La Iglesia, fuera de su casilla

Miguel Sebastián

En todas partes  las empresas de los sectores regulados tienden a llevarse bien con sus respectivos gobiernos, de cualquier color político. Y además, aquellas que viven del presupuesto público también mantienen una cordial relación con la Administración correspondiente, central, autonómica o local, que son importantes demandantes de bienes y servicios provistos por dichas empresas privadas. El caso de las empresas constructoras es paradigmático, porque reúnen esas dos relaciones con el sector público. Se trata de un sector regulado y, además, tienen como principal cliente a las administraciones públicas, que contratan sus servicios de obra civil. 

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