Discursos y barrios: a propósito de Catalunya

Jelloun

«Escuchar»: esa es la clave de la precampaña electoral de Ségolène Royal. Los miles de actos organizados por todo el país por los comités «Désirs d’avenir» (deseos de futuro) constituidos en apoyo a su candidatura permiten a Royal pulsar las preocupaciones y expectativas de los ciudadanos. Escuchar primero, para luego concretar su programa. Escuchar a una ciudadanía que no siente como suyas las preocupaciones que parecen monopolizar el discurso de los profesionales de la política. Escuchar. No parece mala idea. Tendría éxito, creo yo, también entre nosotros. En un país como España donde la concepción de la política que predomina reduce ésta al politiqueo entendido este como el dime y direte de los líderes políticos, con escasa o nula atención a las propuestas programáticas, y muy escasa visibilidad de los problemas que afectan a la vida cotidiana de la gente. Especialmente cuando se refiere a las clases populares. En palabras del Profesor Viçent Navarro, «ello da pie a una falsa uniformidad programática en que las diferencias entre los líderes políticos se atribuyen a características personales». Incluso los programas de humor y sátira supuestamente más iconoclastas o corrosivos se centran en estos profesionales de la política, confundiendo la política con «lo que dicen» los dirigentes políticos. Todo ello contribuye al descrédito de lo que se ha llamado –un concepto que se asume de forma ya casi generalizada- la «clase política».

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