Arthur Mulligan
Tal vez sea esta cualidad la que más destaque en la personalidad de nuestro Presidente, un temerario capaz de repetir en la brevedad de un instante lo uno y su contrario sin que tenga consecuencia alguna.
En estas fechas las élites occidentales acostumbran a reunirse en Davos para fomentar una cooperación público-privada que integre a los principales líderes económicos, políticos y empresariales del mundo. Su fin consiste en poner en valor determinados aspectos en las agendas globales y regionales.
Un movimiento que implica a más de 2000 personas bajo los focos en un paisaje nevado pero que en el caso de nuestro héroe termina últimamente encerrado con unas cuantas personas en una habitación exigua, de preferencia sin ventanas, con personas que, como él, cuentan de ordinario con amplios despachos en los centros que administran y que desprende aquí, a 1560 metros sobre el nivel del mar, el inconfundible hedor a cerrado por exceso de humanidad. Sigue leyendo