Chávez

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Finalmente murió, tras una agonía larguísima durante la que fue capaz de ganar otras elecciones, casi al estilo del Cid, tratando de negar su evidente decadencia física. Serán muchos los que le lloren en Venezuela, casi tantos como los que se alegren, dentro de Venezuela y sobre todo en las múltiples colonias de exiliados o huidos de su régimen “bolivariano” o de la intensa inseguridad ciudadana que generó en los últimos años y que hizo de Caracas una de las ciudades más peligrosas del mundo. Muerto el perro se acabó la rabia, se dirán, pero a poco que reflexionen se darán cuenta de que eso no es del todo cierto.

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