A las cinco de la tarde

Sicilia 

El debate que en el Parlamento catalán está teniendo lugar en torno a si se prohibirán o no los toros en el territorio de Cataluña ha abierto un nuevo y peculiar frente de confrontación política en el resto de la sociedad española. Bien y mal por esto.

Bien porque si de las normas por las que se rige una sociedad hablamos, es idóneo que estas se debatan de forma extensa y apoyando las razones de unos y de otros en un debate público, donde quepa la opción al matiz, la repregunta, la aclaración y la reflexión pausada.

Pero también mal. Mal porque rápidamente aspectos esenciales de cómo organizamos nuestra convivencia en sociedad, de cómo concitamos distintos usos de la libertad, de qué entendemos por expresión artística amparada por la libertad de expresión y qué conducta es susceptible de estar sujeta a consideraciones  como la de si es punible o no, aspectos todos ellos que surgen al hilo de este debate, quedan sepultados y confundidos entre el posicionamiento oportunista, la dinámica altisonante y el vuelo de baja cota tan querido a ciertos practicantes de la política.

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