Ignacio Sánchez-Cuenca
Hay algunos parecidos inquietantes entre lo que sucedió con el Estatuto catalán y lo que parece estar sucediendo ahora con el proceso de paz. Con el Estatuto se crearon altas expectativas. ParecÃa que tanto el Gobierno de Zapatero como la Generalitat de Maragall estaban dispuestos a desatascar algunos problemas seculares de la relación entre España y Cataluña. Se hablaba de un modelo federal, asimétrico, en el que se acordara una condición especial a las comunidades históricas con lengua propia. De ahà la insistencia en el reconocimiento de la nación catalana. No voy a entrar en si aquellas demandas y expectativas estaban justificadas. El caso es que llegaron a darse. A partir de ese momento entramos en una fase, digámoslo suavemente, de turbulencias polÃticas. Los detalles de aquella aventura se han analizado con detalle en este blog en dÃas anteriores. El PSC fue demasiado lejos y el PSOE se vio forzado a echar el freno. Al final se armó un ruido enorme para acabar con un Estatuto que quedaba lejos de las aspiraciones de los representantes catalanes. Ni atisbo de la solución federalizante, ni reconocimiento de la nación catalana.