Barañain
No sé si muchos de los que se asoman a este blog tendrán la costumbre de incluir la visita a determinados cementerios singulares en sus desplazamientos turísticos o si lo considerarán una costumbre morbosa, un signo de mal gusto o, en el mejor de los casos, una pérdida de tiempo, habiendo tantas cosas magníficas que contemplar por esos mundos de Dios. Confieso que en más de una ocasión yo he caído en esa tentación y no sólo con los cementerios más célebres, esos que se mencionan en cualquier guía turística (el Highgate de Londres, el cementerio judío de Praga, el de Génova, el Pere Lachaise parisino, etc…). Es más, en muchas ocasiones si no he podido cumplir esa costumbre ha sido más por falta de tiempo (y porque me pillaba muy a desmano) que por falta de ganas.