Elogio de la campaña

Barañain

Ahora que parece estar todo el bacalao vendido, se nos intenta convencer por los fabricantes de opinión de que la campaña electoral ha sido, en realidad,  “aburrida”, “mediocre” e “inservible” para motivar, en un sentido u otro, el voto de los electores. Y al hilo de esa apreciación se nos insistirá una vez más en la poca “calidad” de nuestros políticos, en la poca consistencia de sus mensajes o en su escaso carisma y, en fin, se insistirá en que, también sobre este asunto, cualquier tiempo pasado fue mejor. Para alguna prensa, tal tipo de mensaje, es el que mejor conviene a su visión equidistante y distanciada del combate que se ha librado en estas últimas semanas. Curiosamente, en no pocos casos, quienes ahora simulan escandalizarse por lo tosco y aburrido de la campaña son quienes, meses atrás, más se empeñaron en advertir al respetable de que, tras el verano, “pintaban bastos” y presagiaban un otoño políticamente conflictivo. Se auguraba una larga y dura precampaña que nos habría de resultar a todos insufrible. Sucedió, sabido es, todo lo contrario y el reinicio de la actividad parlamentaria trajo un cierto enfriamiento del clima político, apenas animado por los zarandeos en el seno del Tribunal Constitucional y poco más. Al menos, hasta que el fantasma de la crisis económica llegó a nuestras vidas. De nuevo, inasequibles al desaliento, los (casi) monopolizadores de la opinión publicada alertaron de que la campaña electoral, en contra de lo que se había previsto, giraría muy especialmente en torno a la economía. Y eso, decían, va a pillar con el paso cambiado al Gobierno. Momento de ansiedad: ¿Temblaría Solbes? Sigue leyendo

Fidel se va: ¿es el tiempo de Raúl?

Barañain

Tras la confirmación, no por previsible menos impactante, de la retirada de Fidel Castro de la Presidencia de Cuba, se abren todos los interrogantes posibles sobre el futuro de la isla. Desde la esperanza de que se abra un período de cambio democrático hasta las dudas sobre si tal proceso está o no en la agenda de los gobernantes cubanos, desde la confianza en un proceso hacia la democracia  pacífico y pactado entre castrismo y oposición hasta la intransigencia de quienes confían en una revancha, todo son ahora conjeturas ante el futuro de un fenómeno como el de la Revolución Cubana que –sea cual fuere la valoración que a cada cual merezca-, ha desafiado tantas previsiones razonables y ha hecho fallar, incluso estrepitosamente a veces, tantas apuestas.

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¡Libertad, igualdad,… paridad!

Barañain

Cuando el  Congreso de los Diputados aprobaba el 15 de marzo del pasado año la Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva de mujeres y hombres, con la abstención de los diputados del PP, seguramente nadie imaginó que menos de un año después obtendría un respaldo tan rotundo por parte del Tribunal Constitucional.

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Borrador (o anticipo) de necrológica para Fidel Castro

Barañain

Llegará un momento en que se vaya del todo. Su final biológico abrirá todo un período de interrogantes sobre el futuro de la isla. Balances de la revolución cubana, especulaciones sobre el curso que tomarán las relaciones con los EEUU y reseñas biográficas sobre Fidel, etc. inundarán entonces los medios de comunicación. Nostalgia, alivio, incertidumbre…en proporciones desiguales, a gusto de cada consumidor, para el momento en que desaparezca. La reciente renovación –hablar de “elecciones” sería excesivo-, del Parlamento de Cuba se ha llevado a cabo en medio de un apreciable clima de expectación por el futuro inmediato en el que ya parece inevitable la transición política. ¿Transición hacia un régimen democrático? Sería prematuro apostar por ello. Por de pronto, el país se encamina hacia una etapa nueva sin Fidel al mando. Y no es poco, tras un período tan largo -cinco décadas-,  marcado por esa personalidad irrepetible.

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Elecciones primarias: ¿allí­ sí­, aquí­ no?

 Barañain

La expectación despertada por la celebración de las elecciones primarias en los EEUU contrasta con el desinterés con que se asiste en nuestro paí­s al proceso de designación de los candidatos por parte de cada formación polí­tica. No me refiero, claro está, a los nombres en sí­ mismos, sino al modo en que tales personas son designadas.

El inesperado desenlace de la pugna entre Gallardón y Aguirre por hacerse con la pole posicional  en la carrera sucesoria en el PP, pugna que ha girado en torno a la  inclusión  en las listas electorales, si por un lado se presta a obvias interpretaciones polí­ticas sobre la evolución ideológica en la derecha española, por otro evidencia el nulo carácter democrático de la decisión sobre composición de las listas. Decisión digital del lí­der máximo sin que haya constancia de participación o debate alguno en los órganos decisorios colegiados de esa formación polí­tica. Sin embargo, no es probable que sea esa la perspectiva desde la que se enjuicie la decisión adoptada por Rajoy.

