El crÃtico constructivo
Alguno recordará la infame canción del Ãnclito Pablo Abraira, Gavilán o paloma, que traigo a colación a propósito del caso Faisán, destinado a ocupar un lugar en la historia igual de fugaz que el infausto hit del rubio de bote.
Es posible que los lectores de El PaÃs no sepan demasiado sobre el caso Faisán. Se lo resumo. La policÃa tenÃa controlado un bar en los aledaños de la frontera con Francia al que solÃa acudir un jerifalte del PNV acompañando a empresarios vascos que apoquinaban lo que ETA les habÃa exigido. De tanto en tanto, el dueño del bar quedaba con un contacto de ETA para entregarle el dinero. En vÃsperas de una de esas entregas, que la policÃa esperaba para atrapar a los criminales con las manos en la masa, uno de los policÃas que tenÃa vigilado el bar entró en él y le dio un móvil al dueño del bar, que escuchó el consejo de no realizar la entrega para evitar la detención.