Ricardo Parellada
Quince años después, los sanfermines han vuelto a teñirse de sangre. Quiero decir, de muerte, pues todos los años los servicios sanitarios enjuagan la sangre de más de doscientos heridos. Como suele ocurrir en otros ámbitos, con la muerte se avivan un poco la publicidad y las alharacas sobre la fiesta. Se intensifica la elegÃa y la opinión, al menos durante veinticuatro o veinticinco horas. A pesar de ello, el gobierno nos informa de que no hay debate ni sobre la constitucionalidad ni sobre la solidaridad de los encierros por antonomasia del panorama cultural español.