Cuatro lecciones

Aitor Riveiro

La filtración de documentos secretos de la Secretaría de Estado de Estados Unidos a varios medios de comunicación por la organización Wikileaks no es sólo un bombazo informativo para cualquier director de periódico, incluso para los que califican los informes de “insulsos” horas antes de reutilizar uno solo de ellos para abrir sus periódicos. Cuando apenas se han hecho públicos el 1% de los 250.000 telegramas robados por el soldado Manning podemos sacar sin mucho esfuerzo cuatro  lecciones de la que se ha dado en llamar la mayor filtración de la historia:

1º El periodismo no está muerto y los periodistas son igual de necesarios que hace diez, 15 ó 50 años. No es la primera vez que Wikileaks saca a la luz documentos secretos del Gobierno de EE UU. Antes que los del denominado ‘cablegate’, la organización que dirige Julian Assange lanzó al dominio público informes sobre la guerra de Irak y la guerra de Afganistán que debían haber puesto patas arriba al mundo entero, al menos a su vertiente occidental.

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