimo y desgarbado, se inclina en el sofá de sus jóvenes seleccionados y no les convence de nada, aunque sea para que compren una enciclopedia, porque entre flashes y cámara no le da tiempo para mirar a la cara de sus interlocutores. Cae fatal y se le nota en la agitación nerviosa de las últimas semanas en las que pocas cosas le salen bien porque entre Patxi y Félix manejan con una torpeza proverbial las relaciones del gobierno con el Parlamento. Sigue leyendo

Nuestro mundo en 1873: la primera república española 150 años después

Juanjo Cáceres

Dante Alighieri escribió en su día unas palabras que no pueden ser borradas: “Antes de mí tan solo se crearon cosas eternas, y yo eterna duro. Dejad toda esperanza los que entráis”. Este fragmento de la inscripción grabada en la puerta del Infierno, bien puede servirnos para resumir cómo nos toca contemplar la experiencia republicana vivida en España, sobre todo, durante el año 1873. No queda otra que abandonar la esperanza de entenderla, entre otras cosas porque nadie ha intentado nunca que la comprendamos, pese a que la década de 1870 fue una década decisiva para nuestro país. Una década en que los procesos de transformación abiertos por la revolución de septiembre de 1868 van a culminar en la restauración de la dinastía borbónica. Antes de llegar a ella, el régimen republicano acabará siendo descartado como forma de gobierno. Después de dicha restauración, reaparecerá de nuevo la república, esta vez tras un periodo dictatorial, que a su vez concluirá con el inicio de otro larguísimo régimen dictatorial. Y tras este, una vez más, la restauración borbónica: primero a manos de nuestro último dictador; después, mediante el referéndum constitucional de 1978. Sigue leyendo

Diálogo con una inteligencia artificial

Carlos Hidalgo

Como la impresionante manifestación de ayer fue descalificada como “política” por el PP madrileño, decidí preguntar a una inteligencia artificial por los motivos para defender una sanidad pública. Al fin y al cabo, una IA está desprovista de sentimientos y de prejuicios humanos. Esto es lo que me dijo:

La sanidad pública es un derecho fundamental para cualquier persona y una parte integral de un sistema de atención médica eficiente y justo. Con una atención médica gratuita y universal para todos, la sanidad pública permite a las personas obtener los cuidados médicos necesarios sin preocuparse por los costos y sin ser discriminadas por su estatus económico o social.

Además, la sanidad pública es una inversión en la salud de la población y en el bienestar a largo plazo de un país. Al prevenir enfermedades y proporcionar tratamiento oportuno, la sanidad pública mejora la productividad y reduce los costos relacionados con la atención médica a largo plazo. También puede ayudar a reducir la desigualdad social y mejorar la calidad de vida de las personas. Sigue leyendo