Oportunidad perdida

Millán Gómez

La sesión celebrada esta semana en el Congreso de los Diputados no ha aportado avances para la solución de la crisis. El PP ha perdido una nueva oportunidad para presentar una alternativa seria al Gobierno actual. Ni come ni deja comer. Por un lado, hace suya la táctica del mínimo esfuerzo al no presentar iniciativa económica ninguna ni arrima el hombro y, por otra parte, simplemente trata de crispar el ambiente con el objetivo de erosionar al Ejecutivo en beneficio electoral propio. Es legítimo pero no ético. Diferencia sustancial.

Rajoy reconoció en la Cámara Baja que su objetivo pasa por una moción de censura. De todos modos, también demostró que no tiene los apoyos suficientes. En varios momentos se encontró sin respuesta ante el discurso y posteriores intervenciones de Zapatero. El PP tiene un problema grave: su candidato no cuenta con el liderazgo interno suficiente como para poder gobernar este país. Si es no es capaz de ordenar su propia casa difícilmente podrá gestionar el día a día de este país como Presidente del Gobierno. Asimismo, sus dos derrotas electorales anteriores le restan credibilidad ante una ciudadanía que, si bien no está ni mucho menos satisfecha con la política emprendida por el Ejecutivo, tampoco contempla certidumbres en el partido llamado a llegar a La Moncloa a corto, medio o largo plazo. Rajoy está ante su última oportunidad y lo debería saber. Probablemente es consciente pero no hace nada por exprimirla. El objetivo vital de una persona siempre tiene que ser trabajar lo máximo posible por un fin determinado porque sólo así cuando abandones tu carrera profesional podrás estar satisfecho contigo mismo. Dudo mucho que Rajoy pueda estarlo a día de hoy. A tiempo está de rectificar.

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Sentido de Estado

Millán Gómez

España está en una crisis económica profunda. Eso está claro. Los dos principales partidos de este país son conscientes de ello y ni uno ni otro plantean iniciativas plausibles hoy día. Es, por lo tanto, más necesario que nunca un pacto de Estado con el apoyo del mayor número de partidos posibles con el objetivo de alcanzar el consenso y, por ende, la unidad necesaria para hacer frente a los problemas cotidianos. Incluso el Rey ha demandado cohesión política en este ámbito, lo que ha provocado que saltasen los interruptores en varios medios ultraconservadores donde Su Majestad es algo así como un traidor de las esencias de la nación española. Así, sin anestesia.

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En caída libre

Millán Gómez

El apoyo social al Gobierno central cae progresivamente. El último barómetro del CIS así lo atestigua. El PP se distancia del PSOE y ya le saca placa, como se dice en el argot ciclista. Los populares aventajan al partido gubernamental en 3,8 puntos, una diferencia considerable que debería hacer reflexionar en Ferraz. Esta brecha supera en 0,3 puntos la distancia final entre el PSOE y PP tras las elecciones generales de 2008. Probablemente nos encontremos en el peor momento de Zapatero desde que es Presidente del Gobierno.

La confusión que está transmitiendo el Gobierno está generando una sensación de incertidumbre en el electorado que le está pasando factura. Eso sí, si la oposición presentase una alternativa un poco más seria (lo cual no es difícil) ahora mismo estaríamos hablando de una situación mucho más crítica para el Ejecutivo. De hecho, si bien el PSOE pasa por un momento más que preocupante, el PP debería analizar por qué su apoyo también desciende. Los dos grandes partidos españoles bajan en estimación de voto en favor de formaciones menores como Izquierda Unida (IU), Unión Progreso y Democracia (UPyD), Coalición Canaria (CC) y Nafarroa Bai (NaBai).

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El dilema de Zapatero

Millán Gómez

Zapatero se ha convertido en las últimas semanas en el centro del debate político por una cuestión que va más allá de su gestión diaria. Estamos hablando de su decisión de presentarse nuevamente como cabeza de lista socialista en las elecciones generales de 2012 o bien echarse a un lado y dejarle el puesto a otro compañero o compañera de partido. Llama poderosamente la atención el hecho de que esta cuestión haya calado en la discusión mediática pues aún restan más de dos años para los próximos comicios generales. De hecho, aún no hemos alcanzado el ecuador de esta legislatura.

La crisis ha desgastado a Zapatero. Es evidente. Quizás más que la situación económica su mayor lastre fue enredarse con el debate semántico sobre si nos encontrábamos en una “crisis”, en una “desaceleración económica” o en qué diablos estábamos. El hecho de que los datos apuntes a que España será la última potencia económica de la zona euro en salir de la recesión no ayuda sino todo lo contrario en mostrar una buena imagen económica del Gobierno. A pesar de ello, la falta de alternativa en los bancos de la oposición permite a Zapatero mantenerse relativamente optimista pues ya ha vencido en dos ocasiones a Rajoy y ya saben que dicen que no hay dos sin tres. A su favor juega también la división interna en las filas del PP donde ayer vivimos un nuevo capítulo con las declaraciones de Esperanza Aguirre a un micrófono indiscreto llamando “hijo de puta” a alguien de su entorno, previsiblemente Gallardón. Sigue leyendo

Siempre vuelve

Millán Gómez

El ex-Presidente del Gobierno, José María Aznar, acudió ayer a “Los desayunos de TVE”. Como es costumbre en él, volvió a hablar desde el rencor de quien pensaba que iba a dejar de gobernar España dejándole en bandeja la victoria a su partido y se encontró con una humillante derrota. En la entrevista criticó a diestro y siniestro, bueno, dejémoslo en siniestro. Con su catarata de críticas y argumentos ya repetidos anteriormente una y mil veces pudimos comprobar que nada ha cambiado en su actitud. Lejos de mostrar una imagen modélica y echarse a un lado, continúa presente en la vida política actual, por momentos desde el cobijo de FAES y otras veces mostrándose públicamente como en el caso de ayer. La televisión pública que tanto critica el principal partido de la oposición le ofreció la cobertura necesaria. Su opinión evidentemente hay que tenerla en cuenta, pues no hablamos de un cualquiera. Eso sí, quizás en 2003 Felipe González no hubiese recibido un trato tan cortés, lo que habla a las claras de la notable gestión actual de TVE. En la comparación se observa la virtud.

