Barañain
¿Cómo terminará lo que está ocurriendo en las últimas semanas en el mundo árabe? ¿En qué formas de gobierno -o de desgobierno- cristalizarán esas turbulencias? En los medios se habla de “revoluciónâ€. Y se ensalza la “sed de libertad†de las masas árabes que estarÃa poniéndose de manifiesto en esas revueltas. Hay quienes dan por hecho que el único horizonte posible es el del fin de las formas despóticas de gobierno. Porque ahora esos pueblos, dicen, “quieren ser dueños de sus destinosâ€. El lirismo que no falte.
A la vista de los precedentes no creo que haya muchos motivos para ser excesivamente optimistas, y me gustarÃa equivocarme. Aunque sólo sea porque es difÃcil olvidar ahora que las enormes movilizaciones ciudadanas en las calles de Teherán no impidieron que Ahmadinejad sea el presidente de Irán (63 personas ahorcadas sólo en el mes de enero de 2011); que tras las demandas de libertad en las calles de Beirut es Hezbolah quien se ha hecho con el poder; que el espejismo de democracia en Argelia desembocó en una auténtica carnicerÃa humana (más de 160.000 muertos). Como es también conveniente no ignorar que en la encuesta más reciente llevada a cabo entre los egipcios eran un 59% los que declaraban preferir para su futuro a los “islamistas†frente a un escaso 27% que optaba por los “modernizadores†(tipo El Baradei, por ejemplo).