Cuando juzga la parte

Aitor Riveiro

Siempre que me cojo unos dí­as fuera del paí­s de vacaciones me pasa lo mismo: trato de desconectar de lo que sucede en España pero me resulta imposible. Al final, lo que consigo es enterarme sólo a medias de lo que sucede en mi paí­s: leo por encima la portada de los periódicos que veo en los kioskos, hago visitas rápidas a las ediciones digitales de los diarios… en resumen, me informo a golpe de titular.

Informarse a golpe de titular es peligrosí­simo. Por su propia definición, esas pocas palabras que encabezan una noticia o reportaje tienen como misión primordial llamar la atención de los lectores, engancharles para que sigan adelante. Tiene su puntito de información, por supuesto, pero, seamos sinceros, cuando un periodista titula lo hace para que éste sirva de cebo: es lo que tiene la profesión, un puntito (o puntazo) de egocentrismo.

Así­ que estando de viaje por tierras bálticas me enteré a medias de un par de noticias de gran calado. Una de ellas tremendamente importante; la otra, terriblemente impactante.

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