Juanjo
Entran Emilio y Mónica, una antigua pareja con custodia compartida y viejos recuerdos también compartidos, que parecen pertenecer a un pasado lejano. Se sientan frente a frente en el centro del escenario, sobre unas sillas rojas.
MÓNICA-Tú.
EMILIO- Tú.
MÓNICA- No, tú, tú empezaste esto.
EMILIO- Querida, fuiste tú, el otro día, sin previo aviso, de la noche a la mañana.
MÓNICA- ¡Tienes mucha cara! Después de todo lo que me has hecho…
EMILIO- ¿Qué te he hecho yo? ¡Yo no te he hecho nada! ¡No sé de qué hablas!
MÓNICA- De tus traiciones. Con otros hombres, además. Eso sí que no lo esperaba.
EMILIO- ¿Te refieres a lo de Gabriel? Eso no fue nada.
MÓNICA- Todo el mundo lo vio. Es complicado negar las cosas cuando todas las cámaras han grabado tu rostro, tus palabras y tu infidelidad.
EMILIO- Realmente, no todo el mundo.
MÓNICA- Sí todos los que eran importantes. De esos, ninguno se lo perdió.
EMILIO- ¡Cuánta obcecación! Es esa forma de pensar tuya la que nos ha llevado hasta este momento, donde solo queda el dolor y los reproches.
MÓNICA- ¡Hazte la víctima, encima! ¡Tienes mucho relato, pero muy poca vergüenza! Puedo entenderlo casi todo: que necesites tu espacio, que quieras realizarte profesionalmente, incluso que sientas el deseo de andar con otras personas. Pero es imperdonable que lo hicieras de ese modo y que avergonzases con ello a tu familia, a tus amigos y a todo nuestro entorno. Como si no fuéramos nada, como si no estuviéramos allí y como si no te importásemos…
EMILIO- ¿Y dónde estuviste tú en aquel momento? Completamente inmersa en tu trabajo. Era yo quien tenía que cargar con todo el peso que supone cuidar a una familia y mantener vivas nuestras relaciones de amistad. Mientras tú disfrutabas de tu nuevo empleo y te alejabas de nosotros, yo cuidé de nuestros amigos e hice otros nuevos.
MÓNICA- Sí, a ese, al que le faltó tiempo para irse con otra. A ti ya te vino bien para una noche. Lástima que todo el mundo lo viera y que de paso se dieran cuenta de que solo vas a la tuya. Bueno, de hecho, no estoy segura ni de que sepas adónde vas.
EMILIO- Hice lo que hice mientras intentaba arreglar las cosas. Buscaba una válvula de escape de tanta sinrazón y tanto distanciamiento, pero todo lo que obtuve es una única noche de pasión y un rechazo por tu parte aún mayor. Hoy me doy cuenta de que no vamos a ser capaces de gestionar esto.
MÓNICA- En eso no te equivocas.
EMILIO- Ya te equivocas tú por mí. ¿Piensas que son solo mis palabras las que se escuchan? ¿Qué las tuyas no trascienden? Todos palpan tu despecho. A veces creo que solo te mueve la venganza.
MÓNICA- No me importas lo bastante como para querer vengarme. Solo me queda el desdén.
Repentinamente suena el teléfono de Emilio.
MÓNICA- Es Gabriel, ¿verdad?
Emilio hace un gesto a Mónica, como rogándole que guarde silencio y descuelga la llamada. Se levanta de la silla y empieza a hablar con su interlocutor.
EMILIO- No, Gabriel, no, las cosas no están bien. Bueno, están fatal. Sí, sigue muy enfadada. No, no creo que se atenga a razones. Sí, considera que todo es una gran traición. No, no me molestó lo de Irene; bueno, sí, para qué engañarte… No, no me apetece quedar con Pablo, ni hacer más actos ahora. Quizás más adelante. Sí, podemos quedar un día y lo hablamos con calma. Adiós Gabriel.
Emilio se sienta de nuevo frente a Mónica.
MÓNICA- ¡Es increíble lo tuyo!
EMILIO- Así están las cosas, Mónica. Ni más ni menos.