No sabían que era imposible y lo han conseguido

Barañain

 

La campaña electoral vasca ha discurrido con tanta tranquilidad y serenidad, que a cualquier que hubiera estado de paso por aquí en estas últimas semanas le habría costado imaginar que estaba asistiendo a un histórico cambio político. Sólo si hubiera escuchado a todo un congresista hablar de la imposibilidad de que los cerdos volasen o si hubiera contemplado como en un pequeño pueblo un joven airado se liaba a mazazos con la barra de un bar antes de exiliarse,  habría llegado a la conclusión de que en este País Vasco estaba ocurriendo algo importante.

 

Nada animó más el comienzo de la campaña electoral que la alusión del diputado Josu Ercoreca -portavoz del PNV en el Congreso- al imposible cerdo volador, fenómeno que creía él más fácil de contemplar que el de un gobierno socialista en Ajuria Enea. Era su forma de decir que la alternancia en Euskadi es imposible. En realidad, la campaña propiamente dicha ha tratado de eso precisamente, de creerse o no que el cambio era posible.

Las encuestas hacía tiempo ya que reflejaban el deseo de cambio, aunque también la incredulidad al respecto. Como escribían ayer mismo en El País: “La dicotomía entre el deseo mayoritario de un cambio y la ponderación de Juan José Ibarretxe como el candidato más valorado y favorito para ganar, según todas las encuestas, esconde, posiblemente, la duda racional sobre cuál será la suerte final en este 1-M. A su vez, la costumbre de ver al País Vasco gobernado por el nacionalismo desde 1980 lleva a un sector de la sociedad al “vértigo” de pensar que «mañana se puede levantar socialista«.

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Muerte de un ciclista

Barañain 

Ocurrió a finales de diciembre, al poco de comenzada la intervención israelí contra Hamás en  Gaza. Sucedió en Mosul, en ese atormentado Irak del que estamos ya acostumbrados, hasta la saturación, a relacionarlo con el correr de la sangre, con la violencia sin fin, con el fanatismo que escapa a cualquier lógica.  Una de las numerosas manifestaciones de protesta contra el ataque israelí que se sucedían en el mundo árabe en esos días se vio brutalmente interrumpida cuando un hombre sobre una bicicleta se hizo explotar en medio de la multitud airada, correligionarios suyos, provocando su propia muerte y heridas a diez y seis personas.   

 

Esta espantosa técnica, legitimada por los dirigentes religiosos en el mundo árabe como arma contra Israel, se volvía así, de forma tan atroz como estúpida, contra los árabes que se manifestaban por los bombardeos israelíes sobre Gaza.

 

La autoinmolación de combatientes (entre sus enemigos, que no entre los propios) que tanto desconcierto creó entre sus potenciales destinatarios,  ha sido un recurso utilizado -de manera discontinua- por el terrorismo fundamentalista islámico, sobre todo en Israel y en Irak, tras la ocupación de ese país. Algo sólo posible en el caldo de cultivo de un fanatismo extremo que propicia y anima a «no descansar y no abandonar la senda de la yihad y del martirio”. Un empeño macabro de cuya inoculación  ni siquiera se han librado los niños; en una entrevista de la BBC (20/07/01) se jactaba de ello un consejero palestino del «Campamento del Paraíso»: «Estamos enseñándoles a los niños que las bombas suicidas causan pavor a los israelíes y que nos está permitido hacerlo…Les enseñamos que después de que una persona se convierte en un detonador suicida alcanza los más altos niveles del paraíso».

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Ibarretxe o López: del juzgado al gobierno

Barañain

Este próximo jueves se inicia, en el Palacio de Justicia de Bilbao, el juicio contra el lehendakari Juan José Ibarretxe, el secretario  de los socialistas vascos, Patxi López,  el también dirigente de esta formación   Rodolfo Ares y varios líderes de Batasuna, con Arnaldo Otegi a la cabeza. Su desarrollo va a ser el pórtico de la campaña de las elecciones al Parlamento Vasco, cuya celebración Ibarretxe ha fijado para el 1 de marzo.

Ibarretxe y López, protagonistas indudables en esta reñida campaña electoral que se avecina, son llevados ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) pese al desistimiento de la fiscalía, que consideró que no hubo delito alguno en sus reuniones con la extinta Batasuna. Recuérdese que se les imputa “colaboración necesaria” con Batasuna, por esas reuniones,  para la comisión por parte de esa organización del “delito de desobediencia” a la suspensión judicial de sus actividades.  Por lo mismo, se podría imputar colaboración necesaria a los periodistas que acuden a las numerosas ruedas de prensa que los batasunos protagonizan: un disparate. Y, lo que es más grave, una intromisión desde la esfera judicial en la esfera política que es propia al trabajo tanto del lehendakari como de otros representantes. Así lo entendió el Tribunal Supremo cuando rechazó  una pretensión similar contra el Presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, por su autorización de contactos y reuniones con ETA durante el frustrado proceso de paz. 

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El hundimiento

Barañain

 

“Estamos decidiendo quién va a capitanear el bote salvavidas, cuando lo importante es que se está hundiendo el barco”.  Un dirigente de IU resumía así ante un periodista (El País 25/XI/1999) el debate y las tensiones existentes en el seno de IU tras proclamar Gaspar Llamazares su decisión de postularse como sucesor de Julio Anguita (el “falangista-leninista” en ácida definición de Santiago Carrillo) al frente de la organización.

