Así, tampoco

Millán Gómez

La crisis diplomática de Melilla se ha atajado ya hace unas semanas. Recordarán que en pleno agosto, en el paso fronterizo de Beni-Enzar, nueve mujeres policía españolas sufrieron el trato vejatorio por parte de ciudadanos marroquíes con la connivencia y el apoyo implícito de la autoridades marroquíes. Estas mujeres fueron atacadas verbalmente y su rostro fue publicado en carteles que trataban de denigrarlas e intentar, de este modo, que optaran por cambiar de destino para así apuntarse una victoria moral. No lo consiguieron. De hecho, ninguna de ellas pidió cambiar su puesto de trabajo para otro destino. Su actitud fue de una profesionalidad ejemplar e intachable.

Pues bien, ese político de digestión lenta llamado Mariano Rajoy se ha enterado ahora que allí había un problema de más o menos envergadura, quizás de menor importancia que la que le dio Esteban González-Pons y mayor de la que consideró el Gobierno central. Era pleno agosto y la mayoría de los políticos estaban de vacaciones. No hubiese estado de más una visita o alguna declaración más clara por parte de algún miembro del Gobierno. Por parte de la oposición, la actitud fue de gran demagogia ya que visitaron más Melilla en unos días que en varios años. Pons, Aznar y Rajoy se han ido sustituyendo para hacerse la foto y quedar ante los melillenses como los salvadores de las esencias patrias aunque cuando estuvieron en La Moncloa no movieron un dedo, como reconoció implícitamente Pons en una rueda de prensa en el mes de agosto.

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