Cuentos celtíberos: “El jabalí y el barreno”

Julio Embid

Erase un jabalí que vivía sano y hermoso en la Sierra de Pardos. El jabalí crecía en mitad del bosque más tranquilo que una rueda de repuesto sin más preocupación que evitar en otoño acercarse a los caminos donde venían los domingos por la mañana los cazadores de Zaragoza a echar la mañana. Este jabalí recorría tranquilamente de 7 a 17 la sierra entera, de Cubel a Olvés alimentándose de raíces y moras, de insectos y de trigo salvaje, pero lo que más le gustaban en el mundo eran las manzanas golden. Se pirraba por las manzanas y cuanto más amarillas mejor. Sin embargo no podía comerlas del árbol directamente y sus pezuñicas no le dejaban trepar por el árbol. Tenía que esperar que se cayeran del árbol o de algún remolque y esperar a que no hubiera ningún humano cerca para poder comerlas.

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La canción del verano

Barañain

Tras una primavera tirando a horrorosa y un mes de julio más cálido de lo habitual, agosto parecía una promesa de paréntesis confortable, por más que su pleno disfrute se adivinara problemático para una ciudadanía muy machacada por la crisis. Encima, nos fuimos de vacaciones con el eco trágico del accidente ferroviario de Santiago y con un ambiente político enrarecido;  aún rebotaba en las paredes del Congreso el “fin de la cita” con el que nuestro Rajoy quería zafarse de la exigencia de responsabilidades en relación con  Bárcenas y empezamos a descubrir que el actual presidente del constitucional es otro pillín.

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