Julio Embid
La meritocracia no existe, son los padres. Esta semana el diario económico “Cinco Días” publicaba que Felipe Morenés, hijo de Ana Patricia Botín, presidenta del Banco de Santander, invertía 430 millones de euros para la compra de inmuebles con nombres en inglés para alquilar a empresas de innovación. El mismo diario explica que este tipo de inversiones eran muy rentables y ya se habían probado con éxito en ciudades como Vancouver, Boston o Londres. Pero vamos, es lo de siempre, construir un edificio de oficinas recubierto de cristal con jardines a las afueras de una gran ciudad y cobrar a otras empresas cada mes para que tengan un sitio bonito y grande para trabajar. Lo mismo da que sean farmacéuticas, informáticas, diseñen videojuegos o reparen calzado. Lo importante es cobrar a día 1 de mes. El diario, no sé si como afán publicitario o loa hagiográfica lo vendía como un gran emprendimiento. No se diferencia en absoluto como cuando los de clase media-alta con capacidad de ahorro, compramos un segundo piso con hipoteca en la misma ciudad donde residimos, para alquilar a posteriori y como se dice coloquialmente: que se vaya pagando solo.
Esta misma semana el diario generalista “El País” publicaba un reportaje sobre el fracaso escolar entre adolescentes de clase trabajadora con el caso de una joven de Fuenlabrada de 16 años que, ni quería estudiar ni quería trabajar y que había abandonado la ESO y estaba haciendo una FP básica. En el artículo, también conversaban con otros jóvenes con problemas familiares, en situación parecida y con ansiedad y depresión. Uno de ellos decía que estudiar no servía para nada ya que “trabajaba en el Parque de Atracciones con otros jóvenes con grado+máster universitario que cobraban incluso menos que él”. Afortunadamente el citado artículo decía que a pesar de la cuñadez anterior, los datos demostraban que los licenciados/graduados universitarios tenían más ingresos que aquellos con bachillerato y estos a su vez que aquellos que sólo habían obtenido la ESO. Recuerdo en la anterior crisis de los años 10, que cientos de miles de universitarios (en gran parte con carreras de letras y sociales) tuvieron que emigrar al Reino Unido y Alemania para trabajar en la hostelería y que ese fue el germen del movimiento 15-M que eclosionaría en 2015 con la llegada de Podemos y sus marcas a los ayuntamientos de las grandes ciudades. Pero también recuerdo que incluso en el peor momento de paro, en febrero de 2013, con cinco millones de parados, el desempleo entre personas con doctorado, nunca superó el 5%. Sigue leyendo