 

Nueve años después, el extravagante desarrollo del último cónclave federal de Izquierda Unida, con su asombrosa incapacidad de salir del mismo al menos con un líder común tras la renuncia de Llamazares, ha venido a confirmar hasta qué punto es irremediable el hundimiento del proyecto político que quiso representar IU en nuestro país. Tan evidente resulta que lo más llamativo del eco alcanzado por esa última asamblea federal de IU es, en mi opinión,  lo poco que ese chusco desenlace  ha sorprendido al personal. Tanto entre la opinión pública en general como entre las propias bases de la federación de izquierda. Cuando escribo esto, desconocemos aún quien y con qué propuestas liderará esa mini jaula de grillos que tan poco honor hace a su propio nombre. Pero, ¿importa ya a alguien ese detalle?

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Una hora en tierra de nadie da para mucho

Barañain

 

El vuelo se presentaba largo, más de ocho horas, e incómodo, con el avión lleno de gente bullanguera, incluido un ruidoso grupo de jóvenes italianos guays encantados de haberse conocido (una redundancia, habiéndose dicho ya su procedencia) y un grupo de aun más jóvenes israelíes dirigidos por quien imaginé que era surabino. Sentado como estaba al fondo de la cabina, en la clase turista de Iberia, el transcurso del viaje me hizo testigo a la fuerza del continuo ir y venir de gente al aseo, así como dela frecuente visita del rabino a las azafatas, de quienes buscaba no sé qué garantías sobre la observancia de preceptos o criterios kosher en la comida que iban a servir (eso me pareció deducir de los comentarios, no demasiado piadosos pero razonables, de alguna de las azafatas cada vez que les dejaba en paz el rabino petardo). El viaje resultaba pesado, pero al final del mismo me esperaba la ciudad de Nueva York. Aguantar a rabinos, ansiosos meones e italianos fashion parecía un precio bastante aceptable.

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Objeción de conciencia: la última coartada

Barañain

Ha sido noticia días atrás el nacimiento en un hospital público sevillano del primer niño concebido al amparo de la Ley de Reproducción Asistida mediante un proceso de selección genética de embriones que permitirá salvar la vida, previo trasplante celular, a su hermano grave e incurablemente enfermo.

Los obispos se lanzaron en seguida al ataque, con la piedad y contención que les caracteriza, porque para lograr que viniera al mundo un ser genéticamente compatible con el hermano desahuciado y a salvo de su enfermedad, “se  ha privado de su derecho a la vida a  sus hermanos” en alusión a los embriones descartados. La respuesta obvia, de los afectados y de la inmensa mayoría de la gente es cuestionar esa moral que pretende anteponerse al legítimo interés de unos padres por salvar la vida de su hijo, del hijo realmente existente.

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Si ya lo decía yo…

Barañain

Ignorante como soy,me acerco a la lectura de las noticias económicas con el mismo escepticismo con el quecompruebo mi peso (creciente, maldita sea) en la báscula de mi cuarto de baño. No la entiendo, sé que no da un peso real y no tengo ni idea de qué hacer para calibrarla. Pero como hago uso siempre de la misma báscula me conformocon verificar la oscilación entre una medición y otra.La coherencia interna del aparato de marras me sirve para alarmarme o tranquilizarme sobre mi obesidad rampante.

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El pacto que no será

Barañain

Parecía que el ejemplo americano -la puesta en escena común de demócratas y republicanos frente a la crisis-, podía cundir entre nosotros. El pasado fin de semana se informaba de que el líder del Partido Popular sopesaba  muy seriamente la idea de ofrecer al Gobierno la firma de un gran pacto en política económica, para “infundir confianza”,  que incluiría la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para el 2009, previa redefinición de los mismos.

El lunes, era el presidente Zapatero quien anunciaba su intención de convocar a Mariano Rajoy  para hablar de la crisis. Paralelamente, desde el Gobierno se volvía reclamar a Rajoy “sentido de Estado” al hilo de las descalificaciones recibidas tras la enfática declaración del Presidente sobre su confianza en la solvencia de nuestra sistema bancario. El martes, la prensa enfriaba cualquier optimismo. Al parecer, Zapatero y Rajoy hablarán de la crisis pero sin expectativa de pacto. Por el lado del Gobierno, Solbes se encargaba de definir las líneas rojas del presupuesto, lo “irrenunciable” del mismo, mientras que a Rajoy eran sus barones más combativos los que le habrían presionado contra cualquier veleidad colaboracionista.

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EEUU: La derecha enseña el colmillo

Barañain

Tras el paréntesis del verano olímpico, la carrera hacia la Casa Blanca regresa a la primera línea informativa, cargada de incertidumbre sobre el resultado final. La emoción, de aquí hasta el cuatro de noviembre, está servida. Los momentos estelares de la designación oficial de los candidatos por sus respectivos partidos han servido para vislumbrar algo de la estrategia o el discurso con el que los contendientes van a afrontar el tramo decisivo de una campaña que en realidad (¿quién lo diría tras la larguísima batalla de las primarias?) es ahora cuando empieza.

Suele decirse que hay una especie de “coreografía política” típica de  las elecciones presidenciales en ese país,  según la cual los candidatos  demócratas bailan al son de la izquierda durante sus primarias y después buscan el centro con vistas a las generales, mientras que los republicanos hacen el movimiento en sentido inverso. Algo de esto parece que vuelve a darse.

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De nuevo, el raca-raca”.

Barañain

Juro que no era mi intención reintegrarme al Debate Callejero después de largo paréntesis volviendo sobre el monotema. Sólo una maldita casualidad ha hecho que esta vuelta haya coincidido con la enésima vuelta de tuerca de Ibarretxe; su “raca-raca”, como diría el impagable Peridis.

Uno pretendía entretener a quienes se asoman a este espacio de debate con algo ligero, colorista, adecuado al tono vital con que la mayoría del personal afronta el verano y no castigarles con una nueva mirada sobre lo más plomizo de nuestra vida política.  No ha podido ser. ¿Cómo resistirse a comentar la última sobreactuación del más tramposo de nuestros profesionales de la política?

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