Alarma máxima

LBNL

En Madrid y también en las playas españolas, alarmadísimas ante la horda de madrileños que se apresta a aprovechar el puente desde hoy mismo. Con el aval del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que, a instancias del gobierno de la Comunidad, ha tumbado el decreto de aislamiento perimetral de la Comunidad del gobierno central. Las decisiones judiciales se acatan se compartan o no y es posible que el decreto no estuviera tan bien fundado como debiera pero lo que es indubitado es que el Tribunal no habría intervenido de no haber recurrido Díaz Ayuso. ¿Por qué lo hizo? Esgrimió que el decreto suponía «una agresión a las competencias» (…) que «en realidad supone la aplicación de unas limitaciones propias del estado de alarma». Estado de alarma que, por otra parte, la Comunidad de Madrid podría haber pedido al gobierno central, como el Presidente del Gobierno le ofreció. Pero no, para el PP la lucha contra la pandemia en Madrid es secundaria; lo principal es evitar el marrón de tener que tomar medidas que seguirán ocasionando daños económicos a los ciudadanos y a las empresas. En otras palabras, que las caceroladas del barrio de Salamanca, Pozuelo, las Rozas y Majadahonda, municipios todos ellos caladeros electorales del PP y exentos de restricciones distritales bajo las “zonas básicas” de IDA, se las coman ellos. El gobierno central podría recurrir la decisión del tribunal y, en caso de que se ratificase, recurrir al Tribunal Supremo, subsanando entretanto las posibles deficiencias jurídicas del Decreto. Pero todo ello llevaría días, quizás semanas, y no hay tiempo. El puente empieza hoy y el éxodo de madrileños, asintomáticos incluídos, sería catastrófico para el país entero. Por eso hoy el gobierno decretará el Estado de Alarma para la Comunidad de Madrid, asumiendo el coste político de la protección del resto de España. Para que luego digan que los políticos son todos iguales y siempre anteponen sus intereses personales y partidistas al interés general. Sigue leyendo

¿Cuánto vale una vida humana?

drodrialbert

Uno de los debates que se está produciendo en torno a la pandemia del coronavirus es el del difícil equilibrio entre salud y economía. Durante los momentos más duros de la crisis institucional en Madrid, la presidenta Ayuso afirmaba que hace falta conjugar “salud y economía”1, dando por hecho que se establece un conflicto entre ambos elementos. Sin embargo, somos muchos los economistas que denunciamos que esta dicotomía es falsa2, ya que los criterios sanitarios han de ser los protagonistas a la hora de afrontar la situación, y además el seguimiento de los mismos debería llevar a una mejor situación económica a medio y largo plazo, como muestra la situación en países que han apostado por una estrategia de maximizar la erradicación del virus, por ejemplo en Nueva Zelanda, Corea del Sur, China, Japón o Islandia.

Hace unos días se tomaba la controvertida medida de reducir la cuarentena de 14 a 10 días, comenzando por Cataluña3. Algunos expertos han afirmado que esta política es correcta4, ya que el beneficio económico de acortar en cuatro días la ausencia al puesto de trabajo compensa un riesgo de contagio que es menor durante ese lapso de tiempo. Una apuesta descabellada en España, uno de los países con mayor tasa de incidencia del virus, y que es contestada por otros expertos y por la propia OMS5. Otros gestores han alegado que así es más fácil el cumplimiento del confinamiento, hecho que denota una lamentable falta de control sobre las instrucciones que debe seguir la ciudadanía. En todo caso, ese supuesto análisis coste-beneficio no existe, y cualquier economista sabe que no puede llevarse a cabo de manera simplemente intuitiva. Sigue leyendo

Y… ¿qué pasa con Ciudadanos?

Carlos Hidalgo

Hace mucho tiempo que la Comunidad de Madrid no es protagonista para bien en las noticias. Demasiado. En parte es por tener al frente de la Comunidad a una Torra castiza, Isabel Díaz Ayuso (IDA) que, como Torra, cree tener una misión cuasi divina. Y, como Torra, se creen enviados de Dios, cuando realmente son algo más parecido al asesino de la motosierra.

