PermafrostÂ
Con el artÃculo de hoy me propongo concluir la serie que he ido produciendo con ritmo y fortuna desiguales. Apenas les haré soportar citas. Mi intención es exponer, a modo de epÃlogo, las ideas de base que animan mis comentarios previos. Como quizá alguno recuerde, en anteriores entregas he recogido ciertas máximas de los apóstoles de la claridad moral («todos los terrorismos son iguales», «los neocon no aceptan utilitarismos ni posibilismos», etc…) y he tratado de confrontarlas con situaciones y casos concretos en los que tales formulaciones resultan penosamente inadecuadas para proporcionar una guÃa instructiva y veraz. La apreciación subyacente es obvia: creo que la realidad, especialmente la realidad polÃtica, es bastante más ‘sucia’ y suele imponer un curso de acción que deriva de una mezcla de principios, pragmatismo, oportunidad, compromisos y concesiones. Los pronunciamientos y ostentosas declaraciones que he venido exponiendo se expresan en un lenguaje binario (inmaculada pulcritud moral / relativismo nihilista) que no sirve para describir situaciones y comportamientos verosÃmiles. De este modo, se me ocurren al menos un par problemas básicos que plantea esta orgÃa retórico-onanista de autocomplacencia neocon.