Miguel Sebastián
Universidad Complutense de Madrid
Nota previa. Quiero pedir disculpas a los administradores y participantes de DC por haber incumplido con la fecha prevista para la entrega de mi artículo, que era ayer. Se ha debido a causas técnicas, con problemas en el servidor de Telefónica, nada que ver con«Santiago y cierra España«.
En los últimos 30 años se ha producido una notable redistribución de la renta en España, medida por múltiples indicadores, entre ellos el más clásico, el Índice de Gini. Según los datos del IVIE, calculados a partir de la curva de Lorenz, dicho Índice, que cuando más cerca de cero indica una mejor distribución de la renta, pasó de 0,36 en 1973 a 0,30 en 2003. Sin duda ésta ha sido una de las numerosas contribuciones de la democracia a nuestro país. Muchos pensarán que esta mejor distribución de la renta se debe al desarrollo de nuestro sistema fiscal, con las sucesivas reformas introducidas desde 1978. Nada más lejos de la realidad. Nuestro sistema fiscal no es progresivo, es decir, no es cierto que paguen una mayor proporción de su renta los que más ganan. De hecho, es proporcional o ligeramente regresivo. La proporcionalidad significa que se paga la misma proporción de la renta, independientemente de lo que gana cada uno. Este fenómeno, común a otros países, se debe a que los impuestos indirectos son regresivos y las cotizaciones sociales básicamente proporcionales, y no se ve compensado por los impuestos directos, que son los progresivos. El tema se agrava porque estos últimos, además, presentan fuertes distorsiones que hacen que sean «ex post« menos progresivos de lo que fueron diseñados «ex ante«.
Los impuestos y la redistribución de la renta
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