Pero la responsabilidad aquí no es sólo del Partido Popular, el partido que colocó a IDA pensando que no iba a gobernar y que se le había acabado la racha. IDA gobierna merced a un pacto con la ultraderecha de Vox y los autodenominados centristas de Ciudadanos, liderados por Ignacio Aguado. Sigue leyendo

Economía real

Julio Embid

El domingo fui a un centro comercial a mirar y comprar cosas. Soy de esos afortunados de clase media-alta que libran los sábados y domingos, que el fin de semana se dedica a gastar en bienes y servicios lo que le ingresan a primeros de mes en la nómina por el trabajo que realiza de lunes a viernes. Y no me quejo en absoluto. Otras personas por el contrario trabajan los fines de semana o a turnos para que una parte de la sociedad disfrute durante dos días. Soy de esas personas que está a favor de los horarios amplios (muchos días hacemos la compra de la cena en un hipermercado pasadas las 21:30 de la noche) y de la apertura de establecimientos los fines de semana. La izquierda verdadera te dice que no, que los fines de semana nada, que si los centros comerciales están matando al pequeño comercio y que si es mejor todo cerrado y a pasear por el bosque. La verdad es que yo creo que es casi como ponerle puertas al bosque (o al Amazon), ya que a través de internet uno puede comprar cualquier cosa a cualquier hora del día en cualquier lugar del mundo. Y que, desde luego, el pequeño comercio tampoco vota a la izquierda verdadera. Sigue leyendo

La mentirijilla como arma en la batalla del motor de Barcelona

Senyor G

Hace unos años, me sorprendió que el cura del funeral de mi tío dijese que mis abuelos habían decidido incorporarlo al nacer a la santa madre iglesia mediante el sacramento del bautismo y esas cosas. Me pareció que al cura le iba bien para hilvanar su discurso y alguna cosa más, y aunque podría decir que no era verdad me tenía que callar. ¿En los años 40 podrían mis abuelos haber decidido otra cosa? Mi abuelo el que estuvo en un batallón de trabajadores después de haber perdido la guerra.

Y he vuelto a pensar últimamente con los artículos de los temas de moda en los medios y debates: ocupaciones de viviendas, la defensa de la monarquía y los cambios en el urbanismo y la movilidad en ciudades como Barcelona. Muchas veces entroncando con las “fake news” y desde medios serios y publicados en papel.

No sé si les están llegando y de qué manera los “debates” en torno a los cambios en la movilidad en la ciudad de Barcelona. Lo que parece una necesidad de salud y de sostenibilidad: volver a darle al peatón más espacio en nuestras ciudades y por consiguiente ir quitando el espacio a motor, está desatando todo tipo de noticias, artículos y opiniones contra el gobierno de la ciudad de Barcelona. Sigue leyendo

Daguerrotipos durante la Gran Crisis

Arthur Mulligan

  1. La izquierda

Largo Caballero como fondo Velazqueño.

El gran historiador francés Élie Faure, para advertirnos de los rasgos decadentes e intolerantes de la España del siglo XVII, escribía: “El mundo en el que vivió Velázquez era triste. Un rey degenerado, infantes enfermizos, imbéciles, enanos, tullidos, bufones monstruosos disfrazados de príncipes, todos ellos mantenidos unidos por la etiqueta, el complot, la mentira, por la confesión y por el remordimiento”.

En aquella época era muy habitual que caballeros privados o enviados del rey se presentaran en los dantescos manicomios de la época para comprar algunos de los desdichados que habían acabado allí dentro y de este modo los escogidos se descubrían subidos a un ascensor social que, de los infiernos, les catapultaría a un hermoso mundo, bajo las luces de la vida cortesana. Sigue leyendo

Rey emérito, república y país (y III)

Juanjo Cáceres

El pasado 28 de julio presentábamos la segunda entrega de esta trilogía de reflexiones monárquicas. Casi dos meses después, con todo lo transcurrido desde entonces, puede resultar cansino volver sobre el tema: en julio no se había producido todavía la marcha de Juan Carlos de Borbón, ni habíamos asistido a ese alud de respuestas políticas a la misma, ni tampoco a la resurrección del mensaje republicano que la huida ha suscitado. Pero sí que resulta útil relacionar ese terremoto político con la robustez de la monarquía constitucional: ¿ha supuesto ese escándalo algún cambio en la agenda política del país o ha hecho vislumbrar algún nuevo horizonte? La respuesta es negativa y las causas son más que evidentes.

