De resoluciones diplomáticas, falsificaciones y apreciaciones shakesperianas

Barañain 

En “El País”, tras dos semanas de continua  apología de Mamud Abbás por su iniciativa ante la ONU y pese a haber hecho desfilar a una docena de articulistas – en un inmisericorde bombardeo de “pensamiento único” sobre el conflicto árabe-israelí -,  debían creer ayer que  aún les quedaba algo de mala baba por soltar. Claro, faltaba el ideólogo mayor. El “experto” Miguel Angel Bastenier no podía privarnos de su magisterio:

 “Ante la Asamblea de la ONU, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, no tuvo reparo en repetir el conocido mantra de que Israel había más que cumplido la resolución 242 de la ONU con la retirada de Gaza en 2005. La resobada -y resabiada- argumentación se basa en que el texto aprobado por el Consejo en su versión inglesa es gramaticalmente ambiguo a la hora de pedir la retirada de los territorios, pero hay una versión francesa igualmente oficial, que no ofrece lugar a dudas. Si los autores de la resolución hubieran querido permitir a Israel una retirada a la carta, así lo habrían expresado; y, por añadidura, lord Caradon, redactor del texto, despejó cualquier equívoco diciendo públicamente que eran todos y bien todos.” (El País 28/10/10) Sigue leyendo

Puentes sobre el Bósforo

Barañaín

Fue una casualidad que la reciente visita hecha por Zapatero a Turquía coincidiera con la escalada de agresividad verbal y diplomática desencadenada por el islamista Erdogan, jefe de gobierno de aquel país, tras el varapalo recibido con el informe de la “comisión Palmer” al Secretario General de la ONU sobre el incidente del Mavi Marmara y resto de la flotilla turca que intentó romper el bloqueo israelí sobre Gaza. Recuérdese que dicho informe –en cuyos trabajos han participado también representantes de Israel y Turquía-, ha avalado la legalidad del bloqueo y de la interceptación israelí de la flotilla islamista.

El gobierno de Recep Tayip Erdogan encajó muy mal el informe Palmer y, tras renegar del mismo, suspendió acuerdos militares con el gobierno de Jerusalén, anunció que piensa tomar acciones legales contra algunos políticos israelíes y, ya lanzado, aseguró que “Turquía va a tomar medidas para garantizar la libre circulación en el este del Mediterráneo”. El propio Erdogan concretó –en una entrevista en la televisión qatarí Al Jazeera-, que la armada turca escoltaría a los barcos que llevaran asistencia a los palestinos de Gaza, sugiriendo así nada más y nada menos que la posibilidad de un enfrentamiento naval con Israel (posteriormente, como suele ocurrir en estos casos, lo ha desmentido, ya que sus palabras “no fueron bien interpretadas”.

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El verano ya no es lo que era

Barañain

En la vida política no parece que este año pueda hablarse, con propiedad, de “reentrada” tras el paréntesis veraniego. El verano ha transcurrido entre sustos con la deuda y sorpresas de alcance constitucional. No sólo ha sido en España. Con Merkel y Sarkozy reuniéndose cada dos por tres,  Cameron suspendiendo sus vacaciones para afrontar los estragos causados por jóvenes airados (¿por qué motivo?…eso está por saber) y Zapatero agotando, en su  último suspiro como gobernante, todas las posibilidades imaginables de reforma, este verano de los líderes europeos ha sido un buen indicador de las turbulencias de la época que vivimos. Sólo Berlusconi se ha permitido el lujo de seguir siendo Berlusconi, dejando que desde fuera le recordaran por escrito los deberes que tenía pendientes. ¡Y qué deberes!

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Tirando un viaje a la Constitución

Barañaín

Una acepción de “viaje” que me gusta es la que alude a una  “acometida inesperada, y por lo común a traición, con arma blanca y corta”, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Aún prescindiendo del detalle del arma blanca, nada mejor define la decisión conjunta de Zapatero y Rajoy de cambiar  la Constitución Española para que acoja la limitación legal al gasto público. Decisión firme que han tenido a bien comunicar a los ciudadanos (y a los parlamentarios).

Hay una primera y obvia razón para la perplejidad: una de las frustraciones del proyecto político encabezado por Zapatero ha sido la de la reforma constitucional. Las razonables propuestas de cambio para dar un sentido al senado como cámara territorial y para actualizar el protocolo sucesorio de la monarquía se han estrellado contra el encastillamiento del PP que haciendo valer su papel imprescindible para dicha reforma ha preferido evitar que Zapatero se apuntara ese tanto de racionalidad. Más recientemente, cuando al calor del 15M ha vuelto a emerger el debate sobre el necesario cambio en la ley electoral, enseguida se ha esgrimido la dificultad casi insuperable de que PSOE y PP se pusieran de acuerdo en el asunto.

