¡Maravillosas contradicciones!

Polonio 210 

Seamos honestos y claros: ser de izquierdas es tremendamente jodido. Algo muy cansado.  A veces, hasta aburrido. A diferencia de las personas que se declaran conservadoras o liberales, y de alguna extraña eurodiputada con el don de la ubicuidad, a nosotros, seres indefensos y melancólicos, eternos nostálgicos del paraíso perdido, pobres criaturas, rojos eternos, se nos pide la máxima coherencia diaria y la coherencia  -esa maldita dama-  es un  gólgota que sufrimos a diario en silencio, toda la vida, sin un mal gesto ni una mala palabra. Valientemente. Nos. Pero muy jodidamente. También nos. (Coherencia: enfermedad que el cristianismo ha conservado hasta nuestros días y que nos persigue como un tango desde que algún negrito de �frica engañado dijera aquello de: “Cristo fue el primer socialista�, y otro que tal, seguramente parecido a Pepiño Blanco, se lo creyó).

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