Millán Gómez
El PSC definitivamente ha perdido el tren. Salvo un repunte de última hora bastante improbable, los socialistas han desaprovechado la oportunidad histórica que el pueblo catalán le dio a finales de 2003. Después de más de dos décadas de hegemonÃa convergente, los socialistas, liderados por el carismático Pasqual Maragall, se auparon, de la mano de ERC e ICV, al Govern de la Generalitat. Lo que empezó mal parece que va a terminar mal. Sólo asà se explica que un tripartito renqueante desde el primer dÃa no gozase en ningún momento de la estabilidad necesaria para gobernar.
Los enfrentamientos en el interior de la coalición, las disputas continuas entre el PSC y Ferraz, asà como la creciente presión de la derecha mediática provocaron el fin del liderazgo de Maragall y su sustitución por Montilla, que llegaba tras su periplo al frente del Ministerio de Industria. Su llegada a la Generalitat fue asimismo simbólica pues suponÃa que iba a gobernar Catalunya un inmigrante nacido en Iznájar (Córdoba) demostrando, de este modo, la capacidad integradora de la sociedad catalana y echando por tierra ese nacionalismo cerrado y neofascista que algunos focalizaban en Catalunya desde ciertos foros madrileños.