Lobisón
En la opinión pública española —y entre los participantes en DC— se advierte un clima de hastÃo y desorientación. Esto se traduce en discusiones un tanto reiterativas sobre los acontecimientos polÃticos inmediatos y en búsquedas de soluciones milagrosas para los fallos de la polÃtica. Periódicamente reaparece el eterno Guadiana: más elecciones primarias, listas abiertas, mayor proporcionalidad, libertad de voto. De nada sirve recordar que en casi todos los paÃses existe una insatisfacción similar sobre la representación polÃtica, y que las soluciones propuestas aumentan la impredecibilidad de los mecanismos parlamentarios pero no mejoran sus resultados. O queremos más espectáculo o queremos mejor polÃtica, y no hay ninguna razón para creer que podamos tener las dos cosas a la vez.
Por definición, mejor polÃtica serÃa aquella en la que los ciudadanos sintieran que podÃan elegir las opciones que más les convienen o que consideran mejores para el paÃs. ¿Cuál es la razón de que en muchos paÃses los ciudadanos sientan que no pueden realizar esa elección? Supongamos que la clave no son las reglas bajo las que funciona la representación polÃtica sino las limitaciones de la ‘oferta polÃtica’: muchas personas —no necesariamente la mayorÃa, pero sà muchas— no encuentran en el ‘mercado polÃtico’ propuestas que respondan a sus ideas o a sus intereses.