Alberto Penadés
En The Passions and The Interests, Albert O Hirshman (que ha muerto hace unas semanas) intentaba sorprenderse de cómo las pecaminosas motivaciones propias de prestamistas y mercaderes fueron pasando a ser juzgadas como legítimos intereses hacia los siglos XVII y XVIII; no solo legítimos sino, en último caso, provechosos para el bien común, hasta como árbitros de la conducta desordenada de las pasiones, con las que antaño se hubieran emparentado.