Millán Gómez
 Se cumplió la prevista debacle electoral del PSOE. El PP se ha impuesto claramente en las elecciones municipales y autonómicas y, salvo milagro digno de estudio, la derecha llegará a La Moncloa en algo menos de un año. Apenas ha habido sorpresas. El PSOE ha perdido las principales plazas en juego, tales como Castilla-La Mancha, Barcelona o Sevilla. Asà a todo, al ser unas elecciones locales han obtenido aceptables e, incluso, notables resultados en otros lugares. El PP tiene clara la hoja de ruta y no es otra que «crisis, crisis y crisis» sin solución alternativa alguna. Les va bien y, desde un punto de vista electoral, es de una lógica aplastante. Por supuesto, desde un posicionamiento ético, es lamentable y contrario a los postulados de un sistema democrático.
 La consecuencia de esta clara derrota es la reflexión interna que se está produciendo en el socialismo español. Los dirigentes del PSOE no han engañado con su percepción de los resultados y lo han calificado de «malos» o «muy malos» o incluso de modo aún más negativo. El Presidente Zapatero habló la noche electoral desde Ferraz asumiendo la derrota con elegancia pero con una insuficiente autocrÃtica. Si bien la crisis es el principal motivo de su derrota, no el único y, aunque lo fuese, deberÃan plantearse cuáles son esas razones que han hecho a otrora votantes socialistas cambiar la papeleta, no introducir ninguna, optar por alguna no válida o quedarse en casa disfrutando de un plácido domingo. No era el momento para concretar errores pero sà para dibujar posibles equivocaciones. No es mucho pedir.