Frans van den Broek
Hace ya algunos años a alguien se le ocurrió la idea de remover la estatua de Pizarro de la Plaza de Armas de Lima (idéntica a la que se encuentra en la ciudad de Trujillo en España), ya que en lugar de adornarla, la habría estado mancillando y ofendiendo. La razón era clara para quienes decidieron tal remoción: mal hacía el ayuntamiento en conmemorar actos tan crueles y traumáticos como la conquista, por lo que la estatua ecuestre debía irse. Al final, remover la estatua costó al erario municipal sus buenos cuartos (creo recordar que muchos miles de dólares), pero el hecho no ocurrió sin polémica. ¿No era Pizarro parte inevitable de nuestra historia, lo quisiéramos o no? ¿O era legítimo eliminar símbolos de hechos vergonzosos?