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No habrá Desfile de la Victoria

Barañaín

Tras el éxito alcanzado en las elecciones municipales y las cotas de poder local y provincial conseguidas, los de Bildu están, si no exultantes, si lo suficientemente crecidos como para no mostrar ya ni rastro de aquellos signos de angustia existencial que han caracterizado a la izquierda abertzale durante su travesía del desierto, cuando estaba en juego su legalización y ponían velas para que ETA asumiera su necesario ostracismo. 

Lejos de mostrar su perfil más institucional y hacer gala de su capacidad de gestión, los representantes de Bildu –especialmente el alcalde de San Sebastián y el Diputado General de Guipúzcoa-,  siguen regodeándose en sus discursos habituales sobre los planes pendientes de ejecutar en sus territorios (en particular, sobre infraestructuras) y no escatiman gestos simbólicos en relación con los presos de ETA. Es verdad que reiteran también su distanciamiento respecto a la violencia y su respeto por las víctimas del terrorismo, pero esos pronunciamientos los hacen con sordina, sin la rotundidad y apariencia de sinceridad que muchos desearían. 

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Marruecos: tan cerca, tan lejos

Barañaín

 Con la aprobación en referéndum, por amplia mayoría, del proyecto constitucional auspiciado por el rey Mohamed VI, Marruecos ha dado un paso importante en su progresión, lenta pero continua, hacia una democracia parlamentaria.

 Se le podrán poner todos los peros que se quiera, ya sea en lo concerniente a la forma en que se ha elaborado, a la escasez de debates sobre la cuestión  o a las garantías del escrutinio,  siempre que se reconozca que aún con esas limitaciones –infinitamente más leves que las existentes en cualquier otro país del mundo árabe-, Marruecos está haciendo realidad un avance hacia la democracia efectiva  que sus vecinos del norte de África aún no son capaces de imaginar pese a las esperanzas (¿excesivas?) depositadas en la “primavera árabe”. Y eso es bueno para Marruecos y es bueno para España aunque tantos aquí se empeñen en despreciarlo. Porque si España es la puerta de Marruecos hacia Europa y Occidente, Marruecos es nuestra puerta hacia África y el mundo árabe.

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¿Obligación o convicción?

 Barañaín

En un reciente artículo en El País (“Cuando llame Rajoy” 21/07/11), Patxo Unzueta abordaba un asunto interesante: “Hay una cierta confusión cuando a Zapatero se le critica a la vez su pasividad contra la crisis y su exceso de celo en la aplicación de medidas contradictorias con sus compromisos electorales. La situación griega (en los despachos y en la calle) lleva a preguntarse qué podría haber pasado aquí si en mayo del año pasado no hubiera aceptado hacer los recortes y reformas que se le exigieron.”

En mi opinión esa es una cuestión crucial que tienden a escamotear quienes, desde ángulos ideológicos distintos, coinciden en criticar la gestión de la crisis por parte del presidente Zapatero. El motivo es obvio en el caso de los críticos de derecha: como también apunta Unzueta, “la dificultad para encontrar elementos claros de diferenciación programática (fue) lo que llevó a los estrategas del PP a poner el acento en el liderazgo y, por tanto, en la necesidad de cambiar cuanto antes de Gobierno adelantando las elecciones”. 

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A Cospedal no le salen las cuentas

Barañaín

 Lo característico de una democracia madura es que la alternancia en el gobierno se produce de forma nada traumática y los protagonistas del cambio lo asumen con normalidad, de acuerdo con unas reglas del juego pacíficamente preestablecidas. Eso implica  entre otras cosas, y es habitual recordarlo, que quienes compiten por el poder se reconocen mutuamente como “adversarios” y no como “enemigos”.

 El traspaso de poderes entre gobierno y oposición es una rutina cuya naturalidad nunca debiera perderse, ni siquiera cuando la alternancia se ha hecho esperar demasiado, por comprensibles que sean la ansiedad y hasta un cierto deseo de revancha. Lo de “conquistar el poder” suena engañoso porque no cabe que el nuevo gobierno, por el hecho de serlo, pretenda algo así como inventar el mundo. Y es bueno que así sea. Consolidada la democracia y su sistema institucional, quien alcanza el  gobierno asume la gestión de una administración pública con un funcionamiento ya muy engrasado en el que ni cabe esperar sorpresas notables ni es aceptable utilizar la nueva posición conquistada como una plataforma desde la que perseguir al derrotado, haciendo leño  del árbol caído.

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Crónicas sin firma.

Barañain

Entre los periodistas que componen la redacción de El País una determinada inquietud laboral ha provocado que muchos de ellos  hayan decidido acogerse colectivamente a la prerrogativa que les concede su estatuto de redacción de no firmar los artículos de los que son autores. Tratan de presionar así a la empresa de cara la negociación del convenio colectivo que está prorrogado desde el mes de enero.

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