Tomando posiciones

Barañain

Con el portazo del PP de Basagoiti al gobierno de Patxi López, la actividad política vasca tiene ya un inconfundible aroma preelectoral por más que sea incierta la fecha en que se vaya a convocar a las urnas a los ciudadanos y no se descarte que sea larga la espera.

¿Por qué rompió el PP su acuerdo con los socialistas vascos? Desde luego no ha habido nada en la ejecutoria del gobierno de Patxi López –al margen de que guste más o menos-,  que contraviniera el pacto alcanzado en su día con los populares. El acuerdo o la discrepancia que el gobierno vasco pudiera mantener con el gobierno central –ya estuviera en manos de Zapatero o de Rajoy-, no formaban  parte de aquel pacto para la legislatura vasca. Quizá por ello Basagoiti  no tuviera más remedio, una vez decidido el desmarque, que mostrarse maleducado y anunciar la despedida ante la prensa sin informar previamente al lehendakari ni reunirse con sus hasta entonces socios en la comisión  de seguimiento del acuerdo: eso le habría obligado a concretar denuncias de incumplimientos imposibles de improvisar.

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El resplandor

Barañain

Anteayer, François Hollande invitaba a los franceses a «sobrevolar las estrellas»: sí­, lo sé, es lo que tiene proclamarse ganador a los sones de La Marsellesa en la Plaza de la Bastilla, que el escenario impone (y Francia no sería Francia sin esos arrebatos). Pero, lirismo aparte, lo importante es que el nuevo presidente francés ha reiterado que «la austeridad no puede ser una condena» y que sus prioridades serán la igualdad, la juventud, la justicia social, la educación, y la reorientación de Europa hacia el crecimiento, la competitividad, el empleo y la protección social. No puede negarse que, en medio de esta niebla gris oscura que nos envuelve, lo de ayer tiene algo de resplandor.

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El populismo que no cesa

Barañain

Aunque la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas ha confirmado la previsión de la victoria de los socialistas de Hollande, el subidón del Frente Nacional de Marine Le Pen por encima de lo que se temía, unido al auge en otros países (Austria, Hungrí­a, Suecia, Dinamarca, Finlandia, etc.) de las más variadas formas de populismo, pero todas con la xenofobia (además del antieuropeísmo) como distintivo-, ha colocado ese fenómeno en el centro de las preocupaciones, de las élites políticas y de los medios de comunicación (una redundancia, lo sé, ya que estos forman parte de esas élites).

¿Debería haber escrito «en el centro de las preocupaciones de los ciudadanos» en vez de referirme a las «élites»? Pues no, porque no es cierto, aunque se empeñen en fingir lo contrario polí­ticos y periodistas. Me parece obligado distinguir lo que son las preocupaciones de la mayoría de los mortales de las que dicen, los que están «en la pomada», que lo son.

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Exaltados, pero menos

Barañain

(Advertencia previa: aunque su título pueda sugerir otra cosa, el artículo no trata de los exaltados que se sientan en La Moncloa sino de la cosa vasca. Lo digo por si quieren ahorrarse su lectura. Está escrito hace horas, antes de conocer el último esfuerzo de Rajoy y su ¿gobierno? por incendiar el país; si perseveran, lo conseguirán).

La celebración del “aberri eguna” -la exaltación nacionalista de la patria vasca que Sabino Arana fijó en el domingo de resurrección (por ser el día más grande de la iglesia católica)-, suele prestarse al análisis de los preparativos de las fuerzas políticas del fragmentado mapa vasco ante la próxima contienda electoral, sea cual sea la que toque. Ya se trate de elecciones autonómicas, generales o municipales, alguna se divisará en el horizonte de las tribunas patrióticas que justifique especular sobre las posiciones preelectorales que se van adoptando. Por los nacionalistas vascos y por los que no lo son, pues todos entran de una u otra manera al juego.

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Hoy no se atiende: estoy de huelga

Barañain

Tal vez debería haber dejado en blanco la página. Hubiera sido un detalle efectista de solidaridad con quienes hoy se suman -nos sumamos-,  a este gesto de dignidad colectiva que es la huelga general contra el engendro de reforma laboral del gobierno de Rajoy. Pero ya que tecleo esto cuando aún es la víspera del paro, aprovecharé la ocasión para recordar unas pocas razones por las que merece la pena librar esta batalla. Una batalla en la que nos jugamos mucho. Una batalla que no se agota en esta convocatoria, sin embargo nada desdeñable, cuyo éxito no depende sólo del seguimiento que obtenga, pues el mero hecho de haberla planteado ya es importante para afrontar con mejores perspectivas este período siniestro de nuestra historia que Rajoy y su banda quisieran que soportaramos con resignación.

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Chatarra

Barañain

Más de una semana se ha tomado el señor Fiscal General del Estado para declarar algo tan obvio como que sobre el atentado terrorista del 11-M «hay una verdad jurídica» que es la sentencia y que esta es «incontestable». Desmentía así que él se hubiera mostrado partidario de reabrir el sumario cuando dio instrucciones para que la fiscalía investigara el asunto de los restos de un vagón de los fatídicos trenes, publicitado por un medio digital de Federico Jiménez Losantos («Libertad Digital»).

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Los republicanos atribulados y Obama en karaoke

Barañain

Está resultando más trabajosa de lo esperado la carrera de las primarias republicanas en EEUU. Al candidato Mitt Romney le está costando tanto  distanciarse de sus competidores, pese a la ingente cantidad de dinero que se está gastando y pese a contar  con el respaldo de la maquinaria del partido,  que muchos republicanos dudarán de que, si gana la nominación,  esté en condiciones de afrontar el duelo de verdad, el que tendrá con Obama en noviembre. Un Obama que le espera, aparentemente tranquilo, practicando con el karaoke.