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El cuerpo como DNI

Barañain

“Un individuo camina con prisa por el pasillo de un aeropuerto. Mientras avanza, una cámara sigue sus pasos y envía las imágenes a un ordenador que determina un patrón de movimiento de sus piernas para compararlo con los registrados en una base de datos. Antes de llegar al final del pasillo, el individuo es identificado y las puertas de acceso se abren, sin necesidad de mostrar documentación alguna: Su credencial es su propio cuerpo”.¿Ciencia ficción?

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Volátiles o cautivos

Barañain

Tras el verano y con el eco de los resultados electorales municipales y autonómicos de mayo, el gobierno emprendió un evidente viraje hacia la moderación, en busca del centro perdido. Es un tema recurrente en la política española: en nuestro país la búsqueda del centro empieza a parecerse a  la del Santo Grial.

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Perdiendo el tiempo

Barañain

“Cuando perdimos el tiempo” era el título de un cuadro de la exposición de un artista vasco, que visitaba ayer a mediodía, cuando una llamada telefónica me ha puesto al corriente de lo ocurrido en el sur de Francia. En el lienzo, un personaje  vagaba, como desesperanzado, en medio de un paisaje laberíntico y desolado, sin salida aparente.

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Nuestro Annus Horribilis

Barañain

Y ahora la primogénita se separa. Eramos pocos y parió la abuela;  perdónenme el exabrupto plebeyo, pero eso es lo que debió pasar por la augusta cabeza de S. M. don Juan Carlos  cuando se vio abocado a revelar lo que, por intuído o sabido,  amenazaba con ser pasto de la telebasura y las revistas del corazón.

El anuncio de la primera separación  -digase “cese temporal de la convivencia”-, en nuestra familia Real ha sido, por ahora, el último episodio de un año particularmente fastidioso para el monarca. Y don Juan Carlos empieza a mostrar una cierta “fatiga de materiales”.

La de este último año ha sido una racha en la que se han entremezclado reproches, digamos, costumbristras, con andanadas de cariz eminentemente político. Por un lado, desde polémicas por su sueldo y los gastos de la Casa Real, a chismes sobre malas compañías, pasando por el  eco de costumbres poco edificantes (¡aquella historia de la cacería rusa del oso borracho!). Por otro, desde la tormenta desatada por el procesamiento de los humoristas de “El Jueves” hasta el enfrentamiento con el venezolano Chávez, pasando por la campaña tontita de la quema de retratos y la persistente descalificación por parte del radiopredicador favorito de la derecha española.

Si los avatares “domésticos” sólo alimentaban un chismorreo popular sin mayor trascendencia, los otros sucesos tenían una carga  potencialmente desestabilizadora para la institución. Pero, en cualquier caso,  unos y otros revelaban que algo está cambiando en la relación de la institución monárquica con la sociedad española. La Casa Real ha dejado de ser esa referencia amable y a la vez anodina para pasar a ser protagonista, muy a su pesar, del debate político. Se trata de un cambio probablemente irreversible y con unas consecuencias que aún no somos capaces de calibrar de todo.

Porque, hasta muy recientemente, la Familia Real y en particular la figura de Juan Carlos han estado protegidas de la crítica política y la maledicencia popular. Convengamos que para un país como el nuestro, tan dado a la chirigota, el chiste cruel y el cotilleo, el trato recibido por la familia Borbón ha sido mayormente muy discreto, predominando una mezcla de respeto reverencial con reconocimiento por los servicios prestados.

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Amigos, enemigos e intereses

Jelloun 

Los episodios –bien distintos entre sí -, del rechazo marroquí a la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla,  la retención en Chad de una tripulación española o el rifirrafe con Hugo Chávez en la Cumbre Iberoamericana, han servido para poner en primer plano la política exterior del gobierno.  

La apuesta por la paz y la resolución de los conflictos mediante el diálogo y desde el respeto al derecho internacional, la defensa del multilateralismo, la promoción de la ayuda al desarrollo y la cooperación, la vuelta al proyecto europeo, el restablecimiento de las políticas específicas en áreas sensibles a los intereses españoles como Iberoamérica y el Magreb han sido, como es bien sabido, algunas de las líneas maestras que han caracterizado la política exterior del gobierno español en esta legislatura en consonancia con el programa con el que el PSOE concurrió a las últimas elecciones generales.

Creo que, de todas las políticas desarrolladas por el ejecutivo a lo largo de la legislatura es esta una de las que más claramente puede decirse que ha seguido al pie de la letra el programa comprometido con los españoles. Y, a mi juicio,  con un balance bastante positivo. No oculto que, por ello, tengo a Moratinos entre mis favoritos del gobierno de Zapatero.

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