La respuesta esperada

Carlos Hidalgo

El otro día pedí a Aída Dos Santos que escribiera para este, nuestro querido blog. Aída, que como mujer joven se enfrenta cada día a varias situaciones que los hombres no vemos, ni siquiera concebimos. Para decepción mía (y de Aída) los comentarios que recibió su artículo fueron los mismos comentarios que reciben todas las mujeres que se quejan de ser tratadas injustamente: exageras, son cosas puntuales, ya será menos. Entiendo muy bien esa clase de comentarios porque, como hombre, sé que vivimos en un mundo muy diferente al de las mujeres. Aunque mi decepción (que no extrañeza) vino más por el alto concepto que tengo de los lectores (y de las lectoras) de este blog.

Los hombres vivimos en un mundo injusto, sí. Todos sufrimos alguna clase de injusticia a lo largo de nuestras vidas. Pero, de verdad, no vivimos el grado de acoso y menosprecio habituales de las mujeres. Y, sí, es verdad que no todos los hombres incurrimos en esos comportamientos, pero dejadme que os diga una cosa: todas las mujeres los sufren. Todas. Todas. Y si no, preguntad a vuestro alrededor. Sigue leyendo

¿Paz, guerra fría o caliente?

LBNL

Porque estas son las opciones con Rusia si bien la primera – una paz armoniosa – parece imposible con un gobierno que asesina, encarcela y tortura a sus opositores no violentos – ¿recuerdan a Navalny que sigue pudriéndose en alguna cárcel remota tras sobrevivir a un envenenamiento con Novichok el años pasado y todo ello solo por denunciar a Putin como corrupto? ¿O al ex agente de inteligencia militar ruso Skripal que en 2018 sobrevivió de milagro a un envenenamiento con Novichok en Reino Unido que acabó por accidente con la vida de dos indigentes? ¿O al ex agente del KGB Litvinenko, que murió en Londres en 2006 tras tomar un té aderezado con Polonio radioactivo? ¿O a la activista democrática Politovskaya que sobrevivió al envenenamiento en 2004 pero no a los disparos de bala en 2006? ¿O al político Nemtsov asesinado a tiros en Moscú en 2015?

Entre las dos opciones restantes, es obvio que la guerra fría es menos mala que el conflicto bélico. Peor no está claro que vayamos a poder evitarla. En los últimos días Putin y su ministro de Exteriores Lavrov, han explicado claramente qué pretenden con la masiva movilización militar que han preparado en las inmediaciones de Ucrania. Ucrania ha sido siempre rusa – han venido a decir – y su entrada en la OTAN o su rearme por “el Oeste” son casus belli. En abril Putin ya montó otra movilización militar de importancia y Biden accedió a reunirse con él en Ginebra, entre otras cosas para amenazarle de que se le iba a caer el pelo si Rusia no cesaba en sus dañinos ataques cibernéticos. Cuya “paternidad” Putin negaba y siguió negando, pero que cesaron… Pero Putin percibe que EE.UU. no está cumpliendo y viendo que Ucrania no cede sino que redobla sus esfuerzos contra la “rebelión” pro-rusa en Dombás, ha vuelto a las andadas. Conclusión: nueva “Cumbre”, esta vez telemática, el martes, que esperemos consiga al menos evitar una cruda guerra convencional en Europa a finales de enero, que es cuando las tropas rusas estarán listas para invadir. Sigue leyendo

Simbiosis parasitaria

Arthur Mulligan

Nada más querido que los paisajes y paisanajes de una vieja nación cuando nos damos cuenta de que ya hemos sido calcinados por la costumbre de su presencia; que la unión sagrada entre los vivos y los muertos habita entre los muros levantados después de las viejas batallas ya lejanas pero que nos construyen, porque somos tiempo y nos alimentamos del tiempo; cuanta más hambre tenemos, más se debilita la fuerza salvadora de la racionalidad y vuelve su mirada hacia los graneros del cálido país de nuestra infancia en donde no llega la capacidad logística de todo un Amazon.

Y cuando ya creíamos estar apaciblemente tranquilos en nuestras ensoñaciones aparecen los molestos vecinos internos a quien nadie había molestado, las figuras severas de la discordia: «España», dicen, «ha oprimido históricamente a vascos y catalanes, explotados en su riqueza y despreciados en su identidad cultural». Sigue leyendo

La mujer en política

Aida Dos Santos

Aquí va un texto sobre la mujer en política. Sobre por qué la mujer está o no está en política. Sobre la mujer harta de la política, sobre la perversión de los partidos políticos y sobre los señores que en ellos se hallan.

