Sainetes de la Villa y Corte: La Huelga

Julio Embid

Atardecía en el corazón de la Villa y el Reino. El reloj de la Puerta del Sol marcaba casi las seis en esa plaza maravillosa. La única, donde siempre hay gente. Donde puedes ver a Bob Esponja liarse a puñetazos con Hello Kitty y Mario Bros para darle un globo a un niño. Donde los predicadores del otro lado del charco anuncian como milenaristas medievales la llegada del Juicio Final. Donde carteristas y policías municipales juegan al gato y al ratón. Donde miembros de cierta minoría étnica venden la auténtica lotería de navidad de Doña Manolita con su auténtico recargo. Donde las niñas no quieren ser princesas. Donde los guiris andan más perdidos que Wally en el Vicente Calderón y donde nacen y mueren todas las manifestaciones y protestas. Pues bien, en esa Puerta del Sol, en ese mismo momento, dentro del autobús de los Donantes de Sangre que hay bajo el andamio que sujeta el edificio del Tío Pepe, cual corral de comedias, ocurre el siguiente sainete de zarzuela, también más madrileño que los callos de oso con calamares rebozados.

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