El fuerte blindaje de la Constitución del 78, difícilmente abordable mediante la fórmula reivindicada las últimas semanas de convocar un referéndum para decidir entre monarquía y república, no se ha visto ni mínimamente alterado. Mientras los partidos de un signo cerraban filas con la Familia Real, los de otro signo decían aquello de que “España, mañana, será republicana”, subrayando después: “Pero no hoy”. Los tiempos de Covid-19 no han propiciado manifestaciones masivas impugnatorias de la monarquía y tampoco es evidente que, en caso de darse un contexto sanitario más propicio, estas hubieran superado los compartimentos ideológicos habituales en este tipo de pronunciamientos. Sigue leyendo

Papá, ¿qué es Auschwitz?

Carlos Hidalgo

Imaginad estar pasando una tarde de domingo soleada. Yo leyendo el periódico y mi hijo de ocho años con un álbum de cromos. Y me pregunta, “Papá, ¿qué es Auschwitz?”

No es que me de miedo contestar a las preguntas de mi hijo. Quienes sois padres y madres sabéis que cada día pueden caer siete u ocho como estas. Y lo peor no es tanto que el tema sea delicado, sino el rápido repaso mental que haces para estar seguro de si sabes lo suficiente como para poder explicarlo en palabras sencillas sin decir ninguna tontería.

Como dijo J.R.R. Tolkien, los niños son pequeños, no tontos. Y aunque les falta información, su lógica suele ser impecable. Así que hay que ir dándoles las pequeñas piezas que cada uno tenemos en nuestra cabeza para explicarles cómo funciona este mundo al que acaban de llegar. Sigue leyendo

Asalto a la democracia

Natalia García-Pardo

El otro día leía aquí un artículo titulado: “Peligro de golpe y/o de guerra civil”. El articulista empezaba con la frase: “No se asusten, que me refiero a EEUU”. El susto es nuestro, comentaba yo, o por lo menos mío, que vemos cómo un presidente sin escrúpulos, Donald Trump, está dispuesto a mantenerse en el poder a cualquier precio. ¿Tan fácil era la cosa? ¿Cuatro años de su mandato han bastado para que semejante energúmeno esté poniendo en serio peligro los pilares de la democracia en EEUU? Yo estaba convencida de que existían más y mejores mecanismos de control en la democracia estadounidense. Y el establecerlos me parece la única forma de fortalecer la democracia en cualquier parte. Pero parece ser que, en este momento de la historia, desde que Trump se ha incorporado a la política los mecanismos de control están fallando en la democracia americana. Bill Clinton se refirió el otro día, en una entrevista en CNN, a la acumulación de poder como única motivación y objetivo de los actuales gobernantes de EEUU. La lucha es encarnizada. La CNN está entregada a la causa demócrata las veinticuatro horas del día. Pero también lo está la FOX en sentido contrario, una cadena que, con Trump, se ha convertido en un mero instrumento suyo. Tampoco esto había pasado nunca en los EEUU.

La campaña electoral, a solo unas pocas semanas de las elecciones presidenciales de noviembre, se ha visto zarandeada violentamente con motivo de la vacante producida en el Tribunal Supremo por la muerte de la Magistrada Ruth B. Ginsburg, el pasado viernes. El COVID pasó momentáneamente a segundo plano en la enconada batalla contra el presidente, y el candidato demócrata, Joe Biden, volcó su estupefacción ante las cámaras, tras el anuncio de Trump —nada más conocerse la noticia del fallecimiento de Ginsburg— de que va a ser él quien nombre y elija al nuevo juez o jueza del Supremo. Tiene capacidad legal para hacerlo y va a ejercerla, ha repetido desde entonces a bombo y platillo en medios y redes. Nada de esperar, o debatir al menos, si esa vacante debe ocuparse ahora, cuando solo faltan 40 días para unas elecciones presidenciales, que no sabemos si van a renovar en el cargo a Trump o, por el contrario, a quitarlo de en medio. Sigue leyendo