Estas últimas semanas, estos últimos meses, voy hablando con un montón de mujeres de la periferia de distintas ciudades del país sobre sus vidas, sus experiencias, quiénes son y sus inquietudes. Entre otras cosas, les pregunto por el voto y su activismo o militancia política, otras veces, confesar sus filias y fobias partidistas es parte de la conversación. Parece mentira lo fácil que es saber de la vida de desconocidas, por teléfono, tan sólo con preguntarle si se siente identificada con Carmen Machi en el papel de Aída. Hijas del Hormigón será un libro sobre lo hartas que estamos las mujeres de barrio de los señores de barrio que no hacen los baños, pero también de las señoras del centro a las que les fregamos los baños y nos pagan en negro. Sigue leyendo

Ecos de continuidad

Juanjo Cáceres

Podría ser 31 de diciembre y apenas nos daríamos cuenta, pero no a causa de la llegada de las primeras luces de navidad. A medida que se aproxima la finalización de 2021, se va generando la sensación de que 2022 no será muy distinto. Todo hace pensar que el próximo año consistirá, básicamente, en disputar una partida con unas cartas ya repartidas en 2021 y, desde luego, en 2020, puesto que la llegada de la variante ómicron nos confirma que la pandemia sigue tan viva como el uso habitual de las mascarillas. E igualmente nos lo subraya, al menos por la parte que me afecta, la cada vez más cercana tercera dosis para los mayores de 40 años.

Ambiente, pues, de más de lo mismo y sin demasiado gatopardismo, ya que la estabilidad institucional parece que va a ser la tónica, al menos durante la mayor parte del año. Gobierno de España, parlamentos autonómicos, diputaciones y ayuntamientos van aprobando sus presupuestos 2022, conjugando pactos no inéditos, ni tampoco ya sorprendentes, porque dos ejercicios de pandemia han agotado nuestra capacidad de maravillarnos. Ahí tenemos el acuerdo entre Ayuso y Vox en Madrid. Allá tenemos a los Comunes aprobando los presupuestos de Junts per Catalunya y Esquerra Republicana en la Generalitat. A cambio tenemos al emérito líder del grupo municipal barcelonés de ERC, Ernest Maragall, afirmar primero que votará en contra de los presupuestos barceloneses, para desdecirse unas horas después y anunciar su voto favorable, fruto del acuerdo alcanzado en el Parlament y como si de un intercambio de cromos se tratase. Situaciones análogas se han vivido en otros lugares, en un periodo en que se avecina la ejecución de los proyectos Next Generation, la implementación de planes de gobierno realizados durante el presente mandato en las instituciones autonómicas y locales formadas en el año 2019 y todos esos avisos a modo de indicadores que anuncian un, tal vez, intrigante o tal vez, inquietante futuro. Sigue leyendo

Omicrón y la duda entre pasarse de listo y ser precavido

Carlos Hidalgo

La nueva variante del virus, ya bautizada por los medios como “Omicrón”, ya está aquí. Detectada primeramente en Sudáfrica, y luego en varios países más, esta nueva mutación del coronavirus Covid-19 ya es mentada como motivo de preocupación. En un desarrollo de los acontecimientos que recuerda a lo sucedido hace ya dos años, nos encontramos con unos medios que pretenden adelantarse a lo que los científicos no sabrán hasta dentro de unas semanas, a unos síntomas y a unos efectos desconocidos de un virus y a la difícil decisión de qué hacer a la vista de una posible nueva ola de la pandemia, que colapse hospitales y morgues a la vez.

Y como hace dos años, mientras todavía no sabemos qué hacer, ya hay abogados de restringir todo al máximo, volver a activar confinamientos y cuarentenas y sacrificar unos días de actividad para parar el golpe. Y también, la postura de quienes defienden que la vida siga transcurriendo como siempre y que el aumento de la incidencia y de las hospitalizaciones son cosas que le pasan a otros, pero no a nosotros (seamos quienes seamos), que somos los más listos. Sigue leyendo

Bielorrusia: crisis resuelta

LBNL

Recordarán que hace un par de semanas hervían los telediarios con imágenes desgarradoras de inmigrantes hambrientos y ateridos de frío pugnando por entrar desde Bielorrusia en Polonia, Lituania y Letonia. Pues bien, la atención mediática se ha desplazado a otros focos – Omicron desde el viernes – porque la Unión Europea ha sido capaz de afrontar el desafío con determinación y eficacia, ocupándose también de la suerte de los varios miles de seres humanos engañados y estafados por el dictador bielorruso Lukashenko, con el fin de castigar a la UE por haberle sancionado por sus severas violaciones de los derechos humanos de sus compatriotas, que se rebelaron contra su último tongo electoral hace cosa de un año.