Sólo en publicidad,  los tres candidatos que llegan al tramo final de las primarias republicanas se han gastado más de 61 millones de dólares, de los que 44 corresponden a Romney. El cual, de momento, está dejándose en la carrera un buen pellizco de su considerable fortuna personal (más de 250 millones de dólares). ¡Hay que ver lo costoso que sale predicar la austeridad….a los demás!

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El final de una cacería (jurídicamente impecable)

Barañain

Este pasado domingo, Santos Juliá, evocaba a Pascal y su descripción de «la miseria del hombre» para describir el mundo de la judicatura en España y analizar lo ocurrido con Garzón tras su paso “tras ser paseado» por el Tribunal Supremo. Se conocían ya tanto la sentencia sobre el asunto de las escuchas relacionadas con el caso Gürtel que acababa de expulsarle de la judicatura como el cierre de la estúpida causa abierta sobre unos cursos en la Universidad de Nueva York, cierre no menos malicioso que su apertura, a cargo ambos de un inenarrable juez Marchena. Escribía Santos Juliá: «(…) Los magistrados del Supremo parecen haberse confabulado para impartir a la sociedad la lección magistral que confirma una creciente sospecha: que en España, en lo que respecta a la administración de justicia, ni la razón ni el decoro valen como límites con tal de obtener el resultado previamente decidido».

Faltaba por conocerse la sentencia sobre la investigación de los crímenes franquistas. Su desenlace – la absolución de Garzón -, no modifica la sospecha que hacía suya Santos Juliá, aunque puede aliviar el descrédito internacional al que estaba abocado la justicia española con una sentencia condenatoria en este asunto «sensible». El editorial de El País de ayer presumía -con optimismo excesivo -, que con esta exculpación de Garzón «el Tribunal Supremo se absuelve sobre todo a sí mismo, porque evita llegar al final de la senda del descrédito». En realidad, no era descabellado prever que una vez conseguido el objetivo de la expulsión de Garzón, los jueces del Supremo empeñados en ello pudieran mostrarse «generosos», descartando hacer leña del árbol ya derribado, máxime si tal ensañamiento les iba a suponer un coste tremendo en imagen -evidente tanto dentro como, sobre todo, fuera de nuestras fronteras, por más que se empeñe en negar la evidencia el ministro Gallardón-, coste que no era ya necesario asumir.

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Una ola de frío recorre España

Barañain

A falta de buenas noticias sobre la crisis y mientras Rajoy sigue administrando su presencia pública con  cuentagotas,  ya saben  -no dando la cara-, el PP gobernante ha decidido que no hay mejor momento que este para desplegar su  agenda cívica con un mensaje ní­tido:  intentarán desmontar cuantos avances en materia de derechos civiles y sociales se han conseguido en los últimos años. No se van a dejar arrebatar por sus colegas húgaros u otros advenedizos, así como así, su bien ganado í­tulo de derecha más reaccionaria de Europa.

En su desfile de los últimos dí­as,  los ministros de Rajoy nos han ido dejando sus tarjetas de visita,  no por esperadas menos inquietantes, en lo que por  momentos ha parecido una competición interna por ver quién conseguía el titular más goloso para su audiencia más hooligan.  Lo que no es fácil con una  audiencia tan exigente. Hay casos en los que la tarea de derribo hace aconsejable  una embestida directa: Ruiz Gallardón, que arrastra un déficit de cariño entre esas bases, tiene que esforzarse más que sus compañeros y qué mejor estandarte para ello que el del aborto; pero no es que el ministro sobreactúe, lo peor es que posiblemente se crea eso de  que acabar con la ley de plazos,  que nos homologaba con el mundo civilizado, y devolvernos a la situación de hace treinta años – cuando él era una joven promesa en la Alianza Popular de Fragaa,  es lo más progresista que ha hecho en su vida.

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Impedir o aceptar un Irán nuclear, esa es la cuestión

Barañain

Parece que ahora sí va en serio. En los próximos meses puede que asistamos a un conflicto militar  con  Irán bien porque, ante la ineficacia de las presiones diplomáticas y las sanciones económicas, el progreso de su programa nuclear no deje otra opción que destruir sus instalaciones más sospechosas, o bien porque la eficacia de esas presiones excite a la bestia y sea Irán la que desencadene el conflicto militar, lo que ocurriría sin duda si, en represalia frente a las sanciones económicas, intentara bloquear el paso del petróleo por el estrecho de Ormuz, tal y como vienen amenazando últimamente.  En cualquiera de los dos casos, hay que contar con la posibilidad, cada vez más real, de un nuevo conflicto armado en aquella región del mundo.

Desde hace unos años, desde que fueron evidentes los planes del régimen iraní para hacerse con armas nucleares, viene especulándose con la posibilidad de que Israel, el país más amenazado (de hecho, el único expresamente amenazado) por el fascismo teocrático de Teherán, aborte por medio de un ataque militar esa posibilidad. Durante ese período de tiempo, la comunidad internacional ha intentado -de manera no siempre coherente, con vacilaciones y contradicciones-, que Irán desistiera de sus planes nucleares, mientras vigilaba con el rabillo del ojo que el estéril  tira y afloja diplomático no agotara la paciencia de Israel. La negociación educada dio paso, lentamente, a la presión en forma de sanciones comerciales, con el petróleo de Irán en el punto de mira, mientras en Israel y en EEUU empezaba a ser objeto recurrente de debate la posibilidad, conveniencia y dificultades del ataque a las instalaciones nucleares de ese país (con los antecedentes de ataques similares a Irak en 1981 y a Siria en 2007, pero que no tenían la envergadura del que sería preciso contra Irán).

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