José S. MartÃnez
Hace unos meses, Elvira Lindo, en su columna prÃsica-dominical, recogÃa la experiencia de un centro educativo en un gueto negro de Nueva York, en el que se habÃa impuesto la disciplina clásica en el aula (uniformes, llamar por los apellidos, levantarse cuando llega el profesor…) y los resultados educativos habÃan mejorado considerablemente. El problema no es vivir en el gueto, el problema es la falta de disciplina en las clases, venÃa a decir. Esperanza Aguirre ha considerado que con subir unos 15 cm. al profesor (con una tarima, podrÃamos probar con zancos) se va a mejorar la disciplina en las aulas, aunque parece que ante la dificultad de implantar la ocurrencia, ha retirado la milagrosa solución. Su idea estrella ha sido dar al profesorado el nivel de autoridad pública, algo que ya reconocÃa previamente una circular de la FiscalÃa, y que en última instancia podrÃa llevar a convertir en procesos judiciales las conductas «disruptivas» (en lenguaje educativo) del alumnado. Ojalá tengan razón, pues eso significarÃa que con medidas de bajo coste mejorarÃamos nuestro sistema educativo. Pero me surje la duda. Uno puede encontrar muchos textos educativos de los 60 y 70 en los que se cuenta justo lo contrario, que el problema educativo (¿cuándo no hubo problema educativo?) se debe al exceso de disciplina en las aulas. Se cuenta el caso de centros educativos que funcionaban muy mal, se abandonaron los modelos autoritarios y los rendimientos educativos de los alumnos mejoraron… Y todos tienen razón, es posible que con un modelo de disciplina tradicional mejore el rendimiento, y es posible que con un modelo alternativo, también…