Carlos Hidalgo
Hace tan solo una semana aventuré que Ayuso no se daría por aludida en el caso de fraude fiscal que afecta a Alberto González Amador, su pareja y que, salvo que un juez se lo impidiera, seguiría en su cargo como si nada hubiera pasado. Y lamentablemente ha resultado ser así.
Cuando se ha demostrado que mentía al decir que todo era una mera “inspección de hacienda”, cuando dijo que en realidad era la Agencia Tributaria quien debía 600.000 euros a González, cuando dijo que fue la Fiscalía quién filtró el caso (lo filtró parcialmente el inefable Miguel Ángel Rodríguez y la Fiscalía tuvo que salir a desmentir), cuando dijo que pagaba hipoteca de su piso (la paga exclusivamente su pareja tras haber pagado más de la mitad de su valor) y cuando dijo que nadie relacionado con ella tenía negocios con la sanidad madrileña (los tienen su madre, su hermano, su tío y su pareja). Todo por enumerar las mentiras que antes me vienen a la cabeza, teniendo en cuenta que funciona con aluviones de falsedades diarias y es difícil seguirle el ritmo.
El líder de su partido, Alberto Núñez Feijóo, lejos de desautorizar a la presidenta madrileña o incluso de callarse prudentemente, ha ligado la estrategia política de un partido que se dice nacional a los vaivenes y volantazos de una líder regional que es de todo menos estable y predecible, como le gustaban las cosas a Mariano Rajoy. Sigue leyendo