José D. Roselló
Nos dicen, y nuestro sentido común lo apoya, que hay una relación de estrecha causalidad entre la economía financiera y la real. No se discute. Idealmente, el sector financiero está para prestar recursos a la actividad privada de los que obtiene un beneficio mediante la aplicación de un tipo de interés (y comisiones diversas por sus servicios, que también son una parte importante de los ingresos bancarios). Como existe esa relación estrecha, nos dicen, cuando un sistema financiero está en problemas -independientemente de las causas de estos-, no cumple esta función. Sucede entonces que no hay préstamos, por tanto no hay ni inversión ni consumo, y por ello caen la actividad y el empleo. Ayudar a los bancos es ayudarnos a nosotros mismos.