LobisónÂ
En las pasadas elecciones europeas estaba en juego un Parlamento cuyas funciones no son suficientemente valoradas —ni quizá tampoco comprendidas— por la mayor parte de los ciudadanos, ya que no establece impuestos o decide una polÃtica económica común, y además no determina ni la formación de la Comisión ni el nombramiento de su presidente.
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Para esos mismos ciudadanos tampoco la Comisión juega un papel muy relevante: sus decisiones parecen tan lejanas como las resoluciones del G-8 o del G-20, e incluso las recomendaciones de la OCDE. Pero si, además, no se percibe que la Comisión dependa de alguna forma del Parlamento Europeo, es bastante improbable que las elecciones puedan verse como un momento crucial de la polÃtica europea, mucho menos como un parteaguas ideológico.