Arthur Mulligan
Contra lo que supone la mayoría de los electores y un significativo número de periodistas, la mayoría parlamentaria y sus jefes en absoluto coinciden con la voluntad general, al no ser el pueblo un todo colectivo homogéneo, y mucho menos en las democracias cuyos elegidos carecen de alguna mediación representativa y menos aún en ausencia de mandato imperativo.
Lo que caracteriza a Sánchez – y por tanto a su gobierno – es su tosquedad, una actitud cada vez más extendida en las democracias occidentales y su deriva populista.
Cuando la identificación entre jefe y pueblo no es solo una tesis propagandística sino que se propone como un rasgo institucional y como una fuente de legitimación de los poderes públicos, el populismo equivale a un nuevo y específico modelo de sistema político. Corresponde a esa forma degenerada de democracia que Aristóteles llamó «demagogia» y definió, con extraordinaria lucidez, como el régimen en el que «el soberano es el pueblo y no la ley [… ] los muchos tienen el poder no como individuos, sino en conjunto». Sigue leyendo