El papel(ón) de los jueces

Ignacio Sánchez-Cuenca

Lo que ha pasado con De Juana Chaos resume el estado lastimoso de la justicia en España. Se supone que la independencia judicial es una garantía contra pasiones populares desenfrenadas, contra la miopía de la mayoría, contra los excesos de los representantes populares. Sin embargo, lo que hemos visto es cómo tres jueces de la Audiencia Nacional sucumbían a la atmósfera histérica creada por políticos y periodistas en torno a la salida de la cárcel de este sanguinario terrorista por cumplimiento de condena y dictaban una sentencia absurda de 12 años por dos artículos de periódico en los que se lanzaban unas amenazas más o menos veladas. Teniendo en cuenta que quien amenazaba estaba preso y que ya no pinta mucho en la dirección de ETA, fue claramente desproporcionado condenarle a 12 años de cárcel. Sobre todo porque nunca antes se había hecho, cuando en el pasado ha habido amenazas mucho más graves y más peligrosas.

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A vueltas con el pacto anti-terrorista

Ignacio Sánchez-Cuenca

De acuerdo con uno de los lugares comunes más repetidos en estos últimos tiempos, el Pacto Antiterrorista firmado en diciembre de 2001 por iniciativa del entonces jefe de la oposición, José Luis Rodríguez Zapatero, ha sido el instrumento más eficaz en la lucha contra ETA. De ahí que su abandono haya tenido consecuencias catastróficas, y que hoy, fracasado el proceso de paz, urja relanzarlo y convertirlo de nuevo en la piedra angular de la política antiterrorista. La derecha y los expertos sobre ETA (casi todos, misteriosamente, próximos al PP) repiten machaconamente esta tesis. Gracias al Pacto Antiterrorista, ETA quedó acorralada. Cuando Zapatero llegó al poder, se olvidó del Pacto, se embarcó en la aventura de la negociación con ETA, y, por culpa de su osadía, ETA hizo estallar un coche bomba que acabó con la vida de dos personas. Hay algo de verdad en toda esta historia? Vamos por partes. Si miramos con frialdad el asunto, lo primero que hay que preguntarse es: ¿por qué es bueno para combatir a ETA que los dos grandes partidos estén unidos? ¿Acaso la policía pone más celo en su trabajo si no hay división entre los partidos? ¿Aumentan las dotaciones de las fuerzas de seguridad? ¿Se muestra Francia más dispuesta a colaborar?

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Seis puntualizaciones y una pregunta

Ignacio Sánchez-Cuenca

Son necesarias algunas puntualizaciones ante el jaleo mediático y político que se ha montado tras el atentado. Da la impresión de que muchos estaban esperando la oportunidad para ejercer el “ya lo decía yo� de forma más o menos venenosa. Algunos razonamientos resultan desconcertantes: por ejemplo, ha habido un atentado mortal, luego Zapatero era un ingenuo que llevaba el país con la firmeza de un beodo; o Zapatero no sabía que iba a estallar una bomba en la T-4 de Barajas, luego no controlaba la situación. Etcétera.

Aquí van algunas precisiones:

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¿Hasta dónde podemos llegar?

Ignacio Sánchez-Cuenca

Por el momento, apenas se ha hablado de cuál podría ser el final político del proceso de paz. Suponiendo que todo vaya bien, que con el tiempo el diálogo entre ETA y el Estado fructifique, ¿en qué podría acabar la cosa? Las razones de que no se hable del asunto son varias. Por un lado, autocensura. Si por hablar simplemente de «proceso de paz» ya le caen a uno toda clase de acusaciones e improperios, qué no se dirá si se discute sin cortapisa sobre un posible acuerdo final que culmine el proceso. Por otro lado, muchos creen, probablemente con razón, que resulta peligroso y contraproducente hablar de algo que puede reforzar la posición de los terroristas: cuando ETA esté más madura, ya habrá tiempo de discutir sobre esta cuestión; ahora estamos en una fase anterior y no conviene adelantar acontecimientos.

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La memoria histórica y la tiranía del statu quo

Ignacio Sánchez-Cuenca

Una de las críticas recurrentes a la ley de la memoria histórica (la ley en realidad no menciona en su título la memoria histórica, sino la reparación a las víctimas de la guerra civil y del franquismo) es que rompe el consenso y enfrenta a los españoles, creando divisiones donde antes no las había. En boca de los críticos del Gobierno de ZP, esta ley no es sino un ejemplo más dentro de una lista de iniciativas que arroja por la borda consensos de larga tradición gracias a los cuales los españoles han convivido en paz y han prosperado desde la muerte de Franco.
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La mesa de partidos

Ignacio Sánchez-Cuenca

Puesto que las acusaciones al Gobierno de España de entreguismo y rendición en el proceso de paz no pueden sustentarse en hecho alguno, los enemigos del proceso de paz se han centrado, de forma un tanto obsesiva, en la propuesta de constituir una mesa de partidos de la que salga un acuerdo de normalización política del País Vasco. Los más vehementes denuncian y denuestan esa propuesta. La mesa de partidos, dicen, es contraria a la democracia y a la constitución, es ilegítima porque usurpa las funciones del Parlamento, resulta inútil para acabar con el terrorismo, legitima a ETA y a Batasuna, y supone una concesión inadmisible a los terroristas.

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Reaccionarios hinchados de principios morales

Ignacio Sánchez-Cuenca

Hace dos días “Por mi que no quede� reproducía en este blog una carta durísima de Salvador Ulayar contra José María Calleja. Salvador Ulayar es hijo de Jesús Ulayar, asesinado el 27 de enero de 1979, en la localidad navarra de Echarri-Aranaz, por ETApm. Ulayar se quejaba amargamente de que Calleja hubiera criticado la ausencia de la AVT en el juicio de Madina. La crítica de Calleja fue correcta en las formas, pero se ha encontrado una respuesta hosca y ofensiva, cargada de mala fe, de una víctima del terrorismo nacionalista. Se da la circunstancia de que Calleja ha apoyado siempre a Ulayar, que Calleja participó en el tardío homenaje al padre, Jesús, que se celebró en Echarri-Aranaz, arropando a la familia, y que Calleja invitó a Salvador a escribir unas páginas de testimonio sobre su experiencia personal en su libro Héroes a su pesar (Espasa, 2003).

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Una nueva forma de corrección política

Ignacio Sánchez-Cuenca

Uno de los aspectos más chocantes del proceso de paz consiste en el desajuste entre los hechos reales, constatables, y los argumentos e interpretaciones dominantes en los medios de comunicación. Parece como si la mitad del país se hubiera vuelto loca y no fuera capaz de reconocer lo que está sucediendo. Hay gente que defiende sin rubor que ETA está más fuerte que nunca, que hoy se vive peor que nunca en el País Vasco, que el Estado se ha rendido ante ETA, que ETA ya ha ganado Navarra, que ETA no ha abandonado la violencia, que el proceso de paz ha fracasado, que el Estado de Derecho no se aplica, etcétera.

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