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Pisotón a la ética

Millán Gómez

La localidad barcelonesa de Vic se ha convertido esta semana en epicentro de una polémica sobre inmigración. El gobierno local presidido por CiU y apoyado por PSC y ERC anunció que dejará de empadronar a los inmigrantes sin papeles. La iniciativa ha provocado una catarata de críticas por parte del Gobierno central, el Govern de la Generalitat y diferentes colectivos sociales. No es de recibo que en pleno siglo XXI y en un país teóricamente moderno como España sucedan cosas de este estilo y mucho menos que dos partidos de izquierda como el PSC y ERC y un partido de gobierno y tolerante como CiU apoyen esta medida. En cambio, sí lo podemos esperar de Plataforma per Catalunya, formación absolutamente xenófoba y liderada por un sujeto como Josep Anglada que hace unos años era el “delegado” de Blas Piñar en Catalunya. El tal Anglada es el causante indirecto de todo este enredo pues en Vic reside una importante comunidad inmigrante y, aprovechando la coyuntura, PxC ha planteado un discurso racista que ha calado entre los vecinos hasta el punto de que no es descabellado que a corto plazo alcance la alcaldía. Es por esto por lo que el tripartito local ha presentado esta iniciativa para ganar votos entre el electorado de un partido de extrema derecha. Es decir, han mandado la ética y la coherencia a freír espárragos.

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Horizonte catalán

Millán Gómez

En esta temporada sin elecciones Catalunya se presenta como el primer objetivo de los grandes partidos. La legislatura autonómica termina en noviembre y el tripartito ha descartado en un principio adelantar las elecciones aunque el Tribunal Constitucional recorte como es previsible el Estatut. Pero ya saben que en política es muy habitual desdecirse. Tampoco se sorprendan si en vez de celebrarse en noviembre se convocan en junio o septiembre.

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Paso atrás

Millán Gómez

Con nocturnidad y alevosía. Así presentó el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, su polémico y esperado decreto lingüístico. Ni más ni menos que la víspera de la Nochevieja fue la fecha elegida. Además, la Xunta trató de obviar la concentración favorable al fomento de la lengua gallega al trasladar a última hora el lugar de presentación de la norma con el fin de evitar la foto de los manifestantes delante de las instalaciones de la Xunta. Llegó el momento de conocer qué visos de realidad tenía aquella promesa electoral que nació con el único fin de conseguir el apoyo mediático de cierta prensa madrileña y que ellos mismos sabían que era imposible de poner en práctica. 

Se supone que un presidente autonómico debe tratar de consensuar y conseguir el mayor respaldo social y político posible. Esto es si cabe más necesario cuando estamos hablando de la lengua propia de Galicia que nos une y que no nos debería dividir, tal y como pretenden algunos. Pues Feijóo se ha empeñado en conseguir justo lo contrario pues la nueva norma nace con el rechazo de la oposición parlamentaria, el sector de la educación, los sindicatos, las plataformas favorables al gallego y al castellano (A Mesa pola Normalización Lingüística y Galicia Bilingüe, respectivamente), así como dirigentes, militantes y votantes del PPdeG. 

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Desconfianza

Millán Gómez

El barómetro del mes de noviembre del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) revela que la clase política y los partidos son ya la tercera preocupación de los españoles por encima de otras cuestiones como el terrorismo. Ni más ni menos. Asimismo, seis de cada diez encuestados califica de “mala” o “muy mala” la coyuntura política. Son datos que hablan por sí solos y no parecen producto de la casualidad sino más bien de una sensación progresiva que se ha acentuado en la ciudadanía durante los últimos tiempos con la crisis económica y los errores cometidos sobre esta cuestión por parte del Gobierno y de la oposición (y no sólo del PP sino también de las fuerzas minoritarias).

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Sacralizar como excusa nostálgica

Millán Gómez

Dice un viejo refrán que “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. Esta expresión tan socorrida le viene de perlas al Partido Popular (PP) en su actitud con la Constitución, de cuya proclamación se acaban de cumplir 31 años. Durante los fastos de celebración acudió por vez primera un Lehendakari representando al Gobierno Vasco y ofreciendo una imagen de inusitada normalidad vistos los precedentes de ninguneo por parte del nacionalismo. La ausencia no vino este año desde Euskadi sino desde Génova pues ninguno de los presidentes de comunidades autónomas gobernadas por el PP acudió al evento. Prefirieron pasar el puente disfrutando de otros menesteres y faltar al respeto a quienes sí acudieron y, muy especialmente, a todos aquellos que lucharon por la democracia en España y perdieron la vida en el intento.

La respuesta de Rajoy a la pregunta de por qué faltaban sus compañeros de partido fue encogerse de hombres y decir que no conoce la razón de su ausencia. Si la autoridad del líder del PP estaba ya en entredicho por parte de la opinión pública española ahora mucho más porque es precisamente su partido quien se ha hartado a hacer suyo algo que es de todos, la Constitución. No parece muy coherente defenderla (verbalmente, por supuesto, en la práctica ya es otro cantar) y luego no acudir a su homenaje. Es incoherente que cataloguen de inconstitucional el Estatut de Catalunya y luego se nieguen a homenajear aquello que, por lo visto, es inmejorable.

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