La igualdad como objetivo

Ignacio Urquizu

Si tuviéramos que elegir un principio que distingue claramente a la izquierda de la derecha, nos quedaríamos con la igualdad. Los partidos progresistas siempre han perseguido la reducción de las desigualdades sociales, mientras que los conservadores, o no se preocupaban, o lo planteaban como un acto de caridad. Pero, ¿son todas las desigualdades injustas? Y, ¿en qué tipo de desigualdades estamos pensando? Para responder a estas preguntas tenemos que pensar primero en qué instrumentos tenemos para combatir la desigualdad. Las políticas que tratan de reducir las diferencias sociales pueden perseguir dos fines distintos: la igualdad de oportunidades y la igualdad de resultados. La primera de ellas pretende que todos los individuos tengan posibilidades similares en la vida. En cambio, la igualdad de resultados persigue que todas las personas obtengan objetivos parecidos. Quizás un ejemplo puede aclarar las diferencias. La educación tiene distintivos niveles: primaria, secundaria y superior. En los estadios más inferiores –hasta los 16 años-, las políticas progresistas siempre han buscado una igualdad de resultados. Es decir, que todo el mundo alcance un mínimo de conocimientos que permita defenderse en la vida. En cambio, el acceso a la educación superior siempre se ha planteado desde la igualdad de oportunidades: no todo el mundo tiene que acceder pero, si alguien quiere, sus características socioeconómicas no deberían de ser un impedimento.

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