La crisis no ha terminado porque todavía quedan algunos miles de víctimas en territorio bielorruso pero, a través de las agencias de la ONU, la UE está procurándoles comida y techo y financiando vuelos de repatriación voluntaria. Igualmente importante han sido las gestiones que han conseguido drenar el flujo de migrantes a Bielorrusia desde Irak, Jordania, Líbano, Turquía y demás capitales. Los gobiernos de dichos países han cooperado y han limitado los embarques – inusualmente voluminosos tras las activas promociones “turísticas” bielorrusas – de viajeros a Minsk.  Y algunas líneas aéreas particularmente importantes – como por ejemplo Turkish Airways – también se han sumado al esfuerzo colectivo. En conclusión, la UE funciona y el último dictador europeo ha fracasado. Menos mal. Sigue leyendo

La libertad individual y el bienestar colectivo

David Rodríguez

La discusión sobre el asunto de la vacunación se está situando como un importante centro de atención durante las últimas semanas. La pandemia vuelve a avanzar con fuerza en toda Europa, y lo hace sobre todo en aquellos lugares con menores tasas de inmunización. Por fortuna, España se halla entre los países con índices de incidencia más bajos, pero en otros estados está teniendo lugar una nueva ola del virus en toda la regla. Los gobiernos occidentales comienzan a pensar en medidas para incentivar más la vacunación, que van desde la lógica de la recompensa (cerveza gratis) hasta la del castigo (no poder ir a trabajar), pasando por el famoso pasaporte covid, que no permite la realización de ciertas actividades sin disponer de la pauta completa. La confusión campa de nuevo a sus anchas, con gobernantes que expresan su malestar por la insolidaridad de algunas personas, y con colectivos que salen a la calle a protestar contra el recorte a sus libertades individuales. Sigue leyendo

Estar donde no toca

Julio Embid

Corría el año 2002 cuando un día de otoño mi compañero de piso y compañero de carrera me invitó a que fuéramos a ver una mani de la Falange contra la inmigración. En realidad, de una de las cinco o seis Falanges que se presentaban a las elecciones en Madrid y que competían por las siglas y por alcanzar el 1% de los votos. Yo, que en aquel entonces ya militaba en un partido de izquierdas, lo vi un poco raro. Primero porque mi compañero de piso era aún más de izquierdas que yo. Y no sabía muy bien por qué quería verla. Segundo porque era a media tarde en el centro de Madrid, muy cerca de la oficina donde años después trabajaría muchos años, en la Glorieta de Bilbao, y teníamos que desplazarnos de propio desde el sur para ir a verla. Evidentemente, ni compartíamos las ideas, ni nada por el estilo, pero con 19 años queríamos ver la extrema derecha de cerca, en su hábitat, libres, coreando sus mensajes. Servidor, que por aquel entonces había leído ya algunos libros sobre las diferentes extremas derechas, sabía distinguir entre fascistas, neonazis, nacional-populistas, nacional-bolcheviques, nostálgicos y casposos, pero no sabía muy bien qué me iba a encontrar dicha tarde. Total que allí nos fuimos. Sigue leyendo

¿Una Lega Anticolau?

Senyor G

Hace días que no se habla tanto de Salvini y su Lega, y parece que la representación de la derecha extrema italiana por él representada está aminorando o siendo embridada. No lo sé, pero este de la Lega es un fenómeno bastante interesante y que como mirón en Cataluña me ha ido dando algunas posibilidades de comparación, reflexión y jugueteo.

En su momento lo que ahora es la Lega nació como un partido solo para el rico norte de Italia. Se inventó, como todos una nación, e incluso llegó a jugar a la independencia y los referéndums un rato. De hecho, tenía un lenguaje y unos posicionamientos despectivos con respecto al sur de Italia que pasaban en lo más moderado por mantener que el sur, empezando en Roma, les robaba. Pero entre unas cosas y otras, alianzas con Berlusconi y otros herederos del fascismo italiano, ha llegado a ser una fuerza para toda Italia, y quitando el norte de su nombre para pasar a ser la Lega con sucursal al sur, al final es una Lega para todos. Sigue leyendo