Ya tocaba

Aitor Riveiro

Aunque me puedan acusar de practicar un tipo de falacia al que el ser humano es muy habitual (‘ad hominem’), he de reconocer que muchas veces espero a ver de qué bando se pone según quién a la hora de tomar yo partido.

Entiéndanme: con lo difícil que es acabar sabiendo de algo, como para proponerse uno saber de todo. Así, si resulta que Georgia y Rusia se lían a tiros el mismo día en que China inaugura unos fastuosos y propagandísticos Juegos Olímpicos, yo me espero a ver por dónde apunta la prensa anglosajona (de ambos lados del Atlántico) antes de decir nada.

No es un problema de falacias, sino de credibilidad y de experiencia. Uno sabe, a poco que se interese, que a británicos y estadounidenses no les caen muy bien los rusos (ni los de antes, ni los de ahora) y que siempre optan por el seguidismo a sus respectivos gobiernos en cuestiones internacionales, mucho más cuando en la Casa Blanca se agita la bandera de la hoz y el martillo.

Sucede lo mismo en España: los periódicos suelen tirar siempre a los mismos, hagan lo que hagan. ¿Siempre? No, un juez de la Audiencia Nacional es de las pocas personas capaces de sacar de sus casillas a tirios y troyanos, la mayoría de las veces a la vez, por un quítame allá esas